Forenses determinarán cómo murió Carranza

Édgar Elías Azar, presidente del TSJDF, asegura que los estudios “no se equivocarán” y se compromete a presentar resultados en dos semanas.

México

La ropa interior de algodón y la camisa que llevaba Venustiano Carranza al momento de ser emboscado en una choza en Tlaxcalantongo, Puebla, en mayo de 1920, está resguardada en una bóveda de seguridad mientras los especialistas del Instituto de Ciencias Forenses (ICF) realizan distintas pruebas para conocer las circunstancias de su muerte.

Édgar Elías Azar, presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México (TSJDF), instancia a la que pertenece el ICF, explicó a MILENIO: “Estamos próximos a festejar los 100 años de la Constitución, y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) le solicitó al TSJCM, en particular al ICF, un análisis de la camisa y la ropa interior que vestía Venustiano Carranza el día que fue asesinado”.

En entrevista con MILENIO, el magistrado indicó que Carranza fue sorprendido y acribillado dentro de una cabaña donde pernoctaba, pues su intención era llegar a Veracruz después del enfrentamiento con quienes desconocieron su gobierno.

En su oficina, acompañado de una pintura de Carranza, Elías Azar comentó que el INAH les pidió analizar la ropa del constitucionalista. “En este momento lo que está haciendo en nuestro instituto es ver el tipo sanguíneo y qué cantidad de pólvora tiene la ropa para poder determinar a qué distancia mataron a Carranza. Porque hay diversas versiones sobre su muerte: hay quien dice que lo acribillaron afuera del jacal donde estaba durmiendo, otros sostienen que introdujeron los rifles por las rendijas de los maderos y desde ahí lo acribillaron”.

Distancia y lugar

Fue Dora Méndez, subdirectora de la Coordinación de Conservación del INAH, quien se acercó al ICF para averiguar si aún era factible obtener alguna información de la ropa de Carranza antes de que fuera sometida a un proceso de restauración.

El magistrado indicó que los estudios los hacen “con el mayor gusto porque nos honró la petición del INAH, pero sobre todo haber sido seleccionados para que hiciéramos ese tipo de análisis, precisamente porque nuestro instituto es muy fuerte, una escuela de ciencia forense. Ya no es el viejo Servicio Médico Forense que se conoce de las entidades federativas; recuerde que nuestro Tribunal generó ya la licenciatura en Ciencia Forense en la UNAM, que es la única universidad en todo el país que la tiene”.

Los especialistas también analizan el ADN, para saber si “todos los que presumen ser descendientes de don Venustiano Carranza lo son”.

Elías Azar comentó: “Muchísimas cosas que sucedieron hace miles de años son conocidas hoy en día por los estudios forenses que se hacen. Ahora el forense entrará para determinar, en el caso de Carranza, a qué distancia lo mataron, si lo asesinaron adentro de la choza donde estaban durmiendo o fuera de ella”.

Finalmente se comprometió a que no que equivocarán en los estudios, que estarán perfectamente realizados, y a que los resultados serán dados a conocer en dos semanas.

Enrique Krauze, a favor de la hipótesis del suicidio

Enrique Krauze, quien hace 30 años documentó la tesis de que Venustiano Carranza se suicidó, aplaude el hecho de que el Instituto de Ciencias Forenses analice la ropa que llevaba puesta el mandatario cuando lo emboscaron, ya que con ese tipo de investigación científica se podrá conocer a detalle la forma en que murió.

Explica a MILENIO que su hipótesis la sustentó con testimonios, documentos y declaraciones de varios personajes que atestiguaron los hechos, así como en diversos estudios. Así pudo reconstruir esa historia del primer jefe constitucionalista: “En Tlaxcalantongo, antes que esperar que lo apresaran, lo humillaran, vejaran o lo asesinaran, como ocurrió con Madero, Carranza tomó la resolución de quitarse la vida. En mi libro Puente entre siglos, después en un capítulo de mi libro Biografía del poder, doy varios elementos para sostener que se suicidó; consulté a médicos forenses hace 30 años, y algunos estuvieron de acuerdo, otros tuvieron sus dudas”.

