Poemas con novela

El desenfado de una sexualidad sarcástica, las ínfulas extrañas de un amor que se desinfla.
Laberinto
(Cortesía)

Ciudad de México

Elementos llamativos de la poesía de Gerardo Deniz: un vocabulario que rescata palabras inusitadas (o inventadas sobre la marcha) y tecnicismos raros. Citas y alusiones librescas, eruditas o científicas, como de un especialista que se dirige a otro y no al lector profano (que se las arregla como puede). La evocación de lugares exóticos (o lugares comunes que se vuelven exóticos). La invención de situaciones grotescas. El suspenso narrativo de referentes nada explícitos, cuya elusividad juega con el lector detective. El desenfado de una sexualidad sarcástica, las ínfulas extrañas de un amor que se desinfla.

De todo esto se pudiera esperar lo que Leo Spitzer llamó “enumeración caótica”. Pero no hay tal. Todo fluye con una lógica novelesca, se despliega con la unidad de escenas memorables. Y, además, de un poema a otro y de un libro al siguiente, el protagonista se perfila. No es un Quevedo satírico que refina la burla o el albur con extraordinaria capacidad poética. No es un Fausto hastiado de la ciencia y salvado por el amor. No es un erudito perverso, como el que se vio (absurdamente) en Julio Torri. Es un sabio que hace observaciones de laboratorio sobre la vida y sobre su vida, con una pasión despectiva que recuerda a Nietzsche. Pero Nietzsche no tenía sentido del humor.