Guerrillera

Al lado de las ganas de hombres y mujeres por pretender ser libres y vivir en un mundo mejor, se reconocen las equivocaciones propias.
Rosa Albina Garavito, "Sueños a prueba de balas. Mi paso por la guerrilla", Cal y Arena, México, 2015, 192 pp.
Rosa Albina Garavito, "Sueños a prueba de balas. Mi paso por la guerrilla", Cal y Arena, México, 2015, 192 pp. (Especial)

México

Hacia finales de los sesenta, cuando Rosa Albina Garavito (Sonora, 1947) llegó a Santiago a estudiar una maestría en Economía, la sociedad chilena, y específicamente los colectivos de izquierda, no se recuperaban aún de la conmoción causada por el suicidio de la cantante popular Violeta Parra. Eran los años del esplendor libertario, abiertos a la posibilidad de la consecución de un mundo nuevo. La vía democrática al socialismo estaba abierta. Aunque algo no terminaba de cuajar. El tiempo lo corroboraría. De vuelta a su país, México, Garavito padeció el fastidio que entre miles se extendió. La cerrazón de un mundo que se resistía a cambiar, oliendo a viejo, a hipocresía, la llevó (junto muchos) a radicalizar su proceder. Todo esto concluyó en la muerte. La muerte política, ideológica, social y física de quienes, veintitantos años a cuestas, creyeron en la vía armada para conseguir el cambio. Ella sobrevivió. (El 17 de enero de 1972 Garavito fue detenida en la ciudad de Monterrey; una bala le entró por la espalda y le salió por las costillas; el impacto le destrozó un pedazo de pulmón, el bazo y una parte del intestino grueso; tras siete meses en el hospital y cinco intervenciones quirúrgicas fue puesta en libertad condicional, en espera de sentencia). Pudo seguir en la búsqueda del cambio, entendido éste como moral de vida. Si de locuras también está hecho este mundo, aquellos episodios fueron una locura necesaria, dice ahora Garavito, cuatro décadas después.

Nunca estará de más volver al pasado, advierte José Woldenberg en el prólogo al libro de Garavito, Sueños a prueba de balas. Mi paso por la guerrilla. Donde, golpe directo a la amnesia social, se cuentan y reflexionan años en verdad adversos. Confesión pública —también— puesto que al lado de las ganas de hombres y mujeres por pretender ser libres y vivir en un mundo mejor, se reconocen las equivocaciones propias. El delirio y la descomposición política de personas y organizaciones, en otros tiempos y contextos efectivos, que avanzaron encandiladas por la confusión entre deseo y realidad. Sin atemperar lo uno con lo otro, ni sensibles para rehacer la concepción del mundo, del cambio. Libro de drama y esperanza, sueños a prueba de balas, el que ahora publica Garavito es sin duda uno que nos daña y apacigua a la vez. Que nos remonta a un sitio para reconocernos en otro (incluido ese pequeño departamento de los condominios Constitución de Monterrey, morada guerrillera, rodeado por cerca de 500 soldados y policías aquel 17 de enero del 72). No exento de cierta música, melancólica alegría, que le agradece a la vida.