Familia De la Rosa busca preservar sus costumbres

Durante cuatro generaciones han estado visitando el Santuario guadalupano.
Recientemente viajaron al Vaticano para demostrar su fe.
Recientemente viajaron al Vaticano para demostrar su fe. (Roberto Alanís)

Monterrey

En la familia De la Rosa hoy la cuarta generación está dedicada a preservar la tradición de las danzas y trajes de matachines en Nuevo León.

Por la mañana un grupo de jóvenes se alista para ofrecer una danza en una empresa de Guadalupe. Se colocan sus huaraches con suela de lámina, se fajan la nagüilla y colocan bien la posición del sombrero.

Los jóvenes forman parte del grupo Danza Chichimeca Guadalupana y parten del taller de Raymundo de la Rosa Guerrero, ubicado en la colonia Parques de Guadalupe de dicho municipio.

Raymundo es la tercera generación de una familia dedicada a preservar y difundir la danza de matachines, la cual trajo su abuelo José de la Rosa Medina desde Concepción del Oro, Zacatecas, a la colonia Larralde de Monterrey, en 1938.

Actualmente el taller fabrica toda clase de vestuarios folclóricos, aunque la especialidad es el traje de matachín. Aquí se trata de respetar “lo más posible” los elementos tradicionales del vestuario.

“Hoy se ha desvirtuado mucho esto”, comenta Raymundo, quien junto a los miembros de Danza Chichimeca viajó al Vaticano hace algunos meses para demostrar su fe mediante el baile.

Un elemento que caracterizaba al grupo de danza de la familia De la Rosa –que es reconocido como el más longevo- era el uso del violín en las peregrinaciones. Hoy este elemento es muy difícil de escuchar en la ciudad.

LA VESTIMENTA

Su abuelo, José de la Rosa, y posteriormente su padre, José Jacinto de la Rosa, alias Pepino, siempre procuraron respetar los elementos tradicionales al elaborar sus trajes.

Allá por la década de los 40 del siglo pasado los danzantes lo hacían “con sombrero” con los años se fue agregando las plