Guión fallido

Es una lástima que tanta riqueza visual  que es sostenida con señas, acciones y actitudes de personajes bien encarnados por los actores, se desdibujen por falta de una estructura.
Fotograma de la cinta sobre sordos.
Fotograma de la cinta sobre sordos. (Especial)

México

En medio del inconmensurable piélago de películas estadunidenses que inundan nuestra cartelera sin ton ni son, la Cineteca Nacional se convierte en una isla salvadora en la que pueden verse obras —independientemente del resultado— que proponen ir más allá
del fácil entretenimiento; eso da gusto, pues se disfrutan de joyas como Una nueva amiga, de Ozon o de un filme ucraniano cuya narración se sustenta en la imagen, como en el cine mudo.

Es el caso de La tribu, donde los protagonistas, jóvenes sordomudos, viven en una escuela tipo internado donde todos se comunican por señas —el autor se compromete a que su narración sea entendida sin ningún otro recurso que las acciones—, y se sostiene bajo el precepto de que una serie de buenas imágenes valen más que una sola palabra.

La película está realizada con largos y desarrollados planos secuencia donde la acción se determina por medio de la puesta en imagen. Cada plano secuencia tiene planificada su estructura: un planteamiento, un desarrollo y un final que nos advierte que va a llegar la siguiente secuencia.

El tempo muy bien utilizado; alcanza momentos de gran belleza, sobre todo cuando hace juegos entre el espacio exterior e interior, como cuando las chicas van a tomarse la foto para su pasaporte a Italia. Pero la secuencia que sobresale por su fuerza dramática, medida con la intención de ir de menos a más y que nos deja sin aliento, es la del aborto.

Es una lástima que tanta riqueza visual  que es sostenida con señas, acciones y actitudes de personajes bien encarnados por los actores, se desdibujen por falta de una estructura mínimamente cimentada, pues a los veinte minutos nos damos cuenta de que los jóvenes no tienen opositores —la maestra que enseña geografía aparece una vez y no tiene peso en la historia, y el director resulta coludido en la trata de blancas—, lo que hace que los actos de delincuencia resulten irrelevantes porque sabemos que no va a suceder nada.

La película se centra en que los fuertes golpean a los débiles, pero estos no se convierten en antagonistas porque desaparecen de la trama, lo que da como resultado un filme desbalanceado y, por ende, carente de emoción.

El problema de La tribu es el guión, pues jamás se plantea una alternativa de bondad: todos son malos porque así se le ocurre al autor, y nunca están en peligro de ser atrapados por nadie. Por eso, después de hacer sus fechorías, no hay consecuencia dramática, lo que significa que al guión le faltaba trabajo: ya realizado, se convierte en fallido.

 

“La tribu” (Ucrania, 2014), dirigida por Miroslav Slaboshpitsky, con Grigory Fesenko y Yana Novikova.