Calla el tambor de hojalata

Hace poco más de un año, prácticamente había comenzado a despedirse: “Tengo ahora 86 años: no creo que logre terminar una nueva novela”.
Personas observan su reflejo en una  ventana de la Günter Grass-House, cento cultural en Luebeck, en Alemania.
Personas observan su reflejo en una ventana de la Günter Grass-House, cento cultural en Luebeck, en Alemania. (Tobias Schwarz/AFP)

México

En una entrevista para el diario El País, Günter Grass ofreció una frase que podría convertirse en metáfora de su vida: "cuando algo es moralmente correcto, hay que defenderlo sin preocuparse de las consecuencias políticas o personales que vayamos a pagar".

Así vivió en lo público y en lo privado el escritor alemán, al grado que muchos lo consideraban el intelectual incómodo, quien apenas hace poco más de un año prácticamente había comenzado a despedirse: en una entrevista a un diario alemán, Grass lo confesó: "Tengo ahora 86 años: no creo que logre terminar una nueva novela"; un escritor que acostumbraba escribir libros de más de 500 páginas recordaba que para darle vida a una novela se necesitan de cinco a seis años de investigación, en lo que fue leído como su despedida.

La declaración causó polémica, pero hoy se entiende: el autor de novelas emblemáticas de la literatura universal, como El tambor de hojalata, El gato y el ratón o Años de perro, un reflejo diverso sobre la historia de su país de mediados del siglo XX, dejó de existir a los 87 años de edad, en la ciudad alemana de Lübeck.

De los primeros en reaccionar fue el escritor británico de origen indio Salman Rushdie, quien lo calificó de "verdadero gigante", cuyo fallecimiento "resulta muy triste", dijo en su cuenta de Twitter el autor Los versos satánicos, luego de apuntar que Grass fue para él una "inspiración y un amigo".

Crítico de su tiempo

Nacido en 1927, Günter Grass fue reclutado en 1944 por la Fuerza Aérea alemana y tras la Segunda Guerra Mundial estudió en la Academia de Arte de Düsseldorf, época en la que vivió una de las experiencias más polémicas, la cual se conoció con mayor profundidad con la publicación de su autobiografía Pelando la cebolla.

En el volumen relataba su vida como soldado, sus inicios como escritor y su relación con el Papa Benedicto XVI, y en especial que a los 17 años perteneció a las Waffen-SS, aún en edad escolar, si bien en distintos momentos, reconoció eso como un error, ya que se había presentado voluntario para servir en submarinos, y fue destinado a Dresde.

Un hombre polémico casi hasta el fin de sus días. Sus novelas desataban opiniones encontradas por la crítica política que siempre las acompañaba: En El tambor de hojalata, narra la vida del niño-hombre Oskar Matzerath, con la cual irrumpió en la Alemania de posguerra y recibió tantos elogios como críticas, por considerar que se trataba de un reflejo demasiado realista del surgimiento del nazismo y de la Segunda Guerra Mundial.

Apenas hace tres años, el escritor alemán protagonizó una polémica con el gobierno de Israel, tras la publicación de un poema en el que lo criticaba y le acusaba de "amenazar la paz mundial". Como consecuencia, Israel declaró a Günter Grass "persona non grata", aunque eso no le preocupara.

Ganó el Premio Nobel de Literatura y el Premio Príncipe de Asturias, ambos en 1999. Cuando en enero de 2014 Grass declaró que no escribiría más novelas, el abandono de la narrativa no significó el retiro total: siguió en la poesía y el dibujo, ya consolidado como una gran figura de la literatura europea tras la Segunda Guerra Mundial.

Una conciencia crítica

La también premio Nobel austríaca Elfriede Jelinek reveló que El tambor de hojalata marcó su vocación hacia las letras: "Creo que entonces, ya desde las primeras páginas de la novela, tuve la sensación de que alguna vez sería escritora".

El húngaro Imre Kertesz apuntó entre tanto a su unión con Grass pese a las diferencias: "no tratamos el mismo tema, pero éramos amigos y nos apreciábamos mutuamente", señaló el también premio Nobel; mientras que el dramaturgo italiano Dario Fo, otro Nobel, describió El tambor de hojalata como "un libro excepcional, realmente hermoso, muy importante".

El germanista Héctor Orestes Aguilar recordó que el primer país en el que se tradujo a Grass fue México, precisamente El tambor de hojalata, "en una versión histórica y memorable de Carlos Gerhard editada por Joaquín Mortiz, quien también compró los derechos de otras dos novelas".

"Grass no solo era un gran novelista a la manera de los grandes ingenieros de almas en alemán de la primera mitad del siglo XX (Thomas Mann y los austriacos Robert Musil, Hermann Broch y Heimito von Doderer), sino que también fue un narrador dotadísimo, con un poder épico y una imaginación inigualables."

Ignacio Padilla señaló que Günter Grass fue el primer gran lector no hispanohablante del boom latinoamericano, pues muy pronto entendió, asimiló y llevó al terreno de la "literatura universal algo que de otro modo se hubiera quedado en la localidad latinoamericana".

"Su libro sobre la reunificación de Alemania vale la pena que volvamos a él como un ejercicio de profecía alarmista que, por fortuna, no está verificándose. Su voz, sin embargo, fue importante para recordarnos la trascendencia del olvido y los estragos de la memoria. Como ensayista, como pensador, es importante que lo sigamos teniendo en cuenta."

Por su parte, Armando González Torres reconoció que su obra está marcada por la alusión, la motivación y la alegoría política, "como figura pública fue un autor con posiciones profundamente controvertidas y con una trayectoria marcada por los claroscuros".

"Tengo la impresión de que la recepción de gran parte de su obra estaba marcada por su 'representatividad' y su 'actualidad', que son valores mucho más asociados a la política que a la literatura. Habrá que esperar un poco de tiempo para que las grandes facultades literarias de Grass se 'asienten' y puedan extraerse de la coyuntura política."

Igual de crítico, Javier García Galiano señaló que las primeras obras de Grass resultan más logradas que las últimas, en especial Años de perro, El tambor de hojalata y El gato y el ratón, "editadas en México por Joaquín Mortiz en los años sesenta, resulta lo más logrado de su obra: tres novelas fascinantes y sugerentes".

Bajo el signo de virgo

"Fue en los primeros días de septiembre. El Sol estaba bajo el signo de Virgo. Desde lejos avanzaba por la noche, desplazando cajas y armarios, una tormenta de fines de verano. Mercurio me hizo crítico, Urano imaginativo, Venus me dio acceso a la pequeña felicidad, Marte me hizo creer en mi ambición. En la casa del Ascendente subía Libra, lo que me hizo sensible y dado a la exageración. Neptuno ocupaba la décima casa, la de la mitad de la vida, anclándome entre el milagro y la simulación. Fue Saturno el que, en la tercera casa en oposición a Júpiter, puso en duda mis orígenes. Sin embargo, ¿quién envió a la mariposa, permitiendo que ella y el estruendo de una tormenta de fin de verano, propio de un profesor de instituto, aumentara en mí el deseo del tambor de hojalata prometido por mi madre e hiciera que ese instrumento me resultara cada vez más manejable y deseable?"

Gunter Grass, El tambor de hojata.


Fragmento El Tambor de Hojalata by MILENIODiario