La política hace un espacio a expresiones culturales

Desde la mezcla de rock y el huapango o de la música clásica con el pop; artes plásticas y escénicas, fueron parte de lo que se proyectó en el parque Bicentenario de Madero.
Festival en Parque Bicentenario.
Festival en Parque Bicentenario. (Eugenia Gómez )

Ciudad Madero

Escaparates para tomarse fotos que imitaban capturas de Instagram; una mándala diseñada para funcionar como techo, donde los asistentes descansaron en salas tipo lounge construidas con material reciclado; un espacio de competencias de fuerza y rapidez para los espectadores más ágiles y atrevidos; luchas con trajes de sumos; una zona pensada para duelos entre gamers, donde los más pequeños se reunieron frente a una mega pantalla para observar las retas de smash bros; y una rampa donde los skates hicieron piruetas sobre patinetas y bicis ganándose gritos y aplausos.

Eran tantas cosas por ver, que no sabía dónde empezar.

Las personas se dieron cita al parque Bicentenario pasadas las siete y media de la noche, pues el calor que se había sentido el domingo dificultó salir a pasear en horas donde el sol todavía brilla sobre Madero.

Lo primero que se vislumbraba al entrar era una mesita donde cerca de 9 muchachos te pedían registrar tu nombre y correo, obteniendo a cambio un montoncito de tickets que podías intercambiar por agua, trolelotes y otras chucherías en los stands señalados.

De sobra está mencionar que fue uno de los lugares más concurridos, pues a las golosinas gratis nadie se resiste.

Al continuar, nos topamos con un arco gigante de material que en aspecto pasaba como madera y había sido cubierto con posters que daba el aspecto de pertenecer a un festival de música electrónica.

Enseguida había un grupo de chicos que con pintura en aerosol dibujaban una flor de tres pisos; si uno deseaba participar en la actividad, ellos te prestaban latas con spray para que hicieras trazos dentro de los pétalos que posteriormente iluminarían con colores amarillo, rojo, naranja, azul y rosa.

Entre las cosas que más resaltaron, figuró una serie de contenedores apilados que formaban una galería donde se mostraron pinturas crea das por universitarios de la región.

En el escenario se presentaron grupos como Azul Karmin y Burdel; conjuntos musicales que interpretaron covers de Soda Stereo, Enanitos Verdes y otras bandas cuyas canciones son conocidas por chicos y grandes; Rockpango con un estilo muy distinto que mezclaba huapango con rock como su nombre lo dice causó asombro entre los adultos; un grupo de hip hop puso a la audiencia a corear rimas, y el favorito; que tras su participación se llevó una gran ovación, el grupo de cuatro chicas que con chelo y violín tocaron éxitos de System of a Down.

El acto cerró con dj's que pusieron a bailar a los adolescentes, demostrándoles que para vivir un rato agradable con los amigos no hace falta alcohol, pues en el evento no se permitió el acceso de bebidas embriagantes, y en mi opinión, no hicieron falta.

Aunque los montajes y la decoración fueron creativos y distintos a lo que se acostumbra a ver por aquí, lo cierto es que el aplauso en el festival se lo llevan dos sectores: los talentos que participaron, los cantantes, grafiteros y diseñadores, entre otros, que aprovecharon la oportunidad y exhibieron sus trabajos, quienes dejaron ver la imaginación y dedicación que ponen cuando se les brinda una plataforma para brillar; y el público, que interactuó y redescubrió durante el festival una manera de convivir con su familia, amigos y compañeros, que exploró como es un festival cultural y vivió una forma de diversión sana que no solo permite nutrirse de nuevos conceptos e ideas, sino que refuerza valores y lazos con nuestra localidad, porque el "aquí nunca hacen algo padre" puede desaparecer si la ciudadanía sigue exteriorizando su interés en eventos así.