Hallazgo: Shostakóvich entre Las Ruinas de Beethoven

"Al escuchar Las Ruinas de Atenas, una obra de madurez de Beethoven, me encontré con que de ahí procede el más memorable de los temas del Octavo Cuarteto para cuerdas, Opus 110".
Shostakóvich logra mediante hábiles malabares en la partitura, pasar mensajes cifrados, burlando la censura.
Shostakóvich logra mediante hábiles malabares en la partitura, pasar mensajes cifrados, burlando la censura. (Especial)

Torreón, Coahuila

Shostakóvich compuso quince Cuartetos para cuerda, de los cuales el Octavo es el más famoso y comentado. A esta obra se le ejecuta y se le graba cada vez con mayor frecuencia, es citada en textos, es motivo de análisis y se le nombra con especial énfasis en los libros que se le dedican a su autor.

Por eso me sorprendí tanto el día que, al escuchar Las Ruinas de Atenas, una obra de madurez de Beethoven, me encontré con que de ahí procede el más memorable de los temas del Cuarteto.

Mi sorpresa aumentó cuando al releer los textos acerca de Shostakóvich a los que tuve acceso, impresos o en internet, no pude encontrar una sola mención acerca de esta tan significativa cita. Incluso tuve la oportunidad de entrevistar al célebre violoncelista mexicano Carlos Prieto, quien conoció al compositor en persona y acaba de publicar el libro "Shostakóvich. Genio y Drama" (Fondo de Cultura Económica, 2013).

Sobre esto respondió: "Conozco muchos libros sobre Shostakóvich, libros de autores rusos, ingleses, americanos, franceses, polacos y nunca he visto nada sobre esta similitud con un tema de Las Ruinas de Atenas [...] Para mí es una absoluta novedad".

Shostakóvich logra mediante hábiles malabares en la partitura, pasar mensajes cifrados, burlando la férrea censura de los comisariados culturales.

LAS BOMBAS CAYENDO SOBRE DRESDE

Dimitri Shostakóvich sufrió toda su vida la enorme presión ejercida por el Estado Soviético sobre su creatividad. No es exagerado afirmar que, de haberse hecho públicas unas composiciones que guardó en el más absoluto secreto, o con tan sólo revelarse el verdadero significado de algunas de sus más importantes obras, habría sido ejecutado.

En las supuestas memorias dictadas a Solomón Vólkov casi al final de su vida, un deprimido Shostakóvich resume su trágica existencia con una sombría declaración: "Mirando atrás, no veo sino ruinas, sólo montañas de cadáveres".

Por un lado, los grandes talentos como Prokófiev, Miaskóvsky, Shostakóvich y varios más, recibían premios y numerosos reconocimientos oficiales, sus obras aprobadas eran motivo de los más sonados estrenos en la URSS y en el extranjero, y por el otro, sus trabajos y sus vidas eran motivo del más exhaustivo escrutinio por parte de las autoridades.

El Octavo Cuarteto para cuerdas, Opus 110, tiene una especial significación dentro de toda la producción de Shostakóvich por muchas razones. Aunque ya desde antes de su estreno fue anunciado por la oficialidad con el subtítulo propagandístico "A las víctimas del fascismo y la guerra," y en una emisión por radio se le dijo al auditorio soviético que en su memorable segundo movimiento "Se podían escuchar las bombas cayendo sobre Dresde", su contenido real difiere bastante de estas versiones.

Él la escribió a manera de autobiografía musical, en una época de su vida en que lúgubres pensamientos rondaban su cabeza. El compositor fue enviado en el verano de 1960 a la ciudad de Dresde, en la Alemania Oriental, con el encargo de confeccionar la banda sonora de la película Cinco Días, Cinco Noches, pero dedicó sus esfuerzos a la creación de un trabajo personal por completo.

Shostakóvich logra mediante hábiles malabares en la partitura, pasar mensajes cifrados, burlando la férrea censura de los comisariados culturales. Este recurso, que venía utilizando desde inicios de los treinta, fue madurado por él hasta convertirse en un consuelo y un alivio.

