Avándaro, un testimonio

"Avándaro 1971" no es una plaquette de poesía, como sus predecesoras.
Una peregrinación increíble.
Una peregrinación increíble. (Especial )

Editada por la Casa del Poeta Laura Méndez de Cuenca, que forma parte del programa Casas del Poeta A. C., una casa particular en Toluca que realiza actividades culturales en escuelas del entorno, la publicación Avándaro 1971 no es una plaquette de poesía, como sus predecesoras. Es el testimonio de un joven maestro mexiquense, Francisco Javier Estrada, sobre la problemática de la juventud de aquellos años, a partir de su experiencia de haber asistido con otros profesores al Festival de Rock y Ruedas de Avándaro.

El año pasado, Thelma Morales García, directora del Museo de Culturas Populares del Instituto Mexiquense de Cultura, organizó la exposición Rock en Toluca, una historia que contar, que incluyó conciertos, conferencias y mesas redondas. A una de ellas asistieron Estrada y uno de sus compañeros de aventura, Héctor Marín, para hablar de su experiencia en el festival. Con la idea de que el testimonio original de 1971 no se perdiera, Avándaro 1971 fue editado en el programa editorial mexiquense.

Estrada cuenta que la Dirección de Educación del Estado de México envió a un grupo de maestros de primaria al Festival de Avándaro, pues "la situación estaba muy tensa porque el movimiento de 1968 estaba cerca y lo de junio de 1971 todavía más. Así que, en lugar de mandar policías, ejército o granaderos, decidieron enviar grupos de puros jovencitos —en promedio 20 años—. Nuestra tarea era simplemente ver qué sucedía, pues había mucho miedo de que se fuera a armar una bronca, que hubiera violencia contra los policías estatales. La sorpresa fue que en dos días no hubo una sola tragedia en un lugar donde había cerca de cien mil personas —aunque se habla de cantidades diferentes—. Estuvimos en santa paz, con mucha música, muchísimo lodo y agua porque llovió sin parar, sin alimentos, sin lugares donde comprar —no había vendedores ambulantes—. Fue una experiencia fenomenal para nosotros como jóvenes, después de que estábamos satanizados".

El ahora escritor, que en su adolescencia había formado un grupo con el que imitaban a los Beatles con mímica, porque ni siquiera tocaban instrumentos, explica que su misión "era ir a observar a los jóvenes: cómo éramos, cómo nos comportábamos. La experiencia fue enriquecedora: vivimos unos días maravillosos en Avándaro, a pesar del tráfico terrible, las largas caminatas por el bosque, la falta de lugares para dormir. Estábamos desesperados, por haber pasado toda la noche entre la lluvia, pero maravillados de esta peregrinación increíble, tal como había sucedido en los festivales de Woodstock y Monterey".