Gabriela Ortiz plasma en disco obras para flauta

Además de este tipo de referencias acústicas, también maneja las pictóricas y literarias.
La compositora cuenta con la complicidad de Alejandro Escuer.
La compositora cuenta con la complicidad de Alejandro Escuer. (Héctor Ramos )

México

La fascinación de Gabriela Ortiz por la flauta data de muchos años y ahora se resalta en el disco Denibée (Urtext Classics). Reúne música de cámara en diversos formatos e incluye la participación de Carla López, Iván Manzanilla, Leonardo Bejarano, Mary-Elizabeth Thompson, Natalia Pérez, Pablo Garibay, Onix Ensamble y Alejandro Escuer.

La compositora dice en entrevista con MILENIO que la flauta “es un instrumento muy expresivo que me recuerda mucho la voz, sobre todo la flauta en do, pero también es maravilloso explorar las flautas con registros más graves (la flauta en sol o la flauta baja, que tienen cualidad tímbrica muy particular)”.

Ortiz recuerda que una de las primeras obras que escribió para la flauta fue 5 Pa’ 2, encargo de Marisa Canales, incluida en el disco que se presentará el próximo martes a las siete y media de la noche en la Fonoteca Nacional con la participación de Aurelio Tello, María Baranda, Juan Arturo Brennan, Gabriela Ortiz y Marisa Canales.

La compositora comenta que en diversas ocasiones ha trabajado con la flauta, “tanto en música de cámara como en el contexto orquestal. Platicando con Alejandro, se nos ocurrió que valdría la pena hacer un disco cuyo hilo conductor fuera la flauta, además de algunas obras que había escrito específicamente para él, por ejemplo, Tres haikús, para flauta, mezzosoprano y violonchelo, escrita para los tres instrumentos que toca: flauta baja, flauta en sol y flauta en do”.

La diversidad sonora caracteriza el trabajo de Ortiz, lo mismo que las fuentes de las que abreva: además de referencias musicales, las hay pictóricas, literarias y de tipo emotivo. Por ejemplo, Tres toritos está dedicada al intérprete de música folclórica Salvador El Negro Ojeda.  Asimismo, una larga relación la liga con Mario Lavista, a quien le dedica Tres haikus: “Ya tenía la idea de hacer tres piezas que exploraran el diálogo entre la flauta y la voz, que ya había trabajado en Luz de lava, obra orquestal para celebrar los 100 años de autonomía de la UNAM. Trabajé con textos de María Baranda, fragmentos muy pequeños de sus haikus, y en el momento en que terminé la pieza dije: ‘Esta es para Mario’. Comparte mucho su mundo, aunque por supuesto desde mi óptica”.

Alejandrías sonoras, que lleva como subtítulo “temas e improvisaciones sobre El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell para flauta sola” surgió a partir de una invitación de Nicolás Alvarado para un programa en Canal 22. “Querían filmar el proceso de un creador, en este caso de un compositor. Querían que compusiera a partir de cuatro frases de El cuarteto de Alejandría, y yo quise hacerlo con Alejandro. Durante tres semanas fueron a filmar a la casa, para mostrar cómo
se puede desarrollar un tema, cómo es el trabajo del intérprete y otras facetas del proceso creativo”.

Cada uno de los libros que integran El cuarteto de Alejandría, explica Ortiz, “hablan de los mismos hechos, pero a partir de la óptica de cada uno de los personajes. Musicalmente yo hice algo muy similar: compuse cuatro temas, que Alejandro desarrolló de manera diferente”.

La edición de una obra musical en disco es tan indispensable como la publicación de su partitura, dice Ortiz. “Es importante ofrecer el testimonio de un compositor vivo, por eso recientemente me he preocupado de grabar toda mi obra. Mi primer disco fue Altar de muertos, con el Cuarteto Latinoamericano; después grabé Aroma foliado y Denibée, y está por salir mi ópera Camelia la Tejana”.