Festival del mariachi de Xoloxtitla, único en Hidalgo

El festival es oportunidad de encuentro entre músicos, resalta la tradición familiar de los grupos en el cartel, la experiencia de sus integrantes, muchos de ellos con más de diez años tocando y ...
Este año llegaron a esta comunidad de Epazoyucan agrupaciones hidalguenses, poblanas y tlaxcaltecas.
Este año llegaron a esta comunidad de Epazoyucan agrupaciones hidalguenses, poblanas y tlaxcaltecas. (Héctor Mora)

Epazoyucan

Son seis años consecutivos que la comunidad de Xoloxtitla organiza un festival de mariachis en honor a su santo patrón, el Señor de Esquipula, una tradición surgida al interior de una familia de músicos, cuyos miembros son ejemplo del orgullo que representa interpretar la música mexicana.

Este año llegaron a esta comunidad del municipio de Epazoyucan seis agrupaciones, cuatro hidalguenses, y dos más invitadas de los estados de Puebla y Tlaxcala, el objetivo es difundir la música tradicional y contagiar la fiesta que provocan los mariachis desde el primer acorde.

“La idea surgió cuando nos tocó la organización de los festejos de feria del santo patrón, no había ningún atractivo para la gente del pueblo y mucho menos para que llegaran a visitarnos de otros lados, y en mi familia somos músicos, y por eso decidimos juntar un cartel con más mariachis e iniciar un evento que afortunadamente ha sido del agrado de la gente”, comentó José Luis González Islas, miembro del mariachi Luceros de Hidalgo, de Xoloxtitla.

El festival es oportunidad de encuentro entre músicos, resalta la tradición familiar de los grupos en el cartel, la experiencia de sus integrantes, muchos de ellos con más de diez años tocando y no rebasan la mayoría los treinta años de edad.

Oportunidad también para promocionar el trabajo profesional de los mariachis, una profesión que ajeno a lo que piensen muchos aún deja para mantener una familia, pero a la que hay que invertir mucho tiempo y capital.

Así lo compartió Hugo González, violín del Juvenil Luceros de México, grupo encargado de abrir el festival que se prolongó hasta cercana la una de la mañana, y que mantuvo su aforo aún con el frío.

“Actualmente en Pachuca se cobra un promedio de 2 mil 500 pesos por hora, de eso depende si se quiere que el mariachi lleve sombrero, lo que aumenta el costo casi mil pesos, pero hay garantía que por lo menos durante el fin de semana tengamos una tocada por día”, comentó.

Y ser mariachi no es barato, la mayoría tiene otra profesión, y para ser parte de un grupo hay que invertir cerca de 10 mil pesos, entre el instrumento musical y vestuario.

Según Andrés Ramírez, director de turismo de Epazoyucan, el festival ha ido en aumento en cuanto a convocatoria, y este año esperaban la llegada de 3 mil personas para los festejos del Señor de Esquipula, lo que significa una importante derrama económica al pueblo.

“Es el único festival en su tipo en el estado, lo que genera mucha expectativa desde el ámbito comercial hasta el turístico. Además que Xoloxtitla tiene unos muy buenos mariachis, y un día se da muestra de esta tradición. La feria es más larga, dura todo el fin de semana y se organizan eventos de charrería y muestra gastronómica entre sus actividades.”

Señor de Esquipula

Xoloxtitla es un pueblo viejo y en su mayoría de vocación agrícola, pero si por algo se le conoció durante años fue por su producción pulquera, y fue por esa tradicional bebida la que inició una tradición.

En el pueblo cuentan que unos hombres venían cargando a un cristo de madera en una procesión rumbo al santuario del Señor de las Maravillas, pero decidieron hacer estación en Xoloxtitla y de paso paladear su tan conocido pulque.

Y se quedaron como cuatro días en la borrachera, y cuando se iban no tenían con qué pagar la cuenta en el tinacal, por lo que a la señora encargada le dejaron en prenda la imagen del cristo que llevarían a santiguar.

Pasaron años y los peregrinos nunca llegaron para saldar cuentas, por lo que el viejo cristo fue dispuesto en un árbol afuera del tinacal, y al ver que iniciaba ya una devoción por la imagen se decidió construir una iglesia para darle alojo, y mandar restaurar la imagen a Tulancingo, donde el obispo lo nombró como actualmente se le conoce, Señor de Esquipula.

Era la década de 1930, y desde entonces la devoción al santo creció, hasta que los fieles le decidieron dedicar un festival de música mexicana.