Genética y sabiduría indígena, “claves de la biodiversidad”

Especialista de la ONU comenta la importancia del Protocolo de Nagoya.
Braulio Ferreira trabaja en la Convención sobre Diversidad Biológica.
Braulio Ferreira trabaja en la Convención sobre Diversidad Biológica. (Iván Franco/EFE)

Montevideo

El uso de la genética y el aprovechamiento de los conocimientos tradicionales de los indígenas son “claves para mantener la biodiversidad” en América Latina, indicó ayer el secretario ejecutivo de la Convención sobre Diversidad Biológica de Naciones Unidas (CBD), Braulio Ferreira.

En entrevista, argumentó que Latinoamérica es la región con mayor riqueza y diversidad de pueblos indígenas del mundo y la que más ganaría con el aprovechamiento de sus conocimientos en la agricultura.

El experto brasileño estuvo en Montevideo en una reunión sobre la implementación del Protocolo de Nagoya de 2010, con el que se pretende asegurar “la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos”.

Según Ferreira, el desarrollo y acceso a este tipo de recursos son “clave para la salud, la biotecnología y la agricultura”, pues el campo avanza hacia una mayor dependencia de la ingeniería genética para combatir el cambio climático.

La inclusión de los pueblos nativos, según el experto de la ONU, pasa por la traducción del Protocolo de Nagoya a lenguas indígenas, la capacitación de sus líderes en asuntos jurídicos complejos y los acuerdos para el reparto de los beneficios derivados de explotar recursos genéticos, teniendo en cuenta que algunas comunidades poseen sociedades no monetarias.

El experto afirmó además que las principales amenazas a la biodiversidad en América Latina son “la deforestación, la polución, la introducción de especies exóticas invasoras y el cambio climático”.

En concreto, el cambio climático se perfila como un problema “menos urgente”, pero será “el primer factor” que afecte a la diversidad de especies en un futuro próximo, vaticinó.

Ferreira dijo que los efectos del cambio climático se perciben en la región a través de “la elevación del nivel del mar, la acidificación de los mares y el incremento de la frecuencia e intensidad de eventos extremos”, como inundaciones, terremotos y olas de calor o frío.

El experto de la ONU señaló que los gobiernos latinoamericanos han incidido en los sistemas de alerta y reparación ante desastres naturales, pero no han prestado la misma atención a la prevención.

Esta prevención, acotó, pasa por establecer “más ecosistemas protegidos, como bosques, humedales y manglares”, que funcionan a modo de cortafuegos cuando se produce una catástrofe natural.

“Las zonas verdes, tanto en áreas rurales como urbanas, amortiguan los efectos de las inundaciones, ya que la vegetación absorbe el exceso de agua”, ejemplificó Ferreira.

El experto también insistió en las mejoras que las zonas verdes introducen en la calidad de vida de los habitantes de las ciudades, con efectos beneficiosos en su salud, su socialización o en la reducción de la violencia.

Preguntado acerca de los proyectos de alto impacto ambiental previstos para Uruguay, como la construcción de un puerto de aguas profundas en el litoral este del país o la explotación minera a cielo abierto, Ferreira enfatizó la necesidad de “compatibilizar el desarrollo con la biodiversidad” y de realizar “inversiones en la compensación de los eventuales daños ambientales”.