Terminó el Festival de Cultura Incluyente La Apabullante Minoría

Con el curso de fotografía De la normovisión a la ceguera concluyeron las actividades dejando en claro que para mirar es importante la imaginación.
El taller fue impartido por la asociación ArteSano Buró procedente de Querétaro.
El taller fue impartido por la asociación ArteSano Buró procedente de Querétaro. (Carlos Zepeda)

Guadalajara

El Festival de Cultura Incluyente La Apabullante Minoría concluyó su primera edición con pocos asistentes pero con una red de personas dedicadas a trabajar para y por la discapacidad más fortalecida, comenta Valeria Guzmán, coordinadora de este encuentro auspiciado por la Secretaría de Cultura de Guadalajara.

“Hubiera sido interesante captar más gente pero es un festival nuevo que tiene que ir sembrando poco a poco. La gente tiene la idea que era para los grupos en cuestión y en realidad era para todos. Conforme las ediciones tomaremos lugar”, dice la también psicóloga y gestora cultural, quien dice que hay una gran riqueza entre asociaciones independientes que luchan por grupos con capacidades diferentes.

Por su parte, Miguel Ángel Herrera, integrante de la asociación civil ArteSano Buró que vino desde Querétaro al festival a coordinar un taller de fotografía para invidentes, asegura que hubo iniciativas importantes y de calidad con poca afluencia y entiende que se debe en buena parte a que es un festival nuevo y muy valioso para la ciudad, “con el pasar de los años creo que está llamado a ser un festival importante. Guadalajara se pone en el mapa que está innovando e intentando generar políticas culturales incluyentes”, dice.

Herrera tiene realizando este taller desde hace dos años, él dice que es un espacio de producción e investigación en torno a la imagen y la ceguera, en este momento el taller lo forman 18 invidentes y débiles visuales que hoy llevan 600 horas trabajando con fotógrafos de Querétaro, Distrito Federal, Oaxaca, Venezuela y en noviembre reciben a un artista invidente de Nueva York.

Originalmente era un curso en el que invidentes enseñarían a personas con vista a tomar fotografías con los ojos cerrados y la imaginación abierta. Al final se conformó un grupo mixto donde se integró una persona invidente de nacimiento que tomó por primera vez una cámara en sus manos, un fotógrafo profesional que fue perdiendo la vista y abandonó su cámara. Así con polvo llegó al taller a reaprender a tomar fotos. Después se incluyó también una artista visual con deseos de mirar más allá de la vista, que es la propuesta del taller.

Herrera señala que es en este sentido que Douglas McCulloch, el curador de la primera gran exposición internacional de invidentes titulada La mirada invisible que lleva cinco años en gira mundial con presencia en México y la tuvieron en Querétaro, asegura que cada día se suben 15 mil millones de imágenes a Facebook. “Así en una sociedad de sobreabundancia de imágenes el invidente logra cierta libertad creativa que permite hacer fotografías diferentes”, asegura Herrera.

Del 4 al 19 de octubre, como parte de este festival, se realizaron cuatro talleres, dos tertulias musicales y literarias, cinco obras de teatro, uno de acrobacia indígena, seis mesas de diálogo, una exposición de fotografía y pintora, dos conferencias en locaciones como LARVA, el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas, en la Biblioteca Cornejo Franco, en el Centro Cultural Atlas, la explanada del Instituto Cultural Cabañas, entre otros, rememora Guzmán.

Las imágenes en sombras

Alfonso Corona es un hombre que mide cerca de dos metros de altura que participó en el taller de fotografía con sus ojos cubiertos y narra la experiencia de esta manera: “Ante la imposibilidad de visión me sentí indefenso, me dejaron dos minutos junto a un árbol mientras pensaba, híjole, ¿y si me dejaron? y ¿si no regresan, qué voy a hacer? Dos minutos, estoy hablando que ellos tienen años y años en esa oscuridad. Una amiga invidente da conferencias y me pregunto cómo puede estar tan desarrollada, me queda claro que es cuestión de valor”.