“La poligamia es el estado natural del hombre”

Entrevista con Guillermo Fadanelli.
Guillermo Fadanelli.
Guillermo Fadanelli. (Arturo Bermúdez)

Ciudad de México

Alto y de voz pausada, Guillermo Fadanelli habla de sí mismo a través de respuestas cortas y contundentes. Cada vez más apegado a la filosofía, el narrador mexicano asume que su vocación tiende a la autodestrucción. Su novela más reciente es El hombre nacido en Danzig (Almadía).

 

¿Fue basquetbolista de los buenos?

Tendría que haber jugado futbol. Mi padre era centro delantero de la Alianza de Tranviarios y cada domingo íbamos a verlo jugar. Le agarré aversión al futbol porque él era muy peleonero. Para el básquet tenía poco talento pero mi necedad me llevó a jugar con la selección de Liga Mayor de la UNAM.

 

¿Y usted era peleonero?

Sí, últimamente ya no. Me sé retirar a tiempo, mi última pelea a golpes fue en una cantina de la Narvarte. Ahora solo peleo a través de mis artículos.

 

¿El destino le ha jugado a favor o en contra?

Soy un fatalista y un pesimista falso, así que te responderé como Bryce Echenique: “Nunca te irá tan mal como para que no te pueda ir peor”. Desde mi juventud viví en medio del desasosiego, quizá mis años de basquetbolista fueron de tranquilidad emocional pero creo que el destino siempre está en contra. Como diría Cioran, creo que haber nacido es un inconveniente. No es una exhibición nihilista, respondo así porque me lo preguntas.

 

¿Qué sobrevive del deportista?

Corro en Chapultepec de cinco a 10 kilómetros, dos o tres días a la semana dependiendo cuánto beba y que tan crudo ande. Si no estás fuerte no hay nada que destruir.

 

¿Empezando por uno mismo?

Sí, yo estoy abocado a la destrucción de mí mismo, es mi oficio principal. Destrucción-construcción. Contradicción absoluta.

 

¿Cuándo tuvo conciencia de esto?

Hace poco. En un ejercicio de autorreflexión caí en cuenta de que soy extremista. Por eso creo que mi búsqueda hoy va por la moderación y la prudencia.

 

No lo veo dejando de tomar…

Ni yo tampoco, ni que fuera un árbol. Vivir sin beber no tiene sentido, el hombre es la suma de sus vicios más que de sus virtudes. Beber es un vicio bello pero de consecuencias desagradables. Sin embargo, no bebo a solas, es una actividad que relaciono con lo social y el olvido de mí mismo.

 

¿Qué le dio por ser socio de un restaurante?

Fui un mantenido por mi mujer por cerca de diez 10 años. Ella trabajaba y mi deber era tener la casa limpia y preparar algo de comer. Aprendí a que el arroz no se pegara. Una vez que empecé a ganar algo de dinero con mis textos pudimos salir a comer. No me gusta la cocina. Decía Sánchez Ferlosio que ahora hay tanto cocinero porque sus mujeres los corrieron de la cama. Mi participación en la Taberna Capote es mínima y todavía no recibo ni un peso. Un día lo voy a incendiar haber si con el seguro cobro algo.

 

¿Es celoso?

Sí, por supuesto, soy celoso pero prudente. Quien no domina sus celos es un hombre desgraciado. Yo trato de poner ciertas reglas y pactos para no dañar demasiado a mi mujer.

 

¿Es promiscuo?

Sí, siempre estoy acompañado de mujeres aunque no necesariamente tengo una vida sexual con ellas. La poligamia es el estado natural del hombre, la monogamia es una imposición judeocristiana aunque, por otro lado, desde hace 20 años vivo con una mujer a la que respeto y quiero.

 

¿En qué año nació?

Siempre hay dos fechas, el 60 o el 63. Elige la que se aproxima mejor a mi apariencia.

 

Realizó estudios en ingeniería civil pero se dedica a la literatura. Fundó y dirige la editorial Moho. Además ha publicado los libros Te veré en el desayuno, Lodo, Educar a los topos y Elogio de la vagancia entre otros