Gauchos y judíos: cuando dos culturas se encuentran

Javier Sinay relata la forma en que se conocieron los inmigrantes rusos y los nativos que los recibieron en su país natal, Argentina.
Antes el autor había ganado el premio Rodolfo Walsh.
Antes el autor había ganado el premio Rodolfo Walsh. (Omar Franco)

México

La historia del periodista argentino Javier Sinay se empezó a escribir antes de comenzar las investigaciones: recibió un correo electrónico de su padre, en el cual le compartía una liga con información de un bisabuelo, periodista él, que había dado cuenta de una serie de asesinatos cometidos por gauchos en una especie de asentamiento judío a finales del siglo XIX.

Cuando empezó a recopilar los testimonios y la documentación se dio cuenta que más allá de una trama de intolerancia, había en ese pasaje la historia de una enemistad, transformada en una amistad con el paso de los años, originada en el desconocimiento del otro. Así surgió el libro Los crímenes de Moisés Ville. Una historia de gauchos y judíos (Tusquets Editores, 2016).

"Quisiera que en el libro se leyera lo que está detrás: el encuentro de dos culturas. Esta es una historia de la migración, de gente que se va y llega a otro lugar, y de la gente que estaba en ese lugar y que recibe a los recién llegados. En este caso son completamente diferentes: son los judíos rusos del imperio zarista, que se encuentran con los gauchos argentinos criollos en el campo argentino. Lo que se encuentra es una fibra humana muy universal".

Autor de Sangre joven. Matar y morir antes de la adultez, libro con el que ganó el premio Rodolfo Walsh, Javier Sinay (Buenos Aires, 1980) dice que ya saboreaba la escritura de otro tema policial, pero muy pronto se dio cuenta que más bien se trataba de un ejemplo de la condición humana, donde los orígenes no importan, sino las ambiciones o las traiciones que definen a cada ser humano.

"Pensé que iba a tener una especie de western argentino de la época de la inmigración fuerte en Argentina. Pero empecé a leer tantas crónicas de la época, escritas por gente de ese tiempo, con un modo de escritura muy emocionante: era toda una odisea cruzar medio mundo y llegar a otro lugar, y encontrarse con una vida que, por momentos, era realmente la vida libre en América. Era irse de la opresión de Europa y llegar a la América libre", explica.

Víctimas y culpables

Uno de los primeros objetivos de Javier Sinay al comenzar la escritura de Los crímenes de Moisés Ville era alejarse de un relato victimizante; su intención estaba centrada en el judaísmo en tanto identidad cultural y en su condición de argentino y su relación con el pasado.

"Me interesaba el judaísmo en tanto identidad cultural, no como pueblo sufriente. Sí, mi abuela tuvo parientes que murieron en el Holocausto, pero hay muchas otras cosas; en este libro el Holocausto se metió en algunos momentos, pero traté de hacer un libro que hable de la vida americana".

Una vida que, por momentos, resultaba muy violenta, sin ley, sobre todo fuera de las grandes ciudades, la que generaba relatos dignos de ser recuperados, en los que se transmitía la memoria de una familia, "y ahí fue donde empecé a encontrar todo lo que no era policial, sino todo lo que era humano, netamente humano, y que lo fue en 1890 y que sigue siendo en 2016. Es la esencia: somos los mismos que fueron nuestros bisabuelos.

"La comunidad judía en Argentina es muy fuerte y es muy grande. Un relato típico es lo bien que fue todo, cuánto aportaron los judíos a la Argentina, y cuán bien fueron recibidos los judíos en la Argentina, lo feliz de una inmigración. El libro muestra, en parte, y fue apreciado en Argentina, que no todo es blanco o negro, sino que hay grises. Es cierto que el gran proyecto de la inmigración fue feliz, porque no hubo grandes rechazos".

Al final, asegura Sinay, el volumen apuesta por contar un proceso: la historia de una amistad que empezó siendo enemistad, de cómo una fricción se transforma en una fusión.