La Guerra Cristera; lado oscuro de México

Roberto Quintero analizó su ensayo en El Club del Libro de Tampico.
Roberto Guzmán y Ricardo Ramírez en la sesión del Club del Libro.
Roberto Guzmán y Ricardo Ramírez en la sesión del Club del Libro. (José Luis Tapia)

Tampico

Fue un estallido de la religiosidad popular, en nombre del derecho a profesar la fe.

Protagonizada por un ejército de católicos que puso en jaque al gobierno de México, La Guerra de los Cristeros, es un episodio sangriento y por muchos años oculto en la historia de nuestro país.

De este capítulo incómodo en nuestra historia, Roberto Guzmán Quintero recordó en el Club del Libro con "Génesis del Artículo 130 de la Constitución Mexicana", mismo que le quitaba toda libertad a la Iglesia.

El autor del ensayo, expresó que la redacción de este artículo por el Constituyente de 1917, acarreó grandes discrepancias en parte de la sociedad mexicana, al grado de que cuando se reglamentó en 1926, el Episcopado mexicano ordenó que todos los religiosos se retiraran de los templos.

De acuerdo con lo expuesto, en la también llamada Cristiada (1927-1929), el conflicto giró en torno a las restricciones que se impusieron a la Iglesia y por lo cual corrió la sangre de miles de víctimas en aquella época.

Al grito de "¡Viva Cristo Rey!", se estima que unos 50 mil campesinos se armaron en defensa de su fe.

ANTECEDENTES

La Constitución de 1917 negó a la Iglesia personalidad jurídica y limitó fuertemente su influencia.

Le prohibió participar en política y le quitó el derecho de poseer bienes. Sin embargo, estas disposiciones no se aplicaron hasta la llegada a la Presidencia en 1924 de Plutarco Elías Calles quien legisló con la llamada Ley Calles, que limitó las manifestaciones religiosas y ejerció los controles del Artículo 130.

El decreto: cárcel contra toda infracción a las leyes anti religiosas, llevando la inconformidad a niveles aún mayores.

Ante ello, el Episcopado mexicano, toma una decisión sin precedente: la suspensión del culto en todas las iglesias del país hasta que la ley fuera derogada.

Plutarco Elías Calles consolidó las conquistas sociales de la Revolución Mexicana de 1910, pero su anti catolicismo arrastró a su pueblo a una nueva guerra civil.

ANÁLISIS DE LOS HECHOS

Roberto Guzmán Quintero explica el crecimiento de la oposición al artículo que limitaba la participación de la Iglesia con grupos proclives a la violencia, que empezaron a atacar directamente a los religiosos.

"El personaje más notable de este movimiento se llamó Tomás Garrido, quien organizó a los llamados camisas rojas, grupos de choque que atentaron contra grupos católicos, inclusive con la explosión de una bomba en plena ceremonia religiosa".

¿Qué llevó a Calles a esta guerra? Se cree que tenía el presentimiento de que se estaban levantando grupos opositores fuertes, promovidos por el clero. Había sindicatos alineados a la Iglesia, proliferación de instituciones de socorro, aparición de asociaciones como los Caballeros de Colón y las Damas Isabelinas, grupos fuertes que estaban del lado de la Iglesia.

"Calles lo sabía y empezó a escuchar pasos en la azotea con esos movimientos sociales, esa lucha interna subterránea que se sentía en el ambiente de México y esto lo llevó a la decisión de proponer a la Cámara de Diputados la reglamentación del artículo", narró.

Para entonces ya existía una carta del Episcopado de México, donde protestaba por la redacción al Artículo 130 original, con la firma de todos los obispos del país, el de Tampico era Serafín Armora.

"Se aprueba la Ley Calles y entra en vigor el 1 de agosto de 1924, lo que causó un gran revuelo en todos los medios católicos.

El Episcopado toma una decisión, ordena a todos los clérigos retirarse, no iba a haber oficios religiosos en los templos". Los obispos avisaron a toda su feligresía, causando zozobra, inquietud e incertidumbre en los creyentes, quienes antes de suspenderse dichos oficios multiplicaron los bautizos, bodas, primeras comuniones.

"Muchos adultos desconocíamos qué pasó en México en los años 20, porque el tema de la Cristiada no se abordaba, ni por parte de los gobiernos ni de la Iglesia".

Fue hasta que el historiador Jean Meyer vino a hacer su estudio en campo, como se empezó a descubrir el México oculto.

Al participar en el análisis de estos acontecimientos, Ricardo Ramírez Pérez subrayó: "¿Por qué no se hablaba de la Cristiada en México?, hay un paralelismo con los alemanes, no se hablaba del holocausto hasta muchos años después, que tuvieron que enfrentar su realidad".

Considera La Cristiada como un capítulo vergonzoso para la Iglesia Católica. "Cuando Obregón deja el poder a Calles, la Iglesia había perdido muchísimas simpatías y viene una gran mentira de la Iglesia Católica, siempre imputó la responsabilidad de la suspensión de servicios religiosos a Calles, cuando fue su propia determinación no oficiar, para poder incitar al pueblo fanático, presionar al gobierno y que cediera al chantaje", detalló.

Comentó que la Iglesia enfrentó a campesinos de Jalisco con un ejército profesional y luego los abandona cuando pacta con Portes Gil la solución al conflicto religioso.

Los "arreglos" con que terminó La Cristiada, ocurrieron el 21 de junio de 1929.

"Primero los utilizan, los arman, los enfrentan al Ejército y luego los abandonan", dijo.

Miles de campesinos sucumbieron en este enfrentamiento totalmente desigual y la inconformidad subsiste cuando el gobierno pacta secretamente con el Vaticano.

"Los señores regresan más pobres y desamparados que nunca y con la crisis de que la Iglesia los había traicionado".

El desenlace fue frustrante para los cristeros, al pactarse a espaldas de los líderes ideológicos y guerrilleros del movimiento.