Flora y fauna otomí en bordados de Tenango

Cada una de las figuras que se estampan en los lienzos de manta, según la tradición, reflejan la flora y fauna sin presencia del hombre, a veces sin forma definida.

Tenango

Para llegar a Tenango después de Tulancingo, hay que continuar el camino hasta el municipio de Metepec. El camino en mal estado se sigue extendiendo, kilómetro a kilómetro hasta llegar al pie de las montañas en donde hay que comenzar el ascenso. Es una curva tras otra entre la bruma y la constante llovizna, que por momentos cede permitiendo admirar el las barrancas copadas de blanco que están a los pies de Tenango de Doria.

Después de recorrer un gran periplo, en Tenango se ven las calles solitarias. La lluvia casi permanente refugia a la gente en sus casas o en locales que tímidos abren sus puertas. Los curiosos ven llegar a los visitantes como extraviados que quizá erraron el camino entre la niebla. Muchos se ocupan de montar sus puestos de fierro y lonitas de plástico, preparándose para el tianguis. Es el día casi de fiesta, de movimiento, de gran actividad para la mayoría de la población.

El clima aquí quizá no es el ideal para muchos, pero toda esa humedad lluvia y cascadas da pauta para la belleza del lugar, la región Otomí – Tepehua que en esta parte está llena de bosque y misterio, de agua y niebla, de cultura y tradición. Cuentan los pobladores que aquí, en un paraje conocido como El Cirio, había pinturas rupestres que sus ancestros dejaron y que daban fe de su presencia centenaria. Esas pinturas ya no existen, pero su huella sigue presente en la manta, con sus bordados coloridos en grandes manteles, carpetas o lienzos.

Cada una de las figuras que se estampan en los lienzos de manta, según la tradición, reflejan la flora y fauna sin presencia del hombre, a veces sin forma definida. Estas formas coloridas son conocidas como los tenangos, elaboradas principalmente en la comunidad de San Nicolás, perteneciente a Tenango de Doria.

Hay que avanzar todavía más, por un agreste camino para llegar ahí. San Nicolás luce apacible también, mientras sus pobladores, refugiados en sus casas y en horarios fuera de las actividades domésticas y agrícolas se dedican a bordar, pues en esta zona tan pobre, además de ser una añeja tradición, las piezas que van surgiendo de sus manos son una fuente de ingreso para el sustento. Aquí vive Doña Rogelia, que orgullosa muestra sus creaciones y en muy corto español explica que, para esto de los tenangos, el trabajo se divide: hay quienes dibujan sobre la manta, quienes bordan como ella y hay otros que distribuyen los productos. Muchos de los Hñahñu que aquí habitan hacen esta actividad como algo personal, en pequeña escala, para su beneficio y para “irla pasando”. Como en otras regiones, están muy alejados de otros beneficios que sustentan eso llamado “calidad de vida”. Estas estampas coloridas y costumbristas de la región son tan bellas que, incluso, cuentan que la marca francesa Hermés utilizó sus diseños en unas mascadas. Lo cierto es que, aunque hay incluso productores que mandan sus tenangos al extranjero, son los menos. La fama es internacional, pero el dinero apenas alcanza para el sustento local. Igual que muchos artesanos mexicanos, son presa de los intermediarios.

La mayor parte de lo que se elabora en San Nicolás, se reúne en Tenango de Doria los días domingos. De ahí llega entonces a San Pablito, desde donde se distribuye a toda la República y fuera del país. Al menos un 60 por ciento de las mujeres de los municipios de Tenango, San Bartolo y comunidades pertenecientes a Huehuetla se dedican a esto y los precios, después de pasar por varias manos, van desde bolsitas de 30 pesos hasta lienzos de tres mil pesos.

Manuel Tolentino Mendoza, comerciante de Tenango, explica que es muy poco el apoyo de las autoridades estatales, municipales y federales, pero cuando lo hay, el apoyo consiste en brindarles el material para trabajar sólo que “algunos han hecho mal uso… muchas veces los revenden para obtener el dinero, a los artesanos de la región les ha costado mucho trabajo ampliar su visión”.

Son constantes en sus diseños los dibujos de gallinas, conejos, caballos o perros aderezados con diseños que asemejan pétalos de colores muy vivos: amarillos, rojos, verdes y azules. Incluso, sobre fondos negros se pueden ver bordados en blanco o dorado, fondos amarillos con bordados blancos o rojos y muchas combinaciones más. Los tenangos se han convertido en los códices donde las mujeres dejan el testimonio de su vida cotidiana.

“Mis hijas ya casi no quieren bordar… es que se gana muy poco…” dice con cierta pena Doña Roge, mientras nos muestra el lienzo que acaba de terminar una noche antes y que le llevó un año elaborar: “mire… aquí está la carretera ahí por donde usted llegó, ¿lo ve? Y junto a la carretera está esta gran roca que está aquí… estás figuras son de cazadores de pajaritos… aquí hay tlacuaches… aves…” Hay en esa hermosa pieza elaborada con las manos y el corazón una extensa variedad de flora y fauna, especies en peligro de extinción cultural que, sin un plan para conservarla, se pudiera perder poco a poco, inexorablemente.