ENTREVISTA | POR HÉCTOR GONZÁLEZ

Francisco Hinojosa: "Escribir me liberó de los demonios"

El poeta, narrador y editor Francisco Hinojosa.
El poeta, narrador y editor Francisco Hinojosa. (Cuartoscuro)

México

Solo quien ha padecido la migraña sabe lo atroz que puede ser un dolor de cabeza. Por décadas, Francisco Hinojosa los padeció de forma continua. Probó todo tipo de remedios para desterrarlos, hasta que por fin, hace 11 años, tuvo la última jaqueca. Coincidió con la época en que escribía Migraña en racimos, un testimonio de su convivencia con la enfermedad. Recientemente, el escritor reeditó el libro, ahora bajo el sello Almadía, con un breve agregado.

Usted es el vivo ejemplo del poder sanador de la escritura.

Así es. Tuve tres terapias que pudieron haber influido en que desapareciera la enfermedad, pero el hecho de haber escrito Migraña en racimos fue catártico y me permitió liberarme de los demonios.

¿En qué momento adquirió consciencia de que la escritura sana?

Mientras escribía. Después, cuando sueltas al libro y se publica ya es otra cosa. Últimamente he padecido pérdida de la memoria inmediata, por eso he escrito algunas crónicas de viaje. Me obligan a recordar y ejercitar la memoria escondida. Además es un ejercicio terapéutico.

Contra la migraña en racimos probó casi todo…

Me faltó la orinoterapia, pero conocí a un médico que con eso sí se curó bastante.

¿Por qué usted no lo probó?

Porque hay que seguir un camino. No varios a la vez, de lo contrario no sabes por qué te curaste. Tomé ozonoterapia y mejoré. Intenté algo que se llama radiónica. Fui con un fisioterapeuta por un dolor en la columna y no volví a tener un dolor en mi vida.

¿El miedo pasa?

Ahora sí, antes no. Ya pasaron 11 años y no he tenido nuevos avisos de migraña, por eso me siento curado.

¿De qué se cuida ahora?

De nada. Cuando tenía migraña no podía tomar una gota de alcohol, pero nunca suspendí los chocolates o quesos fuertes. A algunas personas les funciona, pero en general son mitos. De ser ciertos la enfermedad sería muy fácil de erradicar.

¿Qué tanto se debe al estrés de la vida cotidiana?

Puede afectar, pero todo mundo tiene momentos de crisis en su vida. Cuando me divorcié, tuve una crisis fuerte y la consecuencia no fue solo una migraña.

¿Ahora qué le da dolor de cabeza?

Nada. Me preocupa la salud, cosas inevitables de la edad.

¿Por qué aquí no hay una tradición de testimoniales sobre la enfermedad?

No lo sé, pero es verdad que no son muchos los casos. En general a los escritores les gusta eludirlos a través de la obra literaria. Mi obra literaria tiene que ver con otras cosas, pero Migraña en racimos es personal, autobiográfico. Me exigía ser honesto para que me funcionara. Por ejemplo, mi padre no sale muy bien parado ahí.

¿Qué le dijo su padre cuando leyó el libro?

“Ya lo leí”, fue todo. Lo pongo como alguien adicto a infinidad de cosas, como alguien terco que no quiere apurarse.

¿Usted llegó a considerar el suicidio?

No, no tengo impulsos suicidas, pero sí puedo entender a quienes los han tenido.