Hace 30 años Juan Rulfo inició el retorno a Comala

Borges decía que 'Pedro Páramo' “es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, e incluso de la literatura”.
También trabajó en el Instituto Nacional Indigenista.
También trabajó en el Instituto Nacional Indigenista. (Cortesía Secretaría de Cultura)

México

Se cumplen hoy 30 años de la muerte de Juan Rulfo, el escritor mexicano más universal, el jalisciense reservado que no publicó más de 300 cuartillas, pero que son "tan perdurables como las que conocemos de Sófocles", según el colombiano Gabriel García Márquez.

El mismo tiempo ha transcurrido sin que nadie pueda explicar su silencio literario, su retiro de las grandes ligas de las letras universales, luego de escribir sus dos obras maestras: El llano en llamas y Pedro Páramo.

"Todos le preguntaban a Rulfo por qué no publicaba otro libro", se cuestionaba la escritora estadunidense Susan Sontag.

Y añadía: "Como si la meta de un escritor fuera seguir escribiendo y publicando. En realidad, la meta del escritor es producir un gran libro —es decir, una obra perdurable—, y es lo que hizo Rulfo".

Nacido en Sayula, Jalisco, el 16 de mayo de 1917, de niño vivió de cerca la guerra cristera con sus colgados en los postes de su pueblo. En medio del conflicto, un cura que vivía frente a su casa encargó a la familia Rulfo una biblioteca y ahí comenzó el acercamiento del autor con los libros.

Sus primeros cuentos fueron publicados en las revistas América, de la Ciudad de México, en 1945, y Pan, editada en Guadalajara. Estos textos y otros más fueron reunidos en su libro El llano en llamas en 1953. Su prosa magistral ha permitido que "Luvina" o "¡Diles que no me maten!" hayan sido incluidos entre las obras maestras del cuento universal.

En 1952 obtuvo la primera de dos becas consecutivas (1952-1953 y 1953-1954) que le otorgó el Centro Mexicano de Escritores, fundado por la estadunidense Margaret Shedd.

Antes de ser escritor, Rulfo fue vendedor de llantas y funcionario migratorio. También fue un gran maestro de la fotografía. Su último empleo oficial fue como encargado de publicaciones en el Instituto Nacional Indigenista.

La polémica más vieja —desmentida hace décadas— en la que se vio envuelto Rulfo tiene que ver con la autoría de Pedro Páramo. La versión más divertida es que su paisano Juan José Arreola echó al aire las cuartillas de la novela y luego las reacomodó hasta lograr la estructura que conocemos.

La otra es que Alí Chumacero y Antonio Alatorre, entonces editores del Fondo de Cultura Económica (FCE), corrigieron de principio a fin la primera versión de Pedro Páramo.

Los tres, en distintas fechas y en distintos tonos, negaron esas versiones. Más aún: el original que resguarda el Centro Mexicano de Escritores y el mecanuscrito entregado al FCE son casi idénticos, salvo por correciones mínimas, propias de las pruebas de galeras.

Juan Rulfo es hoy uno de los escritores mexicanos más leídos dentro y fuera del país. Ha sido traducido a más de 30 lenguas, incluidas inglés, francés, alemán, turco, hebreo y árabe.

Según la Fundación Juan Rulfo, los dos libros del escritor se imprimen en español una o dos veces por mes en España, México, Colombia y Argentina. No son grandes tirajes de 200 mil ejemplares, sino de 7 mil a 12 mil.

Sobre su trabajo reflexionaron Carlos Fuentes, José María Arguedas, Emmanuel Carballo y Joseph Sommers.

En tanto, Jorge Luis Borges escribió en 1985, un año antes de la muerte de Juan Rulfo, es decir, de su regreso definitivo a Comala: "Pedro Páramo es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de la literatura".