Guillermina Bravo, la historia de la danza en el siglo XX: Rafael Tovar

Ayer se le rindió homenaje luctuoso en el Palacio de Bellas Artes a la bailarina y coreógrafa veracruzana fallecida el pasado miércoles.
Al acto acudieron amigos, familiares y colegas.
Al acto acudieron amigos, familiares y colegas.

El de ayer fue un día triste para el arte en el país: coreógrafos, bailarines, hacedores de la danza y autoridades culturales despidieron a Guillermina Bravo (1920-2013).

El Palacio de Bellas Artes se vistió de luto para honrar a la considerada por la crítica especializada como “la abuela de la danza mexicana”.

Antes de que iniciara el homenaje de cuerpo presente, jóvenes integrantes de la Academia Mexicana de la Danza, dirigida por Lydia Romero, presentaron una breve puesta en escena, Pendular, en la explanada del Palacio de Bellas Artes.

A las 12:07 horas, el féretro de Guillermina Bravo ingresó al máximo recinto de la cultura en México, cargado por seis hombres vestidos de negro y precedida de varios minutos de aplausos.

En la primera guardia de honor para recordar a la fundadora, junto a Josefina Valle, del Ballet Nacional en 1948, estuvieron presentes familiares de Bravo, así como María Cristina García Cepeda, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y Antonia Orozco, una de las bailarinas del aquella agrupación.

Durante las dos horas que duró el homenaje, hicieron acto de presencia distintas personalidades de la danza: Gladiola Orozco, Magnolia Flores, Nieves Paniagua, Rossana Filomarino y Raúl Parrao. También estuvieron funcionarios como Juan Melia, coordinador nacional de Teatro; Cuauhtémoc Nájera, coordinador nacional de Danza, y Elizabeth Cámara, directora del Centro Nacional de Investigación y Documentación
de la Danza José Limón, entre otros.

Cada guardia fue acompañada por el Cuarteto de Cuerdas Carlos Chávez, que interpretó, entre otras piezas, Serenata, de Joseph Haydn; Intermezzo y Gaviota, de Manuel M. Ponce, y Ave Merum Corpus, de Wolfang Amadeus Mozart.

Con hora y media de retraso, Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) llegó al lugar para encabezar la última guardia en honor a la también fundadora de la Academia Mexicana de la Danza.

Sin pedir disculpas por su retraso, definió la trayectoria de Bravo de la siguiente manera: “Ella es la historia de la danza durante el siglo XX. Es una mujer que tuvo la creatividad para hacer formas de expresión del cuerpo, pero también para formar prácticamente a todas las generaciones de la danza del siglo XX.

“La recuerdo cuando estaba creando el centro de danza, cuando creamos el Sistema Nacional de Creadores, pero sobre todo, al impulsar este movimiento artístico y darle un rostro mexicano”, afirmó el funcionario.

La coreógrafa y bailarina Rossana Filomarino dijo que las aportaciones de Bravo fueron diversas: su legado pasa desde la concepción que tuvo para ver la danza como parte de la sociedad, hasta la fundación del Ballet Nacional y el Centro Nacional de Danza Contemporánea.

“Su legado es el rigor de la técnica. Gracias a Guillermina la danza en México dio un paso abrumador hacia adelante y, en mi modesto juicio, se puso a la vanguardia mundial con obras fundamentales de su creación a partir de los años setenta”, explicó.

Magnolia Flores, directora del Ballet Independiente Raúl Flores Canelo, comentó que recordará a su amiga de muchas formas: “Como la primera figura que me hizo acercarme a la danza, por lo que tuvimos una relación muy cercana”.

Reconoció que a Bravo no le hubiera gustado que le hicieran un homenaje tan ceremonioso, sino uno dentro del Palacio de Bellas Artes con los bailarines danzando; sin embargo, el protocolo gubernamental no lo permitió.