Hoy solo hay autocensura, dice Froylán López Narváez

“Me ha ido muy bien en la vida: siempre me dediqué a leer como tarea principal, luego la docencia y después la rumba”, explica.
Ha sido profesor durante medio siglo.
Ha sido profesor durante medio siglo. (Jorge Carballo)

México

Son amigos desde la prepa: "Ya desde entonces se rumoraba que Carlos tenía mucho dinero", cuenta Froylán López Narváez al acordarse del joven Slim. Pero el periodista tiene algo que el empresario no tiene: rumba. Y dice: "La pobreza es una virtud, la riqueza es un enorme problema. Yo me solazo mucho, me muero de risa porque soy amigo del hombre más rico del mundo, de Carlos Slim. Y sé que vivo mucho más contento que él porque estoy dedicado a cosas que me gustan".

López Narváez formó parte del grupo de periodistas que en 1976 salió de Excélsior, tras haberlo convertido en un periódico que "demostró que vendía más decir la verdad que cualquier otra cosa". Con Julio Scherer al centro, seguido por Miguel Ángel Granados Chapa, Vicente Leñero y Carlos Marín, entre otros, aquel grupo abandonó el diario, traicionado por Regino Díaz Redondo y golpeado desde el gobierno por el entonces presidente Luis Echeverría.

Recuerda el periodista: "Fue tremendo salir de Excélsior. No solo por la pérdida del empleo sino por la agresividad del gobierno, de Echeverría principalmente".

Pasados los años, en el sepelio de Hugo Meléndez, llegó Echeverría. Froylán lo recuerda: "Llegó, entró, hizo su guardia, se dirigió a mí y me extendió la mano... Lo dejé con la mano extendida".

El episodio quedó zanjado. Después de todo, ni siquiera el periodismo es tan importante como la rumba. "Me ha ido muy bien en la vida: siempre me dediqué a leer como tarea principal, luego la docencia, que es lo que más me gusta hacer, y luego la rumba, que para mí es la clave: la música no es un superveniente sino algo constitutivo".

Tan constitutivo que en las clases que imparte en la universidad desde hace más de medio siglo, pide a sus alumnos que se pongan de pie y les enseña: "Nalgas atrás. Bien atrás. Y ahora, la onda es mover las caderas. Porque la rumba es para adentro. El baile no es con pasos ni giros".

Lo sabe porque él mismo lo ha descubierto en sus largas sesiones de baile solitario, en su casa y al ritmo de los miles de discos que ha atesorado. Pero no solo de rumba vive Froylán, sino también de jazz.

"Uno de los regocijos de mi vida fue haber conocido a Louis Armstrong", cuenta. Dos horas estuvieron platicando luego de que una casualidad los pusiera frente a frente en un hotel en donde el músico estaba dando entrevistas. López Narváez caminaba por la Zona Rosa cuando un reportero le pidió que le ayudara con una entrevista en inglés. "¿Con quién?", preguntó. "Louis Armstrong", le dijo el reportero. En cuanto lo tuvo enfrente, le contó que él había dado clases en Virgina State College, el primer colegio para negros en Estados Unidos. "Parecía que en ese momento le hubiera yo dicho 'hermanito'. Le dio un gusto tremendo". Tanto que hasta sacó los güisquis. "Yo no tomo güisqui, tomo ron, pero bueno...", cuenta el periodista con una sonrisa.

Las coincidencias son básicas en su vida. A dos calles de su casa vivía la familia Trujillo, que tenía un hijo demasiado inquieto y que apenas siendo un adolescente se peló a Europa. "Allá anduvo de vago, pintando paredes y cargando bultos", narra López. "Y aprendió idiomas", agrega.

Ese joven se llama Víctor, y más que Trujillo, su apellido en el periodismo es Brozo, el payaso tenebroso. Lo considera un producto de la liberación del periodismo mexicano. "Me atrevo a decir que actualmente no hay censura. Hay autocensura, según los intereses de la publicación. Pero hay un avance grande. Se dice todo. Ahorita estamos con el jaleo de la Casa Blanca y, por lo menos en principio, podemos saber qué pasó".

Sobre las redes sociales dice: "En esa plataforma difícilmente se puede informar con rigor. Yo me dedico a eso y puedo decir cuando hay o no información con rigor. Ahora lo que hay es estimulación, ahora toda la gente anda sobresaltada con la información banal, el rumor, la calumnia y la difamación. Pero es una realidad que no se puede frenar".

La salsa no existe, "y se lo he dicho a Willie Colón", presume al defender el argumento de que no es un género musical sino un concepto inventado en Nueva York. En cambio, remata, la rumba es cultura.

López Narváez recibirá hoy un homenaje por sus 75 años de vida, 50 de académico y periodista, 40 de La rumba es cultura y 30 de Son...eros, en el Salón Los Ángeles a las 18:00 horas.