Fiestas decembrinas han tenido cambios

Estados Unidos ha influido en la llegada de iconos a NL, particularmente a partir de la década de 1950, con la llegada de la televisión.
Héctor Jaime Treviño Villarreal.
Héctor Jaime Treviño Villarreal. (Raúl Palacios/Archivo)

Monterrey

La frontera con Estados Unidos y el acceso a distintos canales de comunicación han influido en que íconos de la Navidad, como lo es la figura de Santa Claus, hicieran presencia en los hogares regiomontanos a partir de la década de 1950.

El historiador Héctor Jaime Treviño Villarreal refiere que hasta hace unos 60 años en la localidad “no se hablaba de regalarle juguetes” a los pequeños, ni qué pensar en comprar un árbol para llenarlo de adornos.

“Dependía mucho de las condiciones, por ejemplo aquí se decía que los regalos los traía el Niño Dios y no Santa Claus; incluso, en muchos pueblos y ranchos ni se pensaba en otorgar regalos a los niños”, explica Treviño Villarreal.

La llegada de Papá Noel se empieza a difundir con mayor fuerza con la televisión.

Hoy los regalos radican en aparatos tecnológicos, balones de fútbol de cierta marca o incluso la playera de algún equipo de fútbol europeo.

La historia es distinta cuando se habla del árbol de Navidad. Un escrito del historiador Ahmed Valtier sitúa la primera referencia a este símbolo en Monterrey en un escrito de un soldado austriaco en 1866 quien asegura haber visto un “pino navideño” en estas tierras.

Por su parte, Héctor Villarreal asegura que con el asentamiento de familias alemanas a finales del siglo XIX, este elemento se empezó a difundir entre las casas regiomontanas. Si bien no todos podían adquirir un pino, se utilizaba un mezquite o algún huizache para estas fechas.

“Los pinos eran muy caros y pues nuestros pueblos no se podían dar esos lujos, entonces cortaban un pedazo de mezquite o huizache y los pintaban de dorado o plateado, adornándolo con el llamado pelo de ángel”, relata.

Los ritos para celebrar la Navidad eran distintos, por ejemplo, se acostumbraba que la cena se sirviera hasta después de la Misa de Gallo, es decir, a medianoche.

La preparación de los alimentos era una oportunidad para que los padres involucraran a los hijos.

Los cambios que se han registrado en cuando a la celebración de la Navidad, no se puede decir que éstos sean para mal, establecieron.

“Tenemos que advertir que son épocas distintas, hoy no podemos decir que hayan cambiado las tradiciones para mal, simplemente son otros tiempos”, opinó Treviño Villarreal.