Sobre la investigación, expresa: “No me encapricho con esa hipótesis; veo con magnífica actitud que se sigue investigando esto y me interesa muchísimo saber los resultados, para que se avance en la verdad histórica”. En su opinión, lo que resulte de los estudios químicos y de ADN, en caso de que se confirme o no el suicidio, no cambiará la historia de México: “Creo que, finalmente, es un incidente en la vida nacional, aunque algo muy importante en la biografía de Carranza: un detalle muy dramático en su vida; lo que cambia un poco es la escritura de la muerte”.

Krauze sostiene que lo importante de la vida de Carranza es cómo vivió y lo que hizo, “no tanto su trágica muerte o las circunstancias; pero para un biógrafo todo es importante, y finalmente yo soy un biógrafo que desea saber la verdad histórica de principio a fin”. 

El historiador indica que si su conjetura no es corroborada por el Instituto de Ciencias Forenses, entonces en alguna nueva edición de su libro Biografía del poder realizaría una aclaración: “Hay una hipótesis distinta a la del suicidio, que con investigaciones recientes ha sido refutada, y como tal son hipótesis con las que uno va acercándose a la verdad histórica. Nunca he dicho y nunca dije eso pasó tal cual, yo simplemente sugerí una hipótesis”.

En el libro Puente entre siglos, Krauze señala una verdad distinta a la historia oficial, una hipótesis alternativa que le parece “más plausible”.

Subraya que el lugar de Carranza como el hombre que decidió el constitucionalismo mexicano y que derivó hacia la Constitución de 1917 lo tiene asegurado en la historia.

“Es un personaje muy importante de nuestra historia menos popular que Villa y Zapata; menos poderoso militarmente que Obregón; menos famoso quizá que Cárdenas, pero ocupó un lugar muy destacado en el tránsito de México hacia el siglo XX”.

Krauze reconoce que como biógrafo le apasionó el personaje y que muchas cosas le conmovieron de la figura de Carranza a pesar de que su imagen le parecía remota, lejana, fría y adusta: “Recuerdo haberme emocionado y conmovido mucho porque creo que todo lo que hizo Carranza fue un acto de enorme valentía de principio a fin”.

Krauze reitera que su planteamiento del suicidio no fue “una puntada”, sino el resultado de diversas investigaciones, como lo expone en el apartado “Misterio en Tlaxcalantongo”, del capítulo “Puente entre siglos”, del libro Biografía del poder.

Un enigma persistente

Sobre lo que ocurrió a partir de la muerte de Carranza, relata Krauze, hay varias versiones; la más popular se debe al general Francisco L. Urquizo en su libroAsesinato de Carranza. Urquizo omite al oficial Valle y sostiene que el portavoz del mensaje de Murguía al presidente era precisamente un indio: “El indio, lejos de quedarse, como se le indicaba, se fue sin duda en busca de Herrero, que seguramente a esas horas estaría ya a las orillas del poblado, para notificarle quizá el lugar exacto en que se enoja el señor Carranza; pues probablemente quiso seleccionarse primero del sitio preciso en que dormía el presidente, antes de pagarlo y no errar el golpe.

“Hay bases, sin embargo, para considerar una hipótesis alternativa. Todo ocurre tal como Suárez y Aguirre Berlanga lo narran, hasta el disparo que rompe la pierna de Carranza. En aquellos minutos de estruendo, lluvia y oscuridad, el presidente, sabiéndose perdido y acarreando desde hacía tiempo un ánimo fatalista, prefiere morir de propia mano. Se pone los anteojos, toma su pistola Colt 45. Con los dedos índice y pulgar de la mano izquierda apunta el cañonazo pecho. Dispara tres veces. Sigue el estertor y sobreviene la muerte”.

Indica que esta versión —la cual, antes que disminuir, acrecienta la altura moral e histórica de Carranza— fue, por supuesto la que sostuvo Herrero. Pero desechando en principio la declaración de éste quedan, no obstante, indicios de verosimilitud.

Krauze ofrece seis planteamientos que sustentan el suicidio de Carranza, las cuales MILENIO retoma del apartado “Misterio en Tlaxcalantongo”, del capítulo “Puente entre siglos”, del libro Biografía del poder (Tusquets, 2014).

