[Guía visual] El nuevo cómic periodístico

Historietas o tebeos, como se les bautizó, los cómics nos contaron, a los nacidos en la segunda mitad del siglo XX, las aventuras de Supermán, Fantomas, la Pequeña Lulú y, por supuesto, Asterix.
Historietas
(Joe Sacco)

Ciudad de México

Hubo una época en que el cómic fue un género para la diversión colectiva. Historietas o tebeos, como se les bautizó, los cómics nos contaron, a los nacidos en la segunda mitad del siglo XX, las aventuras de Supermán, Fantomas, la Pequeña Lulú y, por supuesto, Asterix, creado en 1959 por René Goscinny, guionista francés, y Albert Uderzo, dibujante. Ellos presentaron al mundo a un antihéroe tan inteligente como feo, tan enclenque como vencedor de todas las batallas.

Persépolis

Hace casi diez años, antes de saber del periodismo en formato de cómic, el “periodismo en cuadros”, como es llamado en Brasil, vi Persépolis, la película animada basada en la novela gráfica de Marjane Satrapi sobre su experiencia de guerra y exilio en Teherán, publicada entre 2000 y 2003 y luego presentada como filme, escrito y dirigido por Satrapi y Vincent Paronnaud, en el Festival de Cannes de 2007. Persépolis obtuvo varios premios y fue la primera película animada que vi sobre un tema doloroso. Tuve que verla dos veces para apreciarla: tal fue mi extrañeza al ver en la pantalla grande a un montón de monitos metidos en problemas terribles vividos por la directora. Y lo confieso: la primera vez no percibí la carga dramática del asunto. ¿Fui yo o fue el formato de cómic? Francamente no lo sé.

La temible Bejarano

Luego llegó a mi vida el cómic periodístico, cuando había cambiado lo suficiente para no alzar la ceja ante el nuevo formato. Y llegó designando un concepto que en México tiene como antecedente a un magnífico cronista, el grabador José Guadalupe Posada, un clásico ya. A fines del XIX publicó una serie de ilustraciones sobre “La temible Bejarano”, asesina de niñas que horrorizó a los lectores de la Gaceta no solo por su imaginación para torturar y sus ardides para emplear como sirvientas a niñas pobres. Los lectores de la Gaceta “vieron”, gracias a la mirada de artista de Posada, la muerte de las niñas Guadalupe y Crescencia Pineda a manos de Guadalupe Bejarano, mujer de clase media alta al parecer y nuestra primera asesina en serie.

Migración en cuadros

El caso de la cronista peruana Gabriela Wiener, joven exponente del “Nuevo Periodismo” —etiqueta de 2005 del catedrático neoyorkino Robert Boynton—, es similar al de Marjane Satrapi, en el sentido de que convierte una crónica personal sobre ella y su amiga Micaela, emigradas a España, en un cómic para el tercer número de Cometa, inspirado en un reto lanzado en Le Monde Diplomatique por el semiólogo Léopold Ferdinand–David Vandermeulen. “¿Qué otro medio de comunicación que no sea el cómic puede dar una mejor respuesta a la crisis de la prensa escrita?”, preguntó el precursor de la historieta didáctica. Wiener ha dicho que su medio es la crónica escrita pero que traducir al cómic, mediante los dibujos de Natacha Bustos, su historia Todos vuelven le sirvió para encontrar escenas poderosas —un método del Nuevo Periodismo del siglo XX era escribir escena por escena y con herramientas literarias como el diálogo— que no tuvo su texto. (Para ella, esta pieza es un cómic autobiográfico, no periodístico.)

Periodismo bélico

Hoy —y lo compruebo después de asistir a una conferencia, en Taller Arteluz, del argentino Julián Gorodischeren, de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano Gabriel García Márquez—, el periodismo en formato cómic es una tendencia. El trabajo alrededor de la guerra del maltés Joe Sacco (aquí reproducido) sigue estando entre lo mejor del género, quizá porque, cómo él mismo respondió a un reportero que quiso saber si su obra publicada en The Guardian y otros diarios era ficción o realidad: “Es periodismo. Dato a dato. Personaje a personaje. Palabra por palabra. […] Ningún trazo, ningún árbol y ninguna palabra son fruto de otra cosa que no sea la pura investigación y la crónica periodística”.

Perder la imaginación

El tema da para rato. Hoy están en juego los géneros híbridos, la discusión sobre lo ficticio y lo real —unos aceptan que se imaginen personajes o situaciones en un contexto periodístico—, el debate sobre si usar herramientas literarias basta para ser todo un escritor. El francés Emmanuel Carrère, autor de El adversario, su libro más leído, sobre un asesinato muy sonado en la Francia de 1993, ha aceptado públicamente haber perdido la capacidad de imaginar, no saber cómo llamar a sus libros realistas porque para él no son novelas pero sí literatura: “De verdad, ya no creo poseer ningún tipo de imaginación; quizá tenga otras cualidades como escritor, pero sinceramente la imaginación ya no es una de ellas”, dijo a Diego Salazar de Letras Libres.