Francisco Martín Moreno, un autor en busca de sus orígenes

A partir de una historia en la que rastrea su pasado, el escritor cuenta el ascenso de Hitler al poder y los crímenes que éste cometió.
En el museo del Holocausto descubrió que sus bisabuelos perecieron en Auschwitz.
En el museo del Holocausto descubrió que sus bisabuelos perecieron en Auschwitz. (Cortesía de Planeta)

México

Francisco Martín Moreno está muy cerca de llegar a los 70 años de edad. La mayor parte de su vida había transcurrido con la seguridad de su pertenencia, aun cuando muchas veces se había preguntado de dónde venía su carácter, incluso la fortaleza con la que enfrentaba los problemas.

Todo cambió cuando supo parte de sus orígenes: sabía que su padre había nacido en Madrid, en 1916, y su madre en Berlín, en 1923, y que se conocieron en México, pero ocultaron una verdad que el escritor recrea en su más reciente novela En media hora… la muerte (Planeta, 2014), concebida como una mirada a la lucha de sus abuelos y padres por sobrevivir al fascismo.

¿Cómo llegó la historia a tu vida?

Un hermano de mi mamá me invitó a comer, el tío Klaus, a quien yo no había visto en los últimos 40 años, y me dijo “me estoy muriendo, estoy invadido de cáncer y no me dan más de tres semanas”. Te puedes imaginar lo que pasó por mi mente y se me ocurrió preguntarle por la historia de la familia y su respuesta fue contundente: “¡no sabes nada!, tan no la conoces que ni siquiera sabes cómo te llamas”. Resulta que tengo un apellido judío ruso.

Me empezó a contar la historia y me dijo que mi bisabuelo alemán había sido un hombre muy poderoso en la industria del calzado en Alemania, había logrado generar una gran riqueza, al extremo de que quiso viajar en el Titanic, pero quería viajar en la suite principal y se la habían ganado.

El pasado siempre te ha interesado y ahora tenías que contar tu propia historia…

Mi tío me pidió que escribiera la historia, porque nadie la va a contar. Así me decidí en hacer una novela histórica, como las que siempre he hecho. Así me encontré con diversos temas poco abordados, como cuando tuve en mis manos un libro, La suástica rosa, donde cuentan la homosexualidad de los nazis, que Hitler era un gay abierto… eso es tremendo, porque él mismo mandaba a la cámara de gas a los homosexuales, pero lo hacía para confundir y para que la gente no creyera en los rumores. Hay otra cosa que me encantó descubrir: la vida de la madre Pasqualina Lerner, quien fue la amante del Papa Pío XII durante 40 años, lo que la Iglesia ha tratado de esconder, pero hay muchos elementos para demostrarlo.

La novela se convierte en la historia de una familia y la de una época…

No es nada más una historia de la familia: cuento la historia de cómo llega Hitler al poder, cómo incendia el Parlamento y cómo emite una ley con la que puede legislar sin pasar por el Parlamento, con lo cual se convirtió en un dictador. En el año 35, a los judíos les quita su nacionalidad, y su patrimonio.

Ahí está la historia de mi bisabuela que le dice a mi mamá ‘vete de aquí, porque esto va a acabar muy mal. Veo a los nazis como el peor excremento humano y esta va a desembocar en una nueva guerra mundial, donde la primera guerra será un auténtico juego de niños’. Mi mamá sale, mi abuelo sale; mi bisabuelo se queda porque piensa vender las fábricas. Es tremenda la historia, hasta que los matan a todos.

¿La historia personal es la que más importa en la novela?

Sí, porque es una historia muy dura. Ahí cuento cómo mataron a toda mi familia, incluso abordo un avión con todos los datos que me dio mi tío y me  fui a Israel, me metí al museo del Holocausto y me encontré con que mi bisabuelo y mi bisabuela había muerto en Auschwitz.

¿Y qué tanto te transformó conocer toda esa parte de tu historia?

 Bueno, si antes me consideraba un guerrero y no entendía bien a bien por qué, nunca soporté la intolerancia y la imposición, y por qué siempre abominé a la Iglesia católica como el peor enemigo de México, cuando descubrí el papel que jugó la Iglesia en el ascenso de Hitler, en el de Franco y de Mussolini… entonces confirmé muchas de mis teorías y de mis principios.

Para mí fue un proceso de sanación, una catarsis, el hecho de volver estar tranquilo al denunciar todo aquello que muchas familias ya quisieran poder denunciar, pero no tienen acceso a la pluma, al periódico, y las historias se pierden. Esas historias son muy enriquecedoras porque te cambian la vida, te vuelves un guerrero.

¿"En media hora… la muerte"  sería una manera de honrar a tus muertos?

Sí, porque fueron salvajemente asesinados y por lo menos puedo levantar la voz en su nombre y decir: ya sé que los sacrificaron, pero aquí está un documento que, de alguna manera, pretende hacer justicia. Esa palabra mágica que cambiaría a México: justicia. Si la aprendiéramos de memoria, vamos a cambiar el rostro de este país.