Gerardo Deniz, poeta de culto central en las letras mexicanas

“El apellido que escogió es una palabra turca que significa las grandes aguas, es decir el mar, y es un poeta efectivamente oceánico”, dice David Huerta sobre el autor.
Juan Almela nació en Madrid, en 1934; llegó a México a los 10 años.
Juan Almela nació en Madrid, en 1934; llegó a México a los 10 años. (Rogelio Cuéllar/Cortesía INBA)

México

Cuando ya contaba con 35 años de edad apareció su primer poemario, Adrede; David Huerta ya lo conocía por otras razones, pero cuando se publicó el volumen lo primero que vino a su mente fue dónde había estado escondido ese poeta, quien en el libro llevaba por nombre el de Gerardo Deniz, pero en la vida real fuera conocido como Juan Almela.

Aquella aparición podría servir como metáfora para explicar a un personaje que prefirió mantener el anonimato en la corrección de pruebas, en la traducción, en la escucha de música o en la lectura de libros científicos, en especial de química, que quizás habían sido sus principales pasiones, antes aun del trabajo poético.

“La cabeza de Juan Almela es uno de los espectáculos más prodigiosos que uno puede imaginarse: era un hombre que sabía de todo, mucho y bien, de una elocuencia formidable, amante de la música, hubiera sido un gran científico, pero la carrera académica quedó frustrada, porque sabía demasiado para los marcos universitarios, para los canales académicos tradicionales y no encontró el lugar que hubiera merecido como un gran químico. Lo que más le importaba era la química, la música y en tercer o cuarto lugar, la poesía”, cuenta David Huerta.

Así es como recuerda un poeta a otro poeta: Juan Almela o Gerardo Deniz, Gerardo Deniz o Juan Almela, quien la noche del sábado falleciera a los 80 años de edad, en la Ciudad de México; sus restos fueron velados en el Panteón Francés, donde la tarde del domingo fueron cremados, como fuera su última decisión, según comentó su hija, Laura Almela.

“Sus palabras fueron ‘muero, me cremas y me pones encima de tu chimenea’, no quería ni velatorio, ni nada. Tengo esa instrucción. Con todo respeto que me merece Gerardo Deniz, como escritor, yo estoy despidiendo a mi padre. Lo voy a poner en mi chimenea y como estoy loca le voy a hablar todo el tiempo. Le voy a hablar de lo cotidiano, de los gatos, de los perros, de los días…”

Figura de referencia

Juan Almela nació en Madrid, España, en 1934; llegó a México a los 10 años de edad, cuando su familia huía del régimen franquista, y aquí estudió una ingeniería química, si bien su amplia formación humanística le permitió hacer trabajos de traducción del ruso y del sánscrito al español, algunos de ellos son considerados difíciles de traducir al español, como el lingüista y filólogo ruso Roman Jakobson o el historiador y filólogo francés Georges Dumézil.

Cuando apareció Gerardo Deniz con Adrede, vino toda una producción poética comprendida por títulos como Gatuperio, Mansalva, Grosso modo, Ton y son, Cubiertos de una piel, Semifusas o Erdera, que lo convirtieron en un autor de culto para distintas generaciones de autores mexicanos.

“Para mí, la vida y el trabajo de Deniz representa el mundo al revés: la mejor gente de este país no es la que tiene mayor fortuna y prosperidad, quienes prosperan son los pillos, los bribones y los criminales. La gente más valiosa en este país no la pasa tan bien: en los años recientes algo se corrigió, recibió premios y becas, pero de todas formas, Juan vivió una vida modesta.

“El apellido que escogió es una palabra turca que significa las grandes aguas, es decir el mar, y es un poeta efectivamente oceánico”, recordó David Huerta, quienes compartieron casi medio siglo de amistad.

Desde la perspectiva de Julio Trujillo, quien acompañó a Gerardo Deniz durante la celebración por sus 80 años de vida, con la partida del poeta se pierda a la más importante fuente de oxigenación que ha tenido la poesía mexicana en las últimas décadas, porque la supo desgravar de “cierto acartonamiento y de cierta solemnidad que siempre ha padecido un poco, y sobre todo nos enseñó a no tomarnos demasiado en serio a nosotros mismos, como poetas, pero sobre todo como lectores”.

Antonio Calera-Grobet reconoció que “no se le cita en círculos mainstream, pero para los escritores de mi generación significaba una voz de disidencia y de disenso”.

Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, expresó en su cuenta de Twitter: “Luto en las letras mexicanas por el deceso de Gerardo Deniz, extraordinario traductor y poeta. Mi pésame a sus deudos”.

En el Panteón Francés, la directora del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), María Cristina García Cepeda, definió a Gerardo Deniz como un hombre comprometido con la literatura, con la poesía; “un hombre con una gran inteligencia y gran sentido del humor”.