Galassi perpetra un ajuste de cuentas con el mundo editorial

En su primera novela, el también poeta critica de la invasión de los grandes grupos económicos en el ámbito de las publicaciones.
Hace una sátira de la Feria del Libro de Fráncfort.
Hace una sátira de la Feria del Libro de Fráncfort. (Cortesía Farrar, Straus & Giroux/Elena Seibert)

Madrid

En su debut como narrador, el poeta y editor Jonathan Galassi, director de la editorial estadunidense Farrar, Straus & Giroux, que ha publicado a escritores como Joseph Brodsky, Susan Sontag, Seamus Heaney y Nadine Gordimer, hace una punzante crítica de la situación de la edición, invadida por grandes grupos que solo quieren hacer dinero, y que editan catálogos que se parecen mucho entre sí. “El problema es que la mayoría de las editoriales literarias forman parte de subgrupos de un gran sistema comercial, mientras otras tratan de salir de la situación haciendo pequeñas impresiones porque tienden a tener problemas para encontrar lectores. Y también está la autopublicación. Será cosa mía, pero creo que la literatura en sí misma hoy es menos revolucionaria que en los tiempos que describo en mi libro”.

En su novela Musa (Anagrama), Galassi (Seattle, 1949) dedica un divertidísimo capítulo a la Feria del Libro de Fráncfort, “una rebatiña de lo más rapaz revestida de un refinado barniz europeo”, en el que satiriza a los editores que compran bodrios a ciegas, agentes literarios borrachos y libidinosos, una élite de editores que se creen los amos de la cultura y, en general, todo ese “estercolero multitudinario” que es como “una gigantesca y lenta nave de los locos que navega a la deriva hacia el inmenso iceberg digital”.

Galassi admite en entrevista con MILENIO que su descripción “es un poco exagerada… Pero no mucho. Así es como suele ser la Feria de Fráncfort. Y ahora quizá se haya apagado un poco más porque las personalidades que asisten son menos grandiosas. Y cada vez va menos gente. La mayoría de las ventas se hacen hoy de forma electrónica. Ya no se trata tanto de personalidades, igual que en casi todo lo demás”.

Galassi entrelazó elementos reales de su amplia experiencia editorial con otros de su invención, llegan a hacer dudar al lector de que no sean verdaderos.

“Hay veces en que creo que esta novela es en realidad un ensayo, un ‘comentario’ o ‘crítica’ de la realidad, porque ofrece una versión ‘alternativa’ de la realidad. Es, en parte, una memoria ‘fracturada’ del período más humano que he conocido y amado en mi vida editorial; pero es, también, una especie de venganza, pues sugiere un mundo en el que los poetas son superestrellas, una suerte de rockstars. Ida Perkins —el personaje— es una invención, pero ella está inserta en la historia de la literatura como si hubiera sido real. Así que en Musa, de todas formas, la ficción y la realidad están en constante flujo y diálogo”.

La historia presenta a un joven editor que intenta abrirse camino y es testigo de la rivalidad de dos titanes de la vieja edición, quienes comparten una obsesión: la poeta Ida Perkins, la gran figura de las letras estadunidenses, de vida escandalosa y obra exquisita.

Lo que no cabe duda, como señala Galassi, es que Musa es un “ajuste de cuentas” en toda regla con el mundo editorial: “Y es también una especie de carta de amor a una manera muy especial y personal de hacer negocios, y una elegía a los tiempos pasados. Pero no es una obra cargada de rabia, sino de melancolía, afecto y también sátira, lo que quiere decir que trata de ser divertida”.

Galassi escribe que lo realmente nuevo en literatura usualmente languidece en los almacenes y bodegas. ¿Es una cuestión del gusto de los editores y los lectores, o una cuestión del nivel educativo de nuestras sociedades? “Creo que la mayoría de los lectores esperan leer algo que de hecho les sea familiar, y cuando se ven enfrentados a un desafío, eso hace que se sientan incómodos”.

En ese sentido, Galassi expone la idea de que el éxito de los auténticos escritores se debe a “su determinación de excavar, de triunfar, por muchos obstáculos que se les pongan por delante gracias a su talento, su afán y sus agallas. Creo que un buen escritor es alguien que es capaz de romper con sus propios orígenes y con las convenciones que existen para ver las cosas de un modo nuevo, para ofrecer nuevas perspectivas, con lo que el conocimiento de los lectores se expande, se estimula y se aviva. Esto conlleva grandes retos, reflexión y una ruptura con la mentalidad en la que el escritor se formó”.

Concluyó: “Creo que una novela es una forma de crítica de la realidad desde la perspectiva de la imaginación. Los mejores libros son aquellos que reflejan la sabiduría del escritor y la naturalidad, la sencillez de su arte. Creo por tanto que la mejor escritura es instintiva y feliz”.