Fantasmagoría del 68

El paciente interno es una película producida en México en el 2012 bajo la dirección y guión de Alejandro Solar Luna.

Ciudad de México

Un país sin cine es como una casa sin fotos; un país sin pasado ni historia. También hay gente que rompe fotos, las quema o las recorta para olvidar. En el vacío queda una suerte de fantasma.

En la historia de México, el movimiento del 68 es uno de estos fantasmas “recortados” por la censura. A las películas las enlataban, pero el arte es necio como una pulsión. Con todo y la censura, el 68 es también un tópico, uno de esos temas artísticos recurrentes en los que es posible ver cómo hemos cambiado. A Rojo amanecer de Jorge Fons, El grito de Leobardo López Aretche y Tlatelolco de Carlos Bolado, se unió el año pasado un documental más pequeño en sus intenciones. El paciente interno es una película que cuenta la historia de este hombre que quiso matar a Díaz Ordaz y terminó en un hospital psiquiátrico El paciente interno es un retrato sin aspiraciones épicas. Justamente en la simplicidad de su protagonista se exhibe la importancia de la memoria.

Tengo la impresión de que no es casual que el título de El paciente interno sea el mismo del cuento de Conan Doyle. Hay mucho aquí de detectivesco.

En 1970, Carlos Castañeda de la Fuente, un joven católico y de apariencia inocentona, compró una pistola. Utilizó para ello todos sus ahorros. La guardó. Un 5 de febrero de 1970, Carlos Castañeda (el nombre tampoco pareciera casual), salió en busca de Díaz Ordaz para matarlo. Por supuesto, falló.

El sábado 17 de abril de 2004, Alejandro Solar Luna (otro nombre interesante), abrió el periódico La Jornada. En la contraportada, el periodista Gustavo Castillo García había escrito un artículo que aún puede leerse en Internet: “Fallido agresor de Díaz Ordaz pasó 23 años en un siquiátrico: Carlos Castañeda de la Fuente sufrió tortura; ahora pide limosna en la calle.”

El artista, en tanto investigador de la condición humana, es un Sherlock Holmes. Con pistas propias y ajenas va buscando las cicatrices psicológicas de sus personajes para hacerlos creíbles. Todo hecho es una interpretación y el arte de Solar Luna, en la creación de este magnífico documental, consiste en haber tomado como protagonista a un hombrecillo que parece salido de novela de Dostoievski y hacernos vivir con él la magnitud de la tragedia de un México que habiéndose creído moderno, se encontró a sí mismo en el espejo de la brutalidad.

El asunto psiquiátrico adquiere en el documental El paciente interno una relevancia casi mágica; la obra de Solar Luna está poblada de “fantasmagorías”, esas imágenes que brillan por un momento en el arte como si fuesen la conjugación de algo mucho mayor que está queriendo manifestarse. Aquí algunas posibilidades: se está queriendo manifestar la impotencia política, se está queriendo manifestar una denuncia a la ciencia (la psiquiatría) al servicio del poder y la represión, se está queriendo manifestar la historia pequeña de un hombre que parece poco importante y que sin embargo vaga todavía vuelto eso: una fantasmagoría, un ser de apariencia ilusoria en quien vemos a México, un país que vive limosnero, incapaz de contar su historia, incapaz de contar a sus muertos.