[Semáforo] Orwell critica a Chesterton

Orwell solía tener claras sus admiraciones y rechazos, pero con G. K. Chesterton su juicio fue siempre ambiguo.
Semáforo
(Especial)

México

Debemos a George Orwell la más directa y sencilla (que no simple: 1984 es una novela compleja) crítica del Estado totalitario. Junto con Rebelión en la granja y su Homenaje a Cataluña, Orwell volvió fosforescentes los miedos, reales e imaginarios, del siglo XX.

Podría pasar como fabulista porque sus novelas sirven de ejemplo y advertencia: el horror de la sociedad controlada hasta en los sueños por los medios, el capitalismo de las grandes corporaciones y el comunismo soviético de Stalin. Pero son mucho más que fábulas. Y atinó en sus dos horrores, aunque ahora parezca desvanecerse el terror al Hermano Mayor, que vigila y controla actos y pensamientos de todos los ciudadanos.

De hecho, la situación parece justo la inversa: hoy son los muchos "hermanos menores", los ciudadanos, quienes pueden vigilar minuciosamente al gobernante. Pero el peligro era real y no son pocos los políticos idiotas que intentan e intentarán controlar las redes sociales. Jerjes quiso dar órdenes al mar.

Orwell solía tener claras sus admiraciones y rechazos, pero con G. K. Chesterton su juicio fue siempre ambiguo. Admiraba la capacidad literaria, pero no podía avenirse con sus poemas de batallas: hacen que "La carga de la caballería ligera", el poema de Tennyson, "parezca un panfleto pacifista"; los cuentos y novelas le parecen brillantes, pero demasiado optimistas e ingenuos respecto de la naturaleza humana y, de plano, no podía soportar el catolicismo romano y el ensueño de una economía medieval, justa, distributiva, que operaría según la proporción y la cooperación entre pequeños propietarios, comerciantes y productores.

Quizá esas ambigüedades ideológicas y literarias marcan sus fronteras y su voluntad de distanciarse del autor que admira y desprecia al mismo tiempo. Escribió 1984 contra la "indiferencia general ante la decadencia de la democracia". Desde luego, hallaba reprehensible la satírica visión de Chesterton que, en El Napoleón de Notting Hill, propone una idea genial y boba: no sirven para nada los partidos ni las campañas políticas, ni los políticos; gane quien gane, el asunto no termina ni mejor ni peor que el puro azar, y resulta mucho más racional, sencillo y económico simplemente elegir rey por sorteo. La novela de Chesterton sucede en 1984, ni más ni menos. David Allen Green sugiere que el título que Orwell pone a su novela viene del enojo por la burla de Chesterton a las instituciones democráticas. Pero hay otro dato: resulta que el primer ensayo publicado de Orwell apareció en G.K. Weekly, el semanario de Chesterton, cuando Orwell todavía usaba su nombre de pila: E. A. Blair. Era una nota sobre un periódico francés (El amigo del pueblo) que costaba menos de un centavo porque lo subvencionaba un grupo de poderosísimos empresarios. Orwell hizo votos por una prensa igual en Londres: "En tanto que el periodista existe solamente como agente publicitario de los grandes capitales, una gran circulación, bien o mal conseguida, es la única meta de un periódico". Su primera publicación fue un abono en favor del Hermano Mayor. Quizá en vez de la autocrítica decidió abominar de quien lo publicó por primera vez.