La mejor vista del FIC está en una terraza particular

La casa de la familia de Enrique Álvarez Aguilar es el lugar ideal para presenciar los espectáculos de la Alhóndiga de Granaditas.
El edificio es tienda de artesanías, casa y palco.
El edificio es tienda de artesanías, casa y palco. (Jesús Quintanar)

México

Desde que los organizadores del Festival Internacional Cervantino (FIC) descubrieron que la Alhóndiga de Granaditas podría convertirse en un magnífico escenario al aire libre, existen "espectadores VIP".

Se trata de público que cuenta con lugares especiales, un privilegio que ha sido heredado de generación a generación; son personas que tienen garantizada, de por vida, la mejor vista en los grandes espectáculos del Cervantino.

Y no porque paguen miles de pesos para garantizar un espacio, ni porque tengan contactos especiales, ni porque sean los influyentes primos de un amigo. En realidad son los propietarios de una casa con una terraza que tiene la mejor vista hacia la explanada del histórico escenario, donde se presentan los mejores espectáculos populares del Cervantino.

Se trata de la familia de Enrique Álvarez Aguilar, que para la clausura de la edición 42 del FIC tiene garantizada la mejor vista para el concierto que ofrecerá mañana el panameño Rubén Blades —quien, por cierto, no autorizó los permisos para que el Canal 22 grabara su espectáculo, como lo ha hecho durante todo este Cervantino. Dicho sea de paso: la expectación que ha generado su presencia no solo propició que los boletos se agotaran muy pronto, sino que todos sus fans, apenas se enteraron de su participación en la llamada Fiesta del Espíritu, reservaron con mucha anticipación las habitaciones en los hoteles, los cuales reportan una ocupación total para este fin de semana.

Contrastes y bemoles

Desde que nació, Enrique ha sido un espectador VIP; dice que durante el año nadie lo saluda, pero cuando se acerca el Cervantino todo mundo le habla para que los invite a ver algún espectáculo desde el mejor lugar de Guanajuato: su azotea.

Este inmueble fue adquirido por su abuela para establecer el despacho del papá de Enrique. Al cerrar el bufete jurídico, la casa se rentó: como espacio comercial fue alquilado por un zapatero, después por los dueños del restaurante Los Pericos Negros y en alguna ocasión se rentó solo la terraza por las tres semanas que dura el festival. Actualmente hay una tienda de artesanías en la planta baja, mientras que la parte superior es utilizada como casa habitación.

Enrique, quien es profesor de artes visuales de la Universidad de Guanajuato, recuerda que cuando era niño venía a este lugar —que ahora habita con su esposa y su hijo— con amigos de la familia: "Abríamos las ventanas, los balcones y, por supuesto, nos subíamos a la terraza a observar los espectáculos de la inauguración y la clausura del Cervantino. Me acuerdo del Ballet de Amalia Hernández y del concierto de Café Tacuba, que estuvo muy bueno.

"Mis papás me comentan que en los inicios del Cervantino se presentó el ballet ruso Bolshói. A mí me parece un contraste que antes traían a este tipo de compañías y recientemente, para los 40 años del festival, trajeron a El Recodo. Qué contraste, no sé qué pasó".

Agrega: "Me contaban que cuando empezó el Cervantino el festival tuvo mucho apoyo por parte de la entonces primera dama, la señora Carmen Romano, lo cual fue fundamental para proyectar al FIC, que tiene como antecedente los Entremeses Cervantinos del maestro Enrique Ruelas, en los que mi familia y yo mismo hemos actuado: mi tío es el Sancho Panza, por ejemplo".

No obstante, el privilegio de ser espectador VIP también tiene sus bemoles, debido a que en muchas ocasiones las pruebas de luces y sonido son a medianoche, lo que significa que los integrantes de la familia no pueden dormir y tienen que salir huyendo en busca de un refugio para poder descansar.