Gabo por Gabo

Piedad Bonnett reunió en un libro palabras y expresiones que revelan el mundo y el pensamiento del escritor colombiano.
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(AP)

México

Hace casi una década, la escritora colombiana Piedad Bonnett se propuso hacer una revisión de la obra de Gabriel García Márquez en busca de un repertorio de palabras y expresiones que “revelaran su visión de las cosas”, y para ello hurgó lo mismo en su literatura que en textos periodísticos y en entrevistas, de donde obtuvo una serie de definiciones que reunió en el libro El mundo según Gabriel García Márquez (Icono Editorial, Bogotá, 2005), que permite “penetrar en el alma y el pensamiento del Nobel colombiano”.

ARACATACA

Sigue siendo una aldea polvorienta, llena de silencio y de muertos. Desapacible; quizás en demasía, con sus viejos coroneles muriéndose en el traspatio bajo la última mata de banano, y una impresionante cantidad de vírgenes de sesenta años, oxidadas, sudando los ´timos vestigios del sexo bajo el sopor de las dos de la tarde.

(García Márquez, Gabriel. “Autocrítica”. Magazín Dominical, El Espectador, Bogotá, marzo 30, 1995.)
Aracataca fue desde sus orígenes un país sin fronteras.

(García Márquez, Gabriel, Vivir para contarla. Bogotá: Editorial Norma, 2002, 57.)

CASTELLANO

El mejor castellano es el más impuro porque lo va cambiando la necesidad cotidiana. Las gentes cultas de Colombia, que se aprecian de hablar el mejor castellano del mundo, hablan en realidad una forma atrasada del dialecto madrileño, en tanto que los escritores colombianos, los serios y respetables, se rompen la cabeza por escribir como los clásicos del siglo XVI.
(Mendoza, Plinio Apuleyo. “El encuentro con dos camaradas”. Lire, París, 1972.)

CIEN AÑOS DE SOLEDAD

Este desfile de historias de cien años es mucho más que la anécdota, quiere ser una versión de la América Latina delirante, terrible, dolorosa, donde los esfuerzos se gastan inútilmente, donde las cosas se hacen, pero todo estaba escrito, donde se cierne y perdura la peste del olvido.
(Vargas, Raúl. El nuevo Quijote de la literatura española. Pueblo, Madrid, 1968.)

Yo nunca me he cansado de decir que Cien años de soledad no es más que un vallenato de trescientas cincuenta páginas.
(Contreras, Marco Antonio “García Márquez: cuando Escalona me daba de comer”. Coralibe, Bogotá, agosto 1991.)

COLOMBIA

(…) patria densa e indescifrable donde lo inverosímil es la única medida de la realidad.
García Márquez, Gabriel. “Por un país al alcance de los niños”. Comisión de Educación, Ciencias y Desarrollo, 1994.)

ESCRIBIR

A mí me encanta escribir, no sé cómo se pudo inventar eso de que la literatura es un sufrimiento. Otra cosa, cierto, es lograr que el lector me crea. Esa sí es una desesperación hasta que se me calienta el brazo y todo sale, y se mezcla, y empieza en fin a tomar forma. Pero el lector tiene que creer siempre,  si no todo ha fracasado.
(Vargas, Raúl. “El nuevo Quijote de la literatura española”. Pueblo, Madrid, 1968.)

A escribir se aprende escribiendo, y el periodismo me obligó a escribir todos los días muchos años.
(González Bermejo, Ernesto. “Ahora doscientos años de soledad”. Triunfo, Madrid, 1971.)

ESCRITOR

Los escritores nos hemos constituidos a nosotros mismos en una especie de animales sagrados y exigimos privilegios, a veces más de los que realmente merecemos.
(Sarret, Joseph. “Estoy tan metido en la política que siento nostalgia de la literatura”. El viejo topo, Barcelona, 1979.)

(…) no hay oficio más solitario que el del escritor, en el sentido de

que en el momento de escribir nadie puede ayudarlo a uno, ni nadie puede saber qué es lo que uno quiere hacer. No: uno está solo, con una soledad absoluta, frente a la hoja en blanco.
(Mendoza, Plinio Apuleyo. El olor de la guayaba. Bogotá: Editorial Oveja negra. 1982, 87.)

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Yo, señor, me llamó Gabriel García Márquez. Lo siento: a mí tampoco me gusta ese nombre, porque es una sarta de lugares comunes que nunca he logrado identificar conmigo. Nací en Aracataca, Colombia. Mi signo es Piscis y mi mujer es Mercedes. Esas son las dos cosas más importantes que me han ocurrido en la vida, porque gracias a ellas, al menos hasta ahora, he logrado sobrevivir escribiendo.
(Varios autores. “Retratos y autores”. Buenos Aires: Crisis, 1973.)

