ENTREVISTA | POR LILIA OVALLE ARIAS

Gilberto Prado Galan Escritor

"Mapa del libro humano", que presentará hoy, surge de la necesidad de querer conocer el cuerpo desde una doble perspectiva: la externa o el genotipo y la interna que abarca los órganos que dan funcionalidad pero a los cuales casi nadie visualiza.

“A los 50 y tantos años me volví un curioso del cuerpo humano”

Gilberto Prado Galán presentará su libro 'Mapa del libro humano'.
Gilberto Prado Galán presentará su libro 'Mapa del libro humano'. (Manuel Guadarrama)

Torreón, Coahuila

Nadie decide vivir y mucho menos habitar un cuerpo con una carga genética que definirá el color de la piel y de los ojos. O la estatura desde donde se mirará al mundo o la textura del cabello.

Pero el ser humano conforme avanza en los años sí define la forma en que vislumbra al mundo a través de sus propias palabras y lo que almacenará en el disco duro de su mente, que será materia prima con la cual podrá jugar verbalmente.

Gilberto Prado Galán desde hace varias décadas decidió crear entramados de ideas llevadas a los textos. De la poesía y el ensayo, hasta el juego de escribir palabras encadenadas que leídas al derecho y al revés, arrojan el mismo resultado.

En la confección de palíndromos, es sin duda el mejor y va por los 33 mil 333.

"Me vuelvo un curioso, cuando tengo cincuenta y tantos años, de lo que es el cuerpo humano porque yo había transitado por la vida como las naciones venturosas, como dice el poeta (Amado Nervo), nunca me había ocurrido nada".

Como en un tablero de ajedrez, el escritor ha movido sus piezas también en el terreno periodístico y desde Milenio ha escrito una montaña de columnas de opinión que bien pueden enfocarse en la cancha deportiva o literaria.

Este lunes a las 18:00 horas y acompañado del escritor Julio César Félix, presentará en la galería del Teatro Isauro Martínez el libro “Mapa del libro humano”.

Explicó, surge de la necesidad de querer conocer el cuerpo desde una doble perspectiva: la externa o el genotipo y la interna que abarca los órganos que nos dan funcionalidad pero a los cuales casi nadie visualiza.

“El libro tiene dos grandes brazos, uno se llama extramuros y el otro es intramuros. Entonces voy de lo externo a lo interno. Ese es el esquema general del libro. Sin ser médico, cardiólogo, fisiólogo, soy poeta, soy ensayista y quiero acercarme a los órganos desde una perspectiva psicopoética”, refirió.

Con una sonrisa radiante que no alcanza la musicalidad de la risa o la estridencia de la carcajada, Gilberto Prado va sobre sus propios pasos en la confección del libro.

A el hígado le llamó “el Hércules de los órganos” porque es el que más tareas desempeña. Siendo de los tres órganos más importantes, curiosamente es el más vilipendiado pues se utiliza su nombre en términos peyorativos al decirle a una persona pesada que es un verdadero “higadito”.

El hígado, en suma, se piensa sólo como comida para los perros o se hace encebollado en el tabarete del Mercado Alianza para la prole. De ahí pues la necesidad del escritor de reivindicarlo.

Mientras le “echa un ojito” a su libro, el padre del british blues, John Mayall, se deja sentir en la cafetería donde conversamos frente a un americano y un expresso cortado.

¿Qué hay de los órganos de los cuales siempre se habla. Corazón, páncreas, cerebro, piel?

Hablo del corazón como un huésped silencioso y del cerebro me refiero con aquella hermosa metáfora de Cherrington que decía que el cerebro es un telar intrincado y encantado porque es el generador de los milagros.

También digo yo que no queremos a los demás con el corazón sino que en realidad los queremos con el cerebro porque el corazón es un músculo involuntario.

No tiene nada que ver con el querer o no, tiene que ver con el cerebro, pero la tradición occidental le ha atribuido la prerrogativa del amor, lo cual es una mentira enorme.

Cuando ves a alguien que quieres te emocionas y tiene reacciones pero son involuntarias, es decir, no hay un ejercicio de la voluntad en el corazón. Es más visceral que el hígado.

Los órganos se presumen repugnantes. Si tu le dices a la gente que los intestinos constituyen una tubería grandísima, es tu cañería, se espanta.

Yo me pregunto cosas como por ejemplo qué pasaría si tuviéramos los ojos en la parte dorsal de la cabeza o por qué de acuerdo al movimiento ascendente tú tocas y es la inmediatez quemante del tacto.

Pero luego tienes el sentido del gusto, debes tener la presencia del alimento que tiene contacto con la lengua, pero luego asciendes un poco más y entonces el olor, ya puedes percibir a varios metros, y asciendes un poco más y los oídos todavía perciben más distancia que el olfato y la vista más distancia.

"El corazón es un músculo involuntario, no tiene nada que ver con el querer o no, tiene que ver con el cerebro. Estás dormido ahí en la plancha a merced de lo que te harán los cirujanos con una vulnerabilidad e indefensión”.

Si tuviéramos un sentido superior a la vista, tendríamos una percepción mayor en kilómetros.

¿Qué tanto es curiosidad y qué tanto morbo? Así como mencionas que nadie se pregunta cómo funcionan sus órganos, pues también mucha gente no se pregunta ni cuestiona cómo se da el mecanismo de la palabra y estás jugando con eso.

Sí, también menciono a la palabra, la caja de la voz, la laringe y ahora que mencionas eso pues le has dado en el tino, sobre qué tanto es curiosidad porque el primer capítulo se llama 'La curiosidad postergada'.

O sea que me vuelvo un curioso, cuando tengo cincuenta y tantos años, de lo que es el cuerpo humano porque yo había transitado por la vida como las naciones venturosas, como dice el poeta (Amado Nervo), nunca me había ocurrido nada, ninguna vicisitud física y el día que me detectan una hernia umbilical, entras a un tobogán de cosas que nunca te habían hecho.

Preoperatorios, análisis de sangre, electrocardiograma. Estás dormido ahí en la plancha a merced de lo que te harán los cirujanos con una vulnerabilidad e indefensión similar a la que tienen los secuestrados porque en realidad son desconocidos.

Cuando me estaban preparando el anestesiólogo dice: “Este güey ya se está durmiendo”. Yo escucho eso y me duermo con un pavor tremendo.

Y cuando estoy despertando dice: “Este güey ya se está despertando”. Le pregunté luego por qué me decía güey y me dijo que así le decía a todos.