1. Testimonio del embalsamador. El doctor Sánchez Pérez, quien embalsamó el cadáver de Carranza, declaraba el 3 de junio de 1920 haber encontrado en él cinco heridas de bala. Tres se localizaban en el tórax, una en la pierna y otra, más sorprendente: por último otra herida producida por arma de fuego con orificio de entrada en la cara dorsal de la primera falange del dedo índice izquierdo y con orificio de salida por la cara palmar del mismo e hiriendo la cara palmar del dedo pulgar de la misma mano. ¿Cómo explicar si no es con la hipótesis alternativa esa herida que otro proyectil sin una bala cercana de pistola pudo producir una herida tan sangrienta?

2. Tamaño de balas. Aunque nunca se efectuó una autopsia formal del cadáver, los orificios de la camisa y camiseta de Carranza parecen ser de pistola, no de carabina como las que, según todas las declaraciones, portaban los asaltantes.

3. Vaguedad en las declaraciones de Aguirre Berlanga. En el acta, Aguirre Berlanga había dicho que no afirma ni niega que el señor Carranza se haya disparado a sí mismo. Pero, en todo caso, no cree el declarante que haya cometido tal acto; no negar en tal caso significaba conceder la posibilidad.

4. Falta de refutación de la hipótesis alternativa. En los días que siguieron a la muerte de Carranza, varias personas atestiguaron expresamente contra la hipótesis del suicidio. Murguía y Barragán niegan la hipótesis por la misma razón: el número de balas y los lugares que interesaron. Urquizo no se refiere al hecho porque, como Murguía y Barragán, no lo presenció. Por su parte, Aguirre Berlanga no cree en la hipótesis alternativa porque la oscuridad “no permitía ver ni a una cuarta distante de los ojos”.

5. El telegrama y el acta. Anexas a la investigación de los sucesos de Tlaxcalantongo que quedó en poder del entonces ministro de Guerra Plutarco Elías Calles, hay varias copias fotostáticas de un telegrama manuscrito fechado el 21 de mayo, dirigido al general Francisco de P. Mariel y firmado por Paulino Fontes, Manuel Aguirre, Pedro Gil Farías y varios más: “Mi General, hemos tenido conocimiento que avanza usted con su gente a combatir el general Herrero. Le participó que el señor presidente se suicidó hoy en la madrugada y que todo el resto de los que le acompañábamos estamos prisioneros del señor Herrero; por lo tanto le rogamos que no nos ataque usted porque peligran nuestras vidas”.

En la caja fuerte del juzgado, donde en junio de 1920 se ventilaron los hechos, se conserva un acta similar firmada por las mismas personas.

6. Los propósitos de Herrero. ¿Tenía la intención de matar a Carranza? El general Basave y Piña, su enlace con Obregón, le había insistido en “capturar a Carranza y a la parvada de bandidos que lo seguía”. A juzgar por los testimonios presenciales, los asaltantes gritaba todo género de palabras soeces a Carranza pero buscando siempre que saliera. Amador, como se recuerda, sostuvo que el capitán Garrido, de las fuerzas de Peláez y Herrero, “intimó rendición”, entró a la choza y, al advertir la agonía de Carranza, “ofreció un médico”. En fin, según el propio capitán Amador Herrero, Herrero “se indignó” al enterarse de la muerte de don Venustiano. La actitud inmediatamente posterior de Herrero no fue la de un magnicida sino la de un rebelde que, “salvando a la patria”, había cumplido con su deber. Con ese ánimo, el 23 de mayo se incorporó en Coyutla a las fuerzas del general Lázaro Cárdenas. Juntos hicieron el viaje a la capital para entrevistarse con el ministro de Guerra, Plutarco Elías Calles, a quien Herrero rindió su informe y entregó la pistola de Carranza.

La conclusión de Krauze es que “con todo, el enigma persiste. ¿Cuál es la hipótesis válida? ¿Murió Carranza balaceado desde afuera del Jacal o —lo que es más probable—, viéndose herido e inmovilizado tuvo el valor de apurar el cáliz tomando el destino literalmente en sus manos para ser muerto pero no vencido?”.

Tales interrogantes le serán respondidas al historiador una vez que se den a conocer las investigaciones realizadas por los expertos del Instituto de Ciencias Forenses.