Sólo algunos oyentes avispados alcanzaban a intuir sus verdaderas intenciones y por su parte, Shostakóvich se cuidó en confiar este secreto a un puñado de sus íntimos amigos. Uno de ellos fue el musicólogo Isaak Glikman, a quien Shostakóvich

reveló la verdadera historia del Octavo Cuarteto en una –ahoraconocida carta: "En lugar de eso, escribí un cuarteto que no sirve para nada y que es ideológicamente reprobable. Estuve pensando que, si me muriera, sería difícil que alguien compusiera una obra en mi memoria. De modo que decidí escribir yo mismo algo así. En la cubierta de la partitura se podría poner también: 'Dedicado a la memoria del compositor de este cuarteto'. El tema principal del cuarteto son las notas D. Es. C. H., es decir, mis iniciales (D. Sch). En el cuarteto también hay temas emparentados con otras composiciones, así como la canción revolucionaria "Atormentado por el duro cautiverio".

"Estos temas remiten a la Primera Sinfonía, a la Octava, al Trío, al Concierto para violoncelo, a Lady Macbeth. De manera indirecta aludo a Wagner (a la marcha fúnebre de El ocaso de los dioses) y a Chaikovski (2º tema del primer movimiento de la Sexta sinfonía). Por cierto, ¡olvidaba mi Décima Sinfonía! ¡Vaya mezcolanza! Este cuarteto destila tal dramatismo teatrero que eché tantas lágrimas mientras lo componía como aguas se echan tras media docena de cervezas".

"Cuando volví a casa, intenté tocarlo en dos ocasiones y de nuevo me deshacía en lágrimas. Aunque esta vez no se debían ya a su carácter pseudotrágico, sino a lo maravillosamente cerrada que resulta su forma. Claro que es muy posible que aquí me sienta un tanto embriagado ante mi propia genialidad, embriaguez que posiblemente también se me pase pronto, pues por lo crítico que suelo ser conmigo mismo, ya estoy viendo venir la resaca".

Como afirma el periodista alemán Bernd Feuchtner, "esta es una auténtica 'obra cifrada' pues, cuando se han 'descifrado' todas las ideas preconcebidas, las demás van cayendo una tras otra como fichas de dominó".

Pero además, Shostakóvich revela aquí no sólo hacer auto citas, sino que echa mano a composiciones ajenas. La interrogante es evidente: ¿Por qué no menciona en esta carta, dirigida además a un amigo de toda su confianza, que utiliza un tema de Beethoven y que lo utiliza precisamente para la parte más expresiva, teatrera y dramática de su Cuarteto?

Por si fuera poco, el tema judío del segundo movimiento ya había sido empleado –como la lectura de la carta y una sencilla audición lo corrobora en el Segundo Trío para piano, Opus 67, compuesto dieciséis años antes y considerado una de sus obras más importantes de la época de la Segunda Guerra Mundial.

Un testigo de su estreno en Moscú, el violinista Rostislav Dubinski, dejó el siguiente testimonio: "La música causó una impresión devastadora. Muchos de los asistentes lloraron abiertamente. El último movimiento, el de inspiración judía, tuvo que repetirse por demanda del público". El Trío ganó pronto una gran popularidad, y en 1946 recibió un Premio Stalin, de segunda clase, lo cual confirmó su aceptación oficial.

LA RADIANTE BESTIA BORAKAN

Beethoven compuso Las Ruinas de Atenas en 1811, como música incidental para una obra de teatro del mismo título escrita por August von Kotzebue, que se estrenó al año siguiente en la ciudad de Budapest. Aquí en México y en Latinoamérica su Marcha Turca puede ser reconocida por cualquiera, pues se popularizó monstruosamente desde que fue elegida para, en el arreglo en música electrónica grabado por Jean-Jacques Perrey, ser usada como la música de entrada de El Chavo del Ocho.

Y es justo del número previo a esta marcha de donde Shostakóvich tomó el que he identificado como el Tema Judío del Segundo Trío para piano y del Octavo Cuarteto. En la obra de Beethoven, este segmento lleva por título "Coro de Derviches" y su letra, cantada en alemán, dice lo siguiente: "En los pliegues de tus mangas tú llevas la luna y la has destrozado, ¡Ka'abah! ¡Mohamed! Tú has cabalgado en la radiante bestia Borakan y has subido hasta el séptimo cielo. ¡Gran Profeta! ¡Ka'abah!

Llama poderosamente la atención que a simple oída, Beethoven otorga un significado islámico a esta música. Cabría preguntarse si el tema es original suyo, o bien, lo tomó de alguna melodía folklórica.

Beethoven compuso Las Ruinas de Atenas motivado por los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad emanados de la Revolución Francesa, con los cuales comulgó toda su vida. El anecdotario nos refiere que había dedicado su Tercer Sinfonía, la Heroica, a Napoleón. Dedicatoria que borró cuando Bonaparte se hizo coronar emperador.

