Germán Castillo

Muchos de los procedimientos de dicha puesta en escena habrían de ser redescubiertos 20 años después con el boom de la denominada narraturgia o narración escénica.
 Formador de muchas generaciones.
Formador de muchas generaciones. (Especial)

México

Conocí al director de escena Germán Castillo al final de una función de su espectáculo Homenaje efímero para que Jorge Ibargüengoitia no descanse por ahí de 1984-85, en las escalinatas de la Casa del Lago. El humor ácido del novelista y dramaturgo guanajuatense, habría yo de descubrir al poco tiempo, iba en perfecta sintonía con el de Germán, que es uno de los hombres de teatro más inteligente e irónico que he conocido. No recuerdo del todo los fragmentos que tomó de Ibargüengoitia pero incluía Los relámpagos de agosto, Maten al león y Estas ruinas que ves, por lo menos. Tres actores fenomenales daban vida (o ponían en voz) a la narrativa del autor muerto en un avionazo en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, dos o tres años antes: Marta Verduzco, Delia Casanova y Claudio Obregón. Visto a la distancia, muchos de los procedimientos de dicha puesta en escena habrían de ser redescubiertos 20 años después con el boom de la denominada narraturgia o narración escénica.

El deslumbramiento que produjo en mí tal montaje (fanático de Ibargüengoitia desde la prepa), me llevó a seguir los pasos de Germán Castillo y a hacerme su amigo. Poco después trabajé con él de asistente en la puesta en escena de Examen de maridos, de Juan Ruiz de Alarcón (1986), y algunos años más tarde dirigía una obra mía sobre el conflicto cristero: ¡Que viva Cristo Rey! Y hacer memoria viene a cuento por el homenaje que El Milagro ha rendido a Germán el pasado martes y al que no pude asistir por un viaje. Pero aunque sea a la distancia, recordar a aquellos que han sido fundamentales en la construcción de la obra propia se torna gratitud obligada. Germán, además, ha sido el formador de muchas generaciones de actores y directores. Y aunque hoy se dedica con pasión a la docencia en las aulas de Filosofía y Letras de la UNAM, su trabajo de director no cesa: próximamente estrenará en el Teatro Santa Catarina una versión libre de Medea, de la que hace dramaturgia y dirección. De hecho la carrera de Germán comenzó con una Medea, la de Brecht, al salir de la ENAT y ahora regresa a revisitar el mito.

En 2009, Paso de Gato le dedicó el perfil de su número 38. Marta Verduzco contaba que cuando lo conoció vio que “en el caparazón un hombre malévolo y perverso había un ser simpático, seductor e inteligente, con un gran sentido del humor, que se burlaba de todos, incluyéndose a sí mismo”. Y su alumno Richard Viqueira, en esas mismas páginas, concluía que “Germán Castillo sabe ver hacia adelante siempre, es un creador vigente, renovado”.

Abrazo fuerte al maestro.