Fernando Hidalgo, el niño que vivió en el Degollado

Era la casa de su abuelo Aurelio Hidalgo González, escritor, dramaturgo, normalista y administrador del recinto durante 50 años, quien inspiró un museo de sitio. Su acta constata que nació en la ...
El recinto cumple este 2016, 50 años de actividad
El recinto cumple este 2016, 50 años de actividad (Milenio Digital)

Guadalajara

A 150 años de su apertura oficial, pocos podrían imaginar que por cerca de medio siglo una familia vivió en el Teatro Degollado. MILENIO platicó con uno de sus integrantes: Fernando Hidalgo, quien creció y jugó en los pasillos de este recinto.


 “Mi padre era maestro rural, entonces le dieron una plaza en Guadalajara y mi familia se vino a vivir aquí, mi padre le pidió a mi abuelo, quien en ese entonces era administrador del Teatro Degollado, que si podían vivir ahí con él mientras encontraban casa y mi abuelo le dijo que sí”, rememora quien puede constatar  con su acta de nacimiento que nació en Los altos Teatro Degollado, calle Belén.


 Fernando, comparte que “cuando yo tenía unos dos años o tres, ya tenían casa mis padres, pero yo me venía con mi hermano mayor al teatro para hacerle compañía a mi abuelo y a mi tía. Y se puede decir que el teatro no era mi casa pero dormía aquí y vivía aquí de lunes a lunes sin excepción, hasta como los 7 u 8 años que se puso enfermo mi abuelo”.


En el piso posterior al vestíbulo del teatro había un galerón con tres puertas, el cual estaba dividido con roperos para formar tres habitaciones que eran donde dormían. “Enfrente de las habitaciones había una cocinita y un bañito que no era más que la taza, había un aguamanil que se usaba antes para rasurarse y lavarse la cara, y en una tina se cogía agua para bañarse de jicarita, digamos”, dice Fernando Hidalgo y agrega que  “en el mismo círculo, su abuelo tenía un escritorio donde le gustaba escribir, pero del otro lado de la habitación, estaba la biblioteca, con muchos libros y un escritorio más grande.

En el segundo piso había pinturas y exposiciones. También recuerda que abajo del escenario había una alberca donde se bañaban los artistas. “Venían mis primos de México y como la reunión era para adultos, pues toda la muchachada se iba al patio, la plaza liberación era nuestro patio, jugábamos mientras ellos conversaban. También nos llevaban al cine y a cenar a las Tortas Degollado, que fueron las primeras tortas que yo conocí estilo El Santuario”. 


 LOS DÍAS EN EL TEATRO
 “Siempre estábamos en el teatro, función tras función, concierto tras concierto, ópera tras ópera, por eso me gusta mucho la música clásica, porque nací con ella. Fernando cuenta que su abuelo siempre le inculcó el amor por el arte y su mamá por la música, “Me gusta el saxofón, la guitarra, pero la música de piano es la que más me encanta. Tchaikovsky, Vivaldi también me vuelve loco, Beethoven, Mozart, tengo música de todos los compositores, pero para mí no hay mejor pieza que El concierto para piano No. 1 de Chopin, mi madre tocaba el piano... y su ídolo era Chopin”.


 Además de los conciertos y funciones de danza, Fernando Hidalgo recuerda una función de los faquires Blakaman y Blakaman Jr., “a mí me parecía impresionante, pasaban entre el público con la lumbre en todo el cuerpo, se ponían vidrio, luego se ponían cantera y con un mazo se daban hasta que quebraban la cantera, también se atravesaban una aguja en el cuello y jalaban un carrito con cuatro personas”, dice entre risas.


 El Teatro Degollado también funcionó como cabina de radio. Fernando dice que estuvo a cargo de El gordo López Beltrán. 


“Mi abuelo Aurelio no fue el organizador, pero estuvo en la primera radiodifusora que hubo aquí en Guadalajara y transmitían desde el teatro. 


