Generoso e inolvidable amigo

La desolada sensación de luto por la muerte de Federico Campbell te hace sentir que, con él, muere un mundo.
Federico Campbell
Federico Campbell (MILENIO)

Ciudad de México

En algunas culturas africanas se dice que, cuando muere un Griot, es decir, un chamán, muere una biblioteca.

Aparentemente esto no debería ser así en las culturas de la palabra escrita, en la cultura de los libros. Se dice que quien toca un libro toca a un hombre. Y es verdad.

Sin embargo, cuando el que muere es un escritor, un extraor­dinario escritor como Federico Campbell, y si además le suma­mos que este escritor ha sido, aparte de escritor, un verdadero, querido, generoso e inolvidable amigo, la desolada sensación de luto te hace sentir que, con él, muere un mundo.

Conocí a Federico por medio de Leonardo Sciascia, quien para mí fue un padre y para ambos un queridísimo amigo. En México, en Bolivia, en Chile, en Argentina, en Colombia, pude experimentar lo fundamental que fue Federico para dar a conocer en la cultura del continente latinoamericano la importancia de Sciascia. Una geografía de una cierta manera de concebir la vida, la historia y la literatura.

Cuando leemos los libros de Federico, en verdad sentimos que su palabra sabe expresar al hombre extraordinario que ha sido. Afortunadamente, siempre podremos reencontrarlo en sus libros; y siempre lo podrán reencontrar todos aquellos que no hayan conocido a la persona, que no hayan tenido el privilegio de experimentar su sencillez, su humana bondad y su inteligencia generosa. Para nosotros, que tuvimos la suerte de conocerlo, el luto es más riguroso, la pérdida más inconsolable.

Nos queda el hondísimo sentimiento del fervor de su amistad.