He escrito cinco libros tratando de averiguarlo, de saberlo, de descifrar quién soy. Y todavía no lo tengo claro. Pero hay algo que sí sé: soy el mejor amigo de mis amigos, y ese primer puesto no me lo dejo quitar de nadie.
(Gossaín, Juan. “El regreso a Macondo”. El Espectador. Bogotá, 1971.)

García Márquez no es el escritor que más me gusta, pero de todos modos me gusta. Por supuesto me gustaría más si no fuera yo mismo y no tuviera que escribir los libros.

(Suárez, Luis. “El periodismo me dio conciencia política”. La Calle, Madrid, 1978.)

MACONDO

Macondo, más que un lugar en el mundo, es un estado de ánimo.
(Mendoza, Plinio Apuleyo. El olor de la guayaba. Bogotá: Editorial Oveja negra. 1982, 87.)

Esta palabra me había llamado la atención desde mis primeros viajes con mi abuelo, pero sólo de adulto descubrí que me gustaba su resonancia poética. Nunca se lo escuché a nadie ni me pregunté siquiera qué significaba. Lo había usado ya en tres libros como nombre de un pueblo imaginario, cuando me enteré en una enciclopedia casual que es un árbol del trópico parecido a la ceiba, que no produce flores ni frutos, y cuya madera esponjosa sirve para hacer canoas y esculpir trastos de cocina. Más tarde descubrí en la Enciclopedia Británica que en Tanganyka existe la etnia errante de los makondos y pensé que aquel podría ser el origen de la palabra.
(García Márquez, Gabriel. Vivir para contarla. Bogotá: Editorial Norma, 2002.)

MORIR

Morirse en mucho más difícil de lo que uno cree.
(Cien años de soledad).

MUERTE

Lo malo de la muerte es que es para siempre.
(Tatis Guerra, Gustavo y Juan Grisolle. Un secreto prodigioso. Bogotá: Barú Editores, 2003, 100.)

La muerte ha sido siempre, aun en los más pobres hogares, un motivo para los lujos más extraños.
(García Márquez, Gabriel. “Los muebles de la muerte”. El Heraldo. Barranquilla, mayo, 1951.)

PERIODISMO

El periodismo es la profesión que más se parece al boxeo, con la ventaja de que siempre gana la máquina y la desventaja de que no se permite tirar la toalla.

(García Márquez, Gabriel. “Temas para un tema”. El Heraldo. Barranquilla, abril, 1950.)

Cada vez encuentros menos diferencias entre periodismo y literatura, sobre todo porque cuando yo digo periodismo estoy pensando principalmente en reportaje, y cuando digo literatura estoy pensando fundamentalmente en relato. Ambos géneros se nutren de la misma realidad y exigen la misma experiencia y el mismo manejo del oficio. Ambos, creo yo, son el resultado de la misma vocación.
(Suárez, Luis. “El periodismo me dio conciencia política”. La Calle, Madrid, 1978.)

PREMIO NOBEL

Un Premio Nobel de Literatura pone a circular una obra por todo el mundo. Pero tengo una certeza: no creo que a partir del Nobel se haya vendido un libro más de los que he escrito. Creo que los libros estaban vendiéndose ya. Si para algo me ha servido íntimamente, es para no hacer cola en ninguna parte.
(Tatis Guerra, Gustavo y Juan Grisolle. Un secreto prodigioso. Bogotá: Barú Editores, 2003, 99.)

REALISMO MÁGICO

La ilógica de la vida no tiene fin (…) Dicen que yo he inventado el realismo mágico, pero sólo soy el notario de la realidad. Incluso hay cosas reales que tengo que desechar porque sé que no se pueden creer.
(Arroyo, Carlos. “García Márquez: ‘Yo no sé gramática’”. Boletín Cultural. No. 158, Madrid, diciembre 1955: 51.)

VALLENATO

Hay dos cosas que yo no puedo separar de mi obra: mi interés por el vallenato y la documentación de mis libros (…) el vallenato siempre ha sido un género narrativo. Desde sus orígenes, lo que el vallenato ha hecho ha sido siempre contar historias reales (…) El vallenato siempre está remitiendo a la realidad, ella es su servidumbre. Ése es su destino.
(Contreras, Marco Antonio, “García Márquez: cuando Escalona me daba de comer”. Coralibe, Bogotá, agosto 1991.)