Él en la tarde noche, contaba un cuento de 7 a 8 y me llevaba, me decía –te vas a estar calladito y quietecito; y lo que me llamaba la atención es que él hablaba de que –ahí viene un jinete, y con una cajita de jabón , de esas de plástico, hacía pacpac, a mí me gustaba acompañarlo y no me enfadaba porque yo escuchaba el cuento, al otro día seguía con el cuento o empezaba uno nuevo”.


EL MUSEO DEL DEGOLLADO QUE DESAPARECIÓ

Cuando Aurelio Hidalgo murió, el Teatro Degollado albergó por alrededor de 10 años un museo que amistades formaron en su honor. El pequeño recinto  tenía como acervo  programas de mano de algunos conciertos memorables, fotografías, libros que Aurelio Hidalgo escribió y un  libro con las firmas de los artistas que se presentaron durante decenios.

“Yo creo que el museo sobrevivió a mi abuelo unos diez o doce años más. Mi abuelo donó algunos objetos al Museo de la Ciudad: como una bala  de la segunda guerra mundial sin explotar y una espada original del mismo tiempo. ¿Cómo llegaron a sus manos?.. quién sabe,  pero él las donó al museo antes de morir”, rememora Fernando y añade que “al comenzar con las últimas remodelaciones del teatro, las autoridades de gobierno en turno se llevaron los objetos del Museo Aurelio Hidalgo al Instituto Cabañas (ICC) para su resguardo... el museo jamás fue reinstalado. “Tú sabes, se pasan la bolita, está aquí, está allá, cuando termine se volverá a regresar el museo y nunca pasó nada, se terminó la remodelación y lo más que nos dieron fue un libro, pero ya no se supo dónde quedó el resto del acervo, que no solo tenía un valor histórico sino también sentimental, para mí”.


 ALGUNAS ANÉCDOTAS
 “Estaba en el segundo piso del vestíbulo; yo me asomé y me iba a venir al vacío, y como estaba gordito me atoré y no me pudieron sacar, tuvieron que seguetear el barandal para poderme sacar”.


 “Otras de las anécdotas, es que estábamos hasta mero arriba y en el lobby había una cena de gala previa a una función de ópera y yo que tenía dos años, que se me ocurre orinarme desde arriba, entonces subió mi abuelo, enojadísimo  –eres un cretino, mira en qué papel me pusiste-  me dijo y mi madre avergonzada me reprendió”,  recuerda Fernando quien dice que entre el acervo perdido del museo había una foto  en la que el entonces niño Fernando está en brazos de la mamá de Placido Domingo”.

¿Quién fue Aurelio Hidalgo González?
Aurelio Hidalgo González fue escritor, dramaturgo, catedrático de la Normal de Guadalajara, y por cerca de 50 años, administrador del Teatro Degollado.
De acuerdo con Fernando su abuelo “era una persona seria, pero muy platicadora. Frecuentaba a José Guadalupe Zuno y otras personalidades de su época. Como él era escritor, buscaba anécdotas, vivencias, aparte de platicar de todo lo que leía y estudiaba. Era alegre, pero muy serio, le gustaba el teatro. En El Tenorio representaba el papel de El comendador.  


“Yo recuerdo que mi abuelo tenía un diploma como de 60 centímetros de largo como por 90 de ancho, que decía que pertenecía él a la Real Academia de la Lengua Española, como escritor hizo literatura y también redactó algunos libros sobre gramática”.


Fernando dice que uno de los libros escritos por su abuelo que recuerda es el que se titula La Gran Bóveda del Teatro Degollado. Un volumen en el que explica quiénes son los personajes que están en la bóveda. Una descripción erudita que le llevó muchos años, él estuvo de 1920 a 1961. 


Cuando Aurelio se murió, su hija Carmen Hidalgo decidió dejar de vivir en el Teatro Degollado y se cambió de casa. “Una de las grandes satisfacciones para nosotros es que cuando murió pudimos estar presentes varios de sus familiares y despedirlo de manera tranquila, tal y como lo merecía”.