Festival de Teatro de Caracas / y II

El Festival rompió récords de público con salas casi siempre al 100 por ciento de su capacidad.
"Reverón… El pintor de la luz".
"Reverón… El pintor de la luz". (Especial)

México

En su cuarta edición, el Festival de Teatro de Caracas —que organiza Fundarte de la Alcaldía del Municipio Libertador— tuvo a la Argentina como invitado de honor en una fiesta en la que también departieron grupos de Bélgica, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, España, Francia, Italia, Nicaragua, México y Uruguay. Un par de semanas antes de realizarse el encuentro (inicialmente programado para marzo), las oficinas de Fundarte sufrieron un incendio en el que se perdieron miles de libros, computadoras, equipo y la papelería del gran evento que venía. La sorpresa para los invitados fue que la desgracia se remontó con firmeza y osadía, y el Festival rompió récords de público con salas casi siempre al 100 por ciento de su capacidad. En términos taurinos diríamos que Fundarte se creció ante el castigo y logró, en menos de un mes, sacar adelante la festividad más grande del teatro venezolano con la vuelta de tuerca (y al ruedo) que significó hacerlo por primera vez con carácter internacional.

Ay, amor ya no me quieras tanto, de y con dirección de Lucero Millán en colaboración con René Medina, llegó de Nicaragua a los escenarios caraqueños con este drama íntimo de dimensiones poéticas. Millán es una sinaloense que ha hecho su vida y quehacer artístico en Managua a partir de la revolución sandinista, y es hoy una de las cartas fuertes de ese país del que conocemos tan poco en términos teatrales. Y de Venezuela tampoco es que conozcamos mucho más: por supuesto que hemos visto al grupo Rajatabla junto con algunas obras de Gustavo Ott o Rodolfo Santana. La nómina de autores como Ignacio Cabrujas, Román Chalbaud, Elio Placencia, Xiomara Moreno, César Rengifo, Carmen García Vilar, José Miguel Vivas y un largo etcétera nos hablan de una dramaturgia palpitante que nutre una escena.

Asistimos, por ejemplo, a un Reverón… El pintor de la luz, dramaturgia de Marisol Martínez y Gabriel Agüero, con dirección de la primera y con la producción del Centro Nacional de Teatro. Amén de un texto deficiente, la puesta parecía un catálogo de ocurrencias que no nos permitieron (a ojos extranjeros) enterarnos de la figura del importante artista plástico venezolano Armando Reverón. Un Otelo extraordinario, en cambio, nos atrapó por la increíble dirección de actores de Javier Moreno, con Antonio Delli como Yago y William Cuao como Otelo. Y la sorpresa deliciosa fue asistir a la frescura de la ópera prima de la dramaturga Karin Valecillos (estrenada en 2007): Lo que Kurt Cobain se llevó, con dirección de Jesús Carreño, obra que toca a una juventud tan venezolana como latinoamericana.