Grafiti hidalguense en muros de Sudáfrica

Doerk encontró en el arte urbano el medio para definir un estilo propio.

Pachuca

Del grafiti al mural, la carrera de Jehú Ortiz se abrió paso entre las calles de Pachuca para llevar su arte a países como Sudáfrica, un lenguaje que aspira a mostrar el mestizaje a partir de una cultura urbana, o como él mismo dice, el eclecticismo del que el arte y la sociedad están empapados.

Doerk, como firma sus muros, encontró en el arte urbano el medio para definir un estilo propio, a la vez de aprender sobre el verdadero sentir en las calles del mundo, una oportunidad llegada por su incorporación al Movimiento Muralista Mexicano, un colectivo nacional que busca revivir la realización y difusión de murales.

“El graffiti hoy está más influenciado por el arte muralista que en sus inicios, es también muestra que ahora las personas tenemos influencias más variadas, y lo mismo nos gusta la música ranchera que el hip hop, no podemos negar todo lo que nos forma, esa fusión es hoy el muralismo que impulsamos, muralismo ecléctico, que incorpora distintas técnicas a la vez que cuestiona”, comentó en entrevista.

Tiene 23 años de edad y ocho de ellos los dedicó a pintar las bardas de la ciudad, su incorporación al movimiento muralista respondió a su aspiración artística y su ingreso al Instituto de Artes de la Universidad Autónoma del Estado (UAEH), y encontró en corto tiempo (apenas ocho meses) la oportunidad de viajar al continente africano para hacer obra.

“A Sudáfrica llegamos Karina Quintanar y yo, y buscamos en nuestro mural hacer una fusión entre ambas culturas, pero tuvimos que aprender antes su historia y que ellos nos dijeran lo que en verdad significa Nelson Mandela en su propio contexto. Por eso la fuerza de ese mural, porque está toda la revolución en la que Mandela está a la punta de una pirámide. Un aprendizaje que sólo se puede lograr en contacto con la gente.”

Pero su estilo en el graffiti es más como el autorretrato de un pintor clandestino que cubre tras un paliacate la historia de cientos de culturas, todas combinadas en una, ataviada de jeans y tenis.

“Los mexicanos somos otros, en nosotros están todas esas culturas prehispánicas con las influencias que llegaron de distintas formas, si negamos parte de esa historia nos negamos nosotros mismos.”

Son muchos muros ya, con el trabajo y esfuerzo de muchos más pintores, que encuentran dificultad para encontrar espacios para el graffiti, y que los esfuerzos por incentivarlo han sido insuficientes, incluso perjudiciales.

“Por ejemplo el que lleguen de otros países para hacer graffiti, por lo menos aquí en Pachuca no beneficia en nada, incluso nos quitan espacios. Han invitado a gente, extranjeros o mexicanos, que no es tan buena como muchos de los que pintan en Pachuca, lo que se necesita es que nosotros sigamos buscando nuestros muros, y que en ellos demos muestra de lo que podemos hacer.”

Considera que este arte en Pachuca ha ido en declive, y los pocos que pintan se esfuerzan mucho pero no hay colaboración mutua entre colectivos. A esto que ya impide su estímulo se suma la desinformación y estigmatización del graffiti. “Hace poco leí un reportaje donde relacionaban al graffiti con la prostitución y las drogas, este tipo de mitos pensé que ya se habían superado, no podemos continuar con esta desinformación. Deben ser nuestros muros los que hablen a favor de este arte”.

“El muralismo no ha muerto”

El muralismo en México no ha muerto, hay un Movimiento Muralista fundado en el Distrito Federal en 2006, que tiene como finalidad reunir a los artistas dispersos en la academia, las instituciones culturales o en la crítica especializada.

Polo Castellanos fue el iniciador, quien enumera cuatro generaciones de muralistas en México, desde los discípulos del muralismo histórico, como Rina Lazo, Arturo García Bustos y Adolfo Mexiac, hasta las siguientes generaciones en las que también se agregan los estudiantes.

Para el movimiento su misión es ser un instrumento comunicativo, que abarca desde la recuperación y resignificación de la historia y sus procesos así como desde el punto de vista local. En Hidalgo el movimiento encontró eco, y existe una delegación de cerca de cincuenta integrantes, coordinados por Jesús Rodríguez Arévalo, y seguido por jóvenes que encontraron en las calles una academia artística que se puede pulir.

Destaca su misión por hacer obra en espacios públicos. Murales en las escuelas y espacios deportivos en poblados rurales del Valle del Mezquital han sido posibles por la participación de estos artistas y su capacidad de gestión. Además su obra se extiende a Latinoamérica, África y Europa.