La última obra es la más entrañable: Federico Ibarra

“Mi primera estancia en París fue definitiva: me abrió toda una serie de nuevas posibilidades dentro del mundo de la música”, afirma.
“Las piezas piden un determinado ropaje instrumental”, asegura.
“Las piezas piden un determinado ropaje instrumental”, asegura. (Javier García)

México

El repertorio clásico romántico era parte fundamental del universo sonoro de Federico Ibarra (Ciudad de México, 1946) en la Escuela Nacional de Música de la UNAM. La música contemporánea era algo ajeno en esos días, dice el compositor.

Las cosas cambiaron cuando a la escuela llegaron maestros como Gerhart Münch, Manuel Enríquez y Rodolfo Halffter, recuerda el compositor: "Tenían otra concepción de la música y empezaron a dar un panorama diferente. Eso fue muy benéfico para todo mundo, especialmente para mí, porque eran otras ideas y conocimientos".

Becado por Radio UNAM y la Organización de la Radio Televisión Francesa (ORTF), Ibarra viajó a París a estudiar. Dice: "Mi primera estancia en París fue definitiva: me abrió nuevas posibilidades dentro de la música. Yo iba al Laboratorio de la ORTF a estudiar música concreta, pero no la desarrollé después, aunque sí pude conocer una gran cantidad de cosas, movimientos e ideas que se generaban en Francia. Me aproveché de ellas para realizar mis propias composiciones".

Autor de música orquestal y de cámara, de obras de ballet
y teatro, así como varias óperas, Ibarra ha ganado premios como el Silvestre Revueltas, Lan Adomián, Universidad Nacional y Nacional de Ciencias y Artes. El próximo martes recibirá la Medalla Bellas Artes en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Muchas de sus óperas se basan en obras literarias.

Como una gente inquieta que siempre he sido, la serie de libros que llegaron a mis manos me provocaron siempre un deseo de conocer más y estar más en contacto con toda la literatura. Esto me condujo a la poesía, donde pude encontrar maravillas, sobre todo en lengua española.

¿Las obras van eligiendo sus instrumentos?

Van pidiendo un determinado ropaje instrumental. Por ejemplo, si estoy pensando una obra para orquesta, esta se va a utilizar en general, pero qué parte le voy a confiar a los metales, a las maderas o a las cuerdas. Depende del material con el que estoy trabajando. Cuando es una obra para instrumento solo o para música de cámara, me tengo que sujetar a la plantilla de instrumentos, que es otra forma de trabajar: no hacer lo que uno se imagine, sino lo que le están pidiendo a uno.

¿Sus obras más entrañables?

En general, podría decir que la última obra es la más entrañable porque es la que todavía no se ha escuchado, la que quizá no acabe de terminar y en la que estoy poniendo a prueba todo lo que quiero hacer en la música.

¿Cuál ha sido su relación con el INBA?

Tiene muchos años, desde que empecé a estudiar música. En el INBA se han presentado mis obras, pero también he podido estar como público y ver exposiciones y espectáculos de danza y ópera que no eran míos (ríe). Fuera de los estudios que he realizado, ha sido el centro más importante donde se ha concentrado toda una vida de estar escuchando, admirando, y a veces criticando, las cosas que se producen en el INBA. Es para mí un honor recibir la Medalla Bellas Artes, ya que este instituto está reconociendo de alguna manera mi trabajo de todos estos años.