Francisco Hinojosa exhibe el abuso como naturaleza humana

El volumen, ilustrado por Rafael Barajas, "El Fisgón", tiene como trasfondo el "bullying".
El escritor y el monero.
El escritor y el monero. (Nicolás Tavira/Notimex)

México

Hace más de dos décadas, Francisco Hinojosa escribió una historia ya emblemática dentro de la literatura infantil de nuestro país: La peor señora del mundo. Es una atmósfera a la que regresa a cada tanto, como lo hace con El peor día de mi vida (Alfaguara Infantil, 2014), en el que colabora con Rafael Barajas, El Fisgón.

“Lo que une lo que escribo para niños y para adultos tiene que ver con el humor y con el juego, por eso no me cuesta trabaja ir de un lado al otro”, dice el escritor a propósito de la aparición del volumen, y añade: “Ahora estoy escribiendo por vez primera para jóvenes; es una historia dura, porque para traer a un joven a la lectura debes tocar temas que le interesan, pero siempre me siento a gusto cuando escribo para niños, me divierto mucho”.

El Fisgón dice de su colaboración con Hinojosa: “Recuerdo que cuando éramos niños leíamos historietas, y para mí el lenguaje escrito y el gráfico eran parte de un solo producto. Es un gusto enorme hacer este trabajo; me resulta muy fácil ilustrar los libros de Francisco porque es un gran narrador y las ilustraciones llegan solitas”.

El peor día de mi vida cuenta los avatares que debe enfrentar un niño perteneciente a la etiqueta de “losquesísemetenenproblemas” con “losquecreanproblemas”, al descubrir un plan para envenenar las tortas de toda la escuela a fin de evitar las clases.

“El bullying  es una palabra reciente para aplicarse a la violencia que existe en las escuelas, pero que existe desde hace mucho. Este libro, que tiene como trasfondo el bullying, se refiere más a mi experiencia como niño, a mi escuela; hace más referencia a eso que a lo que he visto o he leído en los periódicos ahora”, explica el narrador, quien está convencido de ese problema que va a seguir existiendo.

Pero Hinojosa señala que se trata de una manera de entender la condición humana y que no está determinada por la televisión, “porque existen guerras o porque el padre le da una golpiza a la madre. Es parte de la naturaleza humana el que existan los que abusan y los que son abusados; lo que hace el libro solo es exhibirlo”.

El Fisgón advierte que la intención del libro no fue ser moralistas, ni mucho menos, “lo que sí sucede es que las historias que valen la pena tienen ramificaciones hacia cosas de corte ético o moral. A final de cuentas los narradores que escriben cosas de valía acaban tocando estos temas”.

El escritor está seguro de que, más allá de los cambios en la manera de entender a los niños y de que estos manipulan mucho mejor una tableta que cualquier adulto, “en el fondo el infante es el mismo, aunque nuestra concepción ha cambiado. Antes estaba sobreprotegido, en el caso de la literatura con los temas: ellos solo podían leer de príncipes, princesas, castillos, duendes, mas no sobre el amor, la muerte o la enfermedad”.

Como se escribe a partir de hechos reales, para el ilustrador las imágenes y el texto lograron establecer un diálogo en la novela, porque “el trabajo del ilustrador es presentar imágenes que, lejos de limitar la imaginación del lector, la provoque más”.

“El chiste del ilustrador es potenciar lo que otro está contando, le tiene que ayudar a disparar mucho más la imaginación del lector. Es un complemento literario, más que una cosa independiente o en competencia: es un servicio que le estamos dando al lector”.