Fuga

En su punzante anecdotario, sucesos espectaculares e inverosímiles como la fuga del siglo. Sí. La fuga del siglo. Del siglo pasado. 
Eugenio Aguirre, "El abogánster", Planeta, México, 2015, 432 pp.
Eugenio Aguirre, "El abogánster", Planeta, México, 2015, 432 pp. (Especial)

México

Lo documenta Eugenio Aguirre en detalle, a la manera de la novelística negra. Era el año 71. A la oficina de Bernabé Jurado, el llamado abogado del diablo, y al que Carlos Monsiváis identificara como el arquetipo del abogánster, llegaron un par de pelafustanes a proponerle una jugada. Se trataba de sacar de la cárcel (la penitenciaría del Distrito Federal en Santa Martha Acatitla) al empresario neoyorquino Joel David Kaplan, acusado de homicidio e investigado por derivar fondos de la CIA a Latinoamérica.

¿Y quieren que yo me encargue de todo y planee su fuga…? —contestó Jurado.

Tras interrogantes y negociaciones llegó el acuerdo: un millón 300 mil pesos, la estrategia de la fuga (planos de la cárcel en mano) y ¡un helicóptero!

El 19 de agosto, mientras el grueso de los presos veía “Un dorado de Pancho Villa”, el filme del Indio Fernández, un Bell 47 monoplaza de color azul descendió en el patio del Dormitorio 1, ante la mirada atónita de los celadores, hasta posarse a un metro del suelo. Kaplan (y el falsificador venezolano Carlos Contreras Castro) subieron sin problema alguno a la escalerilla que colgaba de la aeronave. No más de diez segundos. La llamada ¡fuga del siglo!, se leería en los titulares de los diarios del día siguiente.

A Jurado, leemos en El abogánster, la nueva novela en librerías de Aguirre (Ciudad de México, 1944), le entregarían dos talegas bien repletas con billetes en las puertas del Banco de México. ¡Ah, la impunidad, divino tesoro!

De lances como éste se nutre El abogánster. Novela construida con una larguísima enumeración de hechos, a veces lineal y latosa, vida y milagros de ese personaje de tiempos pretéritos que los lectores de nuestros días quisieran realmente lejano. Un Jurado que Aguirre inserta con efectividad en los andamiajes de las narrativas histórica, policiaca y satírica, y donde caben (consecuentemente) las innumerables microhistorias protagonizadas en los escenarios de un México que va de la violencia revolucionaria del 10-17 a la apertura democrática de los 70.

Historias de cinismo, impunidad, robo, engaño, trampa, machismo, falsedad, autoritarismo, traición, sometimiento, marginación, hipocresía, adulación, amiguismo, vicio, depravación, corrupción… encarnadas en un personaje con el que se ilustra bien el viejo régimen (añádase aquí el retrato de Roberto El Güero Batillas, tomado en el 66 por Rodrigo Moya).

El país, por inusitado que lo parezca, sobreviviría a Jurado. Renovando sus espirales de cinismo, impunidad, robo, engaño, trampa, machismo, falsedad, autoritarismo, traición, sometimiento, marginación, hipocresía, adulación, amiguismo, vicio, depravación, corrupción… En su punzante anecdotario, sucesos espectaculares e inverosímiles como la fuga del siglo. Sí. La fuga del siglo. Del siglo pasado.