El Gaga busca que la gente sea libre: Keren Rosenberg

Es una disciplina que combina las artes marciales, el butoh, el hip hop y elementos contemporáneos, comenta la bailarina.
Es una de las máximas exponentes de este estilo.
Es una de las máximas exponentes de este estilo. (Tami Weiss)

México

Divertida y coqueta, la bailarina israelí Keren Rosenberg comenta, entre risas, que no se considera una de las más grandes exponentes del Gaga, disciplina de danza contemporánea creada en su país hace tres décadas, tal y como ha sido presentada en México.

“No soy de las más grandes. Tengo un trasero grande, pero eso no importa”, dice en entrevista con MILENIO la intérprete, que se presentará en el espectáculo Israel baila el 17 de mayo a las 13:00 horas en el teatro Ángela Peralta.

De visita en el país no solo para hacer la presentación del 17 de mayo sino para dar un taller en el Centro Cultural La Cantera, explica que Gaga es un movimiento dancístico creado por Ohad Naharin, director artístico de la compañía de Batsheva Dance Company de Israel, y que se puede definir como un lenguaje de multicapas.

Es una mezcla de muchas influencias, como las artes marciales, el butoh, el hip hop y elementos contemporáneos. Naharin creó un movimiento vigente y preciso: “La razón por la que la gente responde a él es porque quiere ser libre. Comencé a bailar profesionalmente a los 22 años. Mi cuerpo no tiene límites: soy un tigre, estoy completa. Lo que Ohad nos trajo es algo crudo, virtuoso, expuesto, intangible y exótico”, recuerda.

El Gaga desarrolla inteligencia y fantasía, fortalece el centro de los bailarines, pero no solo su centro físico sino lo que cada persona se puede dar a sí misma. El ballet, el trabajo de piso y el hip hop son importantes, pero la pregunta es qué hacemos con el conocimiento que adquiere la gente sobre esas expresiones, destaca.

Esta disciplina aumenta el espectro de los bailarines. Por ejemplo, en los años noventa los intérpretes necesitaban cosas específicas. Si te habías formado con la técnica Graham solo te dedicabas a esa corriente de la danza; hoy, en cambio, hay que ser tridimensionales, no solo hay que hacer una cosa. Si quieres conseguir trabajo debes ser creativo, explica.

A pesar de que esta disciplina se relaciona con la improvisación, en realidad la estructura de la clase está creada sin espejo, sin rutinas fijas, sin frases; tampoco hay algo que defina lo correcto o lo incorrecto. Los participantes y su cuerpo interpretan la información durante una hora 15 minutos sin detenerse, que es lo que dura la clase, explica la bailarina.

“En Gaga hay un ritmo común, y al iniciar la clase no se permiten espectadores de ningún tipo, porque de lo que se trata es de generar un ambiente seguro. Es una cuestión de sinceridad”, menciona.

El único coreógrafo que usa esta disciplina en el escenario es Ohad Naharin, dado que es él la fuente de inspiración: “A mí me permitió convertirme en una bailarina más completa técnicamente”, comenta.

Rosenberg conoció esta disciplina hace 13 años en la academia de danza en la que estudiaba. En 2008 se mudó a Holanda y en el verano, aunque ya trabajaba como coreógrafa y bailarina de una compañía, decidió tomar un taller intensivo con la compañía Batshova de Israel. Mientras el programa avanzó, entendió que era una experiencia significativa en su vida, y que tenía que involucrarse más en el tema.

Antes de terminar el taller se encontró a Naharin y le contó de su necesidad por bailar Gaga; este la invitó a ser residente de Batsheva Dance Company, así que se mudó a Tel Aviv, y a partir de ese momento no ha parado.