Fotografían la obra de Luis Barragán a la luz de la luna

Francisca Rivero-Lake y Carla Verea Hernández exhiben 10 imágenes tomadas de la casa del DF del arquitecto durante los últimos dos años.
La penumbra es parte fundamental de la exhibición.
La penumbra es parte fundamental de la exhibición. (lake Verea)

México

Esta fotografía —dice Francisca Rivero-Lake al señalar una imagen en la que a primera vista solo se ve negro— es la más difícil de entender”. Ella, junto con Carla Verea Hernández, fotografió durante dos años la casa Luis Barragán, en el barrio Daniel Garza de la Ciudad de México. Guiadas por la idea de que no hay algo nuevo bajo el sol, decidieron buscarlo bajo la luna: hicieron las fotos de todos los rincones de la casa durante las noches en que había luna llena.

“No recuerdo exactamente el momento en que decidimos hacerlo así, pero en cuanto comenzamos supimos que nuestro objetivo era entender lo que el arquitecto Barragán pudo haber sentido en las noches de luna llena”, añade.

De las miles de fotografías que tomaron desde 2012, eligieron 10 para la muestra Cuartos obscuros, que se expone desde ayer en lo que fue el estudio de la casa.

También a eso se refiere Rivero-Lake cuando habla de esa foto a la que describe como la más difícil de entender: “Es el negro más profundo que conseguimos captar en la casa. Tuvimos que ir a Nueva York para comprar el papel que pudiera plasmar la oscuridad que queríamos”, cuenta.

Ubicada en el extremo norte del estudio, la foto exige al espectador un esfuerzo de percepción: “Si te enfocas en la parte central de la foto, podrás apreciar, en medio de la oscuridad, una raya azul”.

Algunos espectadores interpretaron esa raya como “un chorro de luz”, y otros lo vieron como “un rayo de agua”. La verdad resulta más poética: “Es la luna entrando por la ventana del estudio”, explicaron Rivero-Lake y Carla Verea Hernández, quienes llevan siete años fotografiando la obra de Luis Barragán. Comenzaron en 2007 documentando los edificios del arquitecto en la Ciudad de México. Por dos años registraron el estado de conservación de su obra, y el resultado se expuso en el Museo de la Ciudad de México y el Seul Arts Center. Fotografiaron luego el coche que fue de Barragán. “De ahí viene la obsesión por conformar un retrato de él a partir de cosas como ese coche que compró en 1957 y que conservó hasta su muerte (1998)”.

Su siguiente proyecto se enfocó en descubrirlo en la intimidad con Cuartos obscuros, con fotografías que, dato curioso, no tienen nombre. “No lo necesitan: de lo que se trata es de entender a Barragán en la penumbra”.

En esa penumbra es en la que Daniel Garza Usabiaga, el curador, encuentra erotismo: “La tenue y sugerente iluminación en estas piezas, en las que predomina el negro, subraya cierta dimensión erótica”.

Además, es evidente que la intención del proyecto de Rivero-Lake y Vera Hernández es otro: “Entender lo que sentía el arquitecto en las noches de luna llena”. ¿Y qué sentía? “Magia, serenidad, embrujo, silencio, soledad”, coinciden las fotógrafas.