En los años que Beethoven escribió Las Ruinas de Atenas, la lucha de Grecia por liberarse de la dominación turca era un tema de actualidad, por cierto aderezado de exotismo y los sectores más progresistas de la intelectualidad europea se sumaban a la causa. Pronto, los románticos de la generación inmediata como Lord Byron y Eugene Delacroix, tomarían partido y expresarían su parecer con sus obras y sus acciones.

Bajo la óptica de que en Beethoven el tema musical aparece relacionado a la idea de una poderosa fuerza represora y sobre todo, a la lucha que debe librarse para sobrevivirla aún sin esperanzas de conseguir la emancipación, resulta transparente la razón por la cual Shostakóvich se apropia de él y lo emplea en sus expresivas composiciones.

-¿No será una casualidad?-, me cuestiona Carlos Prieto. Pues si lo es, sería una casualidad grande como una catedral, pienso, y le respondo que no, pues los temas son igualitos, además de tratarse de un segmento de varios minutos y no de unos cuantos compases.

"EL OCTAVO CUARTETO SOY YO"

Dimitri Shostakóvich tenía por Beethoven una enorme admiración que, todos quienes han estudiado la obra del ruso pueden constatar con facilidad. "Con Beethoven, tenemos todo: el clasicismo, el romanticismo y el siglo XX", dijo entusiasmado Shostakóvichen alguna ocasión.

Carlos Prieto narra en su libro que "En 1993 estuve en Moscú y visité a la viuda y a la hija del compositor. La visita tuvo lugar en su apartamento (...) Un busto de Beethoven captó mi atención y me trajo inmediatamente a la memoria la Sonata para Viola y Piano". Completada pocos días antes de su muerte, en su tercer movimiento, lo último que compuso, aparece un motivo de la célebre sonata para piano Claro de Luna, de Beethoven, motivo que se repite a lo largo del desarrollo de este adagio final.

No deja de conmover que Shostakóvich haya elegido despedirse de su existencia celebrando a Beethoven. En Shostakóvich, cuando se encuentran citas y autocitas de esta índole, no pueden ser casualidades. Al menos es lo que argumentan la mayoría de sus biógrafos (incluido Carlos Prieto, en su libro) pues él era un ser muy racional que además, poseía una portentosa buena memoria.

¿Cuál es la razón de que, tratándose de obras sobre las cuales se ha escrito tanto, no se había señalado antes esta cita?

La identificación de Shostakóvich para con su Octavo Cuarteto es manifiesta: la obra comienza y cierra con la firma musical conformada por las cuatro notas equivalentes a sus iniciales, tal como lo explica en la carta dirigida a Glikman y este núcleo firma se repite durante todo el cuarteto. Según RustilslavDubinsky, primer violín del conjunto que la interpretó en la noche de su estreno, el presidente de la Casa de los Compositores "empezó a hablar de la guerra y del heroísmo del pueblo y del Partido Comunista. Shostakóvich se levantó y gritó: ¡No, no: el Octavo Cuarteto soy yo, protestando personalmente contra cualquier tipo de fascismo!".

Otro interprete, el violinista Sergei Lomovski, afirmó que "Beethoven era un dios para él. De manera inteligente, Shostakóvich siempre incluyó citas de piezas de Beethoven en sus obras. A veces no son citas directas, sino sencillamente alusiones. Sólo pueden ser descubiertas a través del estudio intenso de su música. Pero ahí están y son elementos que se pueden escuchar constantemente en sus obras".

Pero tampoco esta afirmación despeja la incógnita planteada al inicio y las interrogantes se han ido acumulando. ¿Por qué Shostakóvich no menciona entre las autocitas y citas externas usadas en el Octavo Cuarteto la que sin duda es la más significativa, la del Coro de Derviches de Las Ruinas de Atenas, de su admirado Beethoven?

¿Cuál es la razón de que, tratándose de obras sobre las cuales se ha escrito tanto, no se había señalado antes esta cita? ¿Beethoven fue consciente de estar utilizando un tema judío para expresar un episodio islámico, el tema de los Derviches fue compuesto por él o recurrió a una melodía folklórica que consideró adecuada a sus fines?

¿Puede tratarse tan sólo de una casualidad enorme? ¿Puede ser que nunca antes nadie haya reparado en esto por la sencilla razón de que para Shostakóvich el tema del Coro de los Derviches no estaba escondido sino al alcance de todos? "Pues es una cosa muy evidente, pero no lo tengo en ninguno de los libros sobre Shostakóvich, en ninguno. Ha hecho usted un descubrimiento importante", me dice Carlos Prieto.