[Función Dominical] Sherezada porno, primera parte

Para empezar, el título: Ninfomanía. El sustantivo ha dejado de usarse en psiquiatría por machista. 
Ninfa
(Cortesía)

Ciudad de México

El cinéfilo glotón esperaba Ninfomanía con ansiedad no solo por el título; Lars von Trier ha dado siempre de qué hablar. Pocos directores ofrecen un chisme sabroso que cruza entre la prensa de espectáculos y el “mundillo” intelectual. Para empezar, el título: Ninfomanía. El sustantivo ha dejado de usarse en psiquiatría por machista. Una mujer “insaciable” sexualmente no tiene más problemas que un hombre que solo piensa en sexo. Y esto, claro, lo sabe Von Trier, por eso hace decir a su protagonista: “La sociedad demuestra su impotencia frente a un problema cuando trata de prohibir ciertas palabras”. Si seguimos la lógica del guionista, la mujer tiene un problema. Y sí que lo tiene, porque Charlotte Gainsbourg no interpreta a una “ninfómana” sino a una masoquista que se pone en peligro. Así que, atención, desde el nombre, la última obra del escandaloso Von Trier apela más al morbo que al arte.

Ahora, la película es hermosa. Faltaba más, pero la historia es tonta. Un hombre salva a una mujer de una paliza, se la lleva a su departamento donde ella se deleita contándole sus experiencias sexuales desde la infancia.

Como hasta aquí, al menos en el volumen I de Ninfomanía, el guión no tiene más interés que aquel clásico del soft porno, Emmanuelle de 1974, Von Trier macera su discurso con apuntes esotérico-pachecos que en el Anticristo (una película descaradamente misógina) funcionaban mucho mejor. Aquí surgen nuevas inconsistencias. Y es que resulta que el hombre que escucha a nuestra Sherezada porno es judío (judío pero no sionista, aclara el hombre, como para acabar de una vez por todas con aquel “chisme” de que Lars von Trier era antisemita). Y las inconsistencias son éstas: que el judío en realidad no habla nada del misticismo judío (que es amplio y profundo) sino del misticismo cristiano que, aunque también es amplio y profundo, no viene a cuento más que, cuando para espantar a la burguesía (si es que todavía se le puede espantar), el director espeta en forma más o menos clara que Jesús era masoquista.

En fin, que el discurso sexual masoquista (que no ninfómano) se mezcla a la sazón con la forma adecuada de comer un pastel, las cuerdas que usan los alpinistas, la serie de Fibonacci y un miedo al demonio que, otra vez, me parece más cristiano que judío.

Como sea, es indudable que Lars von Trier ha pasado a la historia del cine reciente (del futuro del arte nadie sabe nada). Y ha pasado porque ha hecho cine con todos los temas del mainstream hollywoodense con un toque apto para aquellos que sostienen que “cine de arte es eso que se produce en Europa y no en California”. Hizo cine de terror (El Anticristo) un musical (la extraordinaria Dancer in the Dark) y ahora una película soft porno que comparte con esta monumental rama de la industria del cine solo una cosa: un guión insípido en que lo único importante es la imagen. Una imagen que, hay que decir, no siempre se regodea en el plano sexual. De cualquier forma, Ninfomanía, continuará…


Nymphomaniac: Vol. I (Ninfomanía, Vol I). Dirección: Lars von Trier. Guión: L. Von Trier. Fotografía: Manuel Alberto Claro. Con Charlotte Gainsbourg, Stellan Skarsgård y Stacy Martin. Dinamarca, Alemania, Francia, Bélgica, Gran Bretaña. 2014.

@fernandovzamora