El ‘revival’ de los zombis en las letras mexicanas

Raquel Castro y Rafael Villegas propusieron a 18 autores reinsertar al zombi en la narrativa contemporánea. Después coordinaron la antología 'Festín de muertos', publicada por Oceáno.
Ilustración de Richard Zela
Ilustración de Richard Zela

México

Raquel Castro y Rafael Villegas se conocieron en una charla sobre zombis en la que ambos eran ponentes: hablaron sobre los zombis en la literatura, en el cine, en los cómics. La discusión entre los dos escritores continuó cuando ya se había ido el público. Intercambiaron nombres de sus autores favoritos y se preguntaron qué había pasado con los zombis en la tradición cultural de México.

"A mi me hubiera encantado leer un cuento de zombis de Arreola o de Borges", dice ahora Castro (México, 1976), escritora y periodista. Lo que hicieron, en aquel entonces, fue convocar a 18 autores mexicanos para que integrasen al zombi en una narración corta. Así surgió Festín de muertos, la antología de relatos que coordinaron Castro y Villegas y que se acaba de publicar en la colección El lado oscuro, de Océano.

Ahí escriben Bernardo Esquinca, Alberto Chimal, Cecilia Eudave, Bernardo Fernández Bef, Karen Chacek, Luis Jorge Boone, César Silva Márquez, Norma Lazo, entre otros. "Les pedimos que utilizaron al zombi como una herramienta, cada uno desde su propio universo, su estilo y sus intereses", explica el narrador e historiador Rafael Villegas (Tepic, 1981).

Y los coordinadores pidieron, también, que los escritores se tomaran en serio la tarea: "Podían ser cuentos de humor o ironía, pero no parodia", dice Castro. "Porque ya estuvo bueno de esta falta de autoestima nacional que nos hace pensar que las buenas historias solo pueden ocurrir en Estados Unidos. Queríamos tomar el tema y llevarlo hasta sus últimas consecuencias”.

─¿Y a todo esto, cómo definen a un zombi?

─Todavía no hay una obra que fije la figura del zombi, hay muchas variaciones─ dice Raquel─. Nosotros nos deslindamos del zombi haitiano, que es un zombi vudú. Lo entendemos como el muerto que vuelve a la vida por un motivo claro o no claro: puede ser radiación, un virus, porque se conjuntaron las estrellas…

─Ya si son rápidos, lentos, listos o tontos, o si comen cerebros, no nos importa mucho─ interrumpe Rafael.

─Los zombis carecen de voluntad y atacan en enjambre.

Del cine a la literatura

La definición se amplía en la introducción que escribieron ambos para el libro de relatos: el zombi moderno es una criatura cinematográfica, "nacionalizado estadunidense pero de padres haitianos"; un ser que "se volvió global y multimedia".

Sus orígenes se remontan a principios del siglo pasado, cuando Estados Unidos invadió Haití en 1915. "Los rituales de origen africano de ese país se convirtieron en material de historias morbosas y terribles que poco a poco fueron cruzando el mar y fascinando a los estadunidenses".

Pero la que se considera su fuente más directa es La noche de los muertos vivientes (1968), de George A. Romero, una película que su vez tomó inspiración de otras obras como la novela Soy leyenda (1954) de Richard Matheson y la cinta de culto Carnaval de las almas (1962), de Herk Harvey.

En el cine mexicano, dicen Castro y Villegas, el zombi también se hizo un lugar. "Se volvió un personaje recurrente, aunque siempre como extra: nunca era el gran enemigo a vencer, sino sólo el lacayo del brujo o del científico desquiciado a quien el Santo o Blue Demon debían enfrentar", se lee en la introducción de la antología.

Zombis que no escapan a la realidad

Los zombis de Festín de Muertos se ven envueltos en situaciones profundamente contemporáneas. El de Alberto Chimal es un zombi que ataca al nieto intelectual de un conocido narcotraficante. El de Bef es un niño apestado, expulsado de la escuela, que queda en manos del grupo zombi de los Zetas. Y Karen Chacek es ella misma una zombi que reflexiona sobre la violencia en las relaciones amorosas.

(Ilustración de Bernardo Fernández Bef)

Otros son cuentos zombis que recapitulan sucesos históricos. Como La otra noche de Tlatelolco, donde Bernardo Esquinca imagina que los estudiantes asesinados reviven en la Plaza de las Tres Culturas para cobrar venganza contra sus agresores.

En el resto de los relatos hay apocalipsis, supervivencia, situaciones absurdas. Violencia del narco, violencia contra las mujeres, violencia del Estado. "La figura del zombi se presta a la violencia y parece que nuestro país también; así que sería un desperdicio que estos autores no hablaran del contexto actual", apunta Rafael Villegas.

Raquel Castro complementa esa idea: "La literatura que usa el horror como una de sus herramientas no necesariamente evade la realidad sino que la muestra de otro modo. Permite que re-imaginemos lo que nos está pasando. Una buena historia de zombis habla, en realidad, de los seres humanos".


Angelito

Por Arturo Vallejo

Esta mujer había sido muy obstinada, desde siempre. No digas groserías, no te juntos con puros niños, compórtate como una señoritas, no te vayas por ese camino, le ordenaba su madre cuando era chica. Esta mujer fue creciendo, pero siguió igual. No salgas con tanto muchacho, no llegues tan tarde, date a respetar. No voltees a ver a nadie, déjame tocarte ahí, tócame aquí, le decían sus novios. Cásate conmigo. No trabajes. Quiero hijos. No quiero hijos. Quiero el divorcio.

Ella siempre hacía lo contrario de todo eso.

Así fue su vida hasta que un día se enfermó. El médico le decía: señora póngase esto debajo de la axila, dese vuelta, diga treinta y tres, tosa, no tosa, tómese esto, hágase estos análisis, siga este tratamiento. Ella no lo hizo y, como era natural, empeoró. En poco tiempo se encontró moribunda y delirante.

Se vio a sí misma tendida entre flores. Estaba hermosa, con un vestido con encajes, el cabello cepillado y decorado con conchitas. Se encontraba rodeada de gente cercana. Todos estaban contentos y bebían y cantaban y bailaban. Un gran auto negro llegó para llevársela y el paseo transcurrió lento y tranquilo, Más que un funeral parecía su fiesta de quince años. Finalmente la pusieron en un hoyo y le echaron tierra encima.

Descansa en paz, le ordenaron.

Uno de los brazos de esta mujer salió de pronto de la tierra, su madre lo volvió a empujar hacia dentro y lo tapó de nuevo. No sirvió de nada porque el brazo volvió a salir. Entonces la madre fue por una pala y corrió para golpearlo con ella y obligarlo a regresar. Pero esta mujer fue más rápida, pues salió de su tumba como un zombi.

Y los invitados le pedían no me rasguñes, no me muerdas, no me comas.


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