Fuerte, tupido y a los ojos

La ficción solo es ficción, aunque a veces resulta áspera, vomitiva, porque retrata una realidad que combina nuestras necesidades cotidianas con un comportamiento inmoral.
La ficción solo es ficción.
La ficción solo es ficción. (Especial)

México

Hay películas donde la maldad se convierte en una necesidad, y se hace un impulso tan irresistible que los personajes no tienen otra alternativa que la de ser malos, crueles y siniestros, sobre todo cuando las instituciones de salud no satisfacen las expectativas de la gente común y corriente.

Es el caso de Mónica, el personaje principal de A los ojos, quien no tuvo otra opción; su comportamiento sorprende, duele e incomoda. Aprendió a sobrevivir basada en la ley del más fuerte, pero, a pesar de su comportamiento amoral, terminamos aceptándola porque eligió el camino menos doloroso: el de una madre capaz de cualquier infamia con tal de que su hijo no pierda la vista.

El autor urde bien la maldad de su personaje: se da cuenta de que siente un placer violento, porque ponerse en los pies de Mónica hace entender las reglas del juego de la vida pero también del arte. Hay que pegar fuerte, tupido y de preferencia a los ojos, a los más débiles, a los que aún les queda un ápice de confianza, porque más allá de eso está la basura, la oscuridad.

Lo que me gusta de la propuesta de Michel Franco es que los malos no son los de siempre: somos todos. Es el melodrama absoluto, que se extiende más allá de los cánones establecidos desde Griffith hasta Almodóvar, pero que se explaya aquí en México, en las clases más desfavorecidas, con una fuerte dosis de realismo que deja mudo cualquier intento de surrealismo para convertirse en melodrama, cuya fortaleza es la desmelodramatización y el género: el documental-ficción.

El estilo de la película está bien resuelto tanto en guion como en realización. El autor intenta que la cámara no exista, con tomas cuyos encuadres resultan desbalanceados, propios de un estilo de documental, ya que apenas se mueve y deja que las acciones se desarrollen en una sola toma hasta que se produce un suceso que impulsa la historia; como ejemplo cargado de fuerza e intensidad, está la primera conversación entre Mónica y Benjamín en los lavaderos. La revelación del joven prepara el punto de inflexión que evita que Omar pierda la vista.

La ficción solo es ficción, aunque a veces resulta áspera, vomitiva, porque retrata una realidad que combina nuestras necesidades cotidianas con un comportamiento inmoral, donde se decide golpear fuerte, tupido y a los ojos, pues la negligencia institucional de salud se esconde en una burocracia galopante que produce escozor.

A pesar que la ficción es rebasada por la realidad, sí puede ayudar a la reflexión; por eso, A los ojos merece ser vista.

 

“A los ojos” (México, 2013), dirigida por Michel Franco, con Mónica del Carmen y Benjamín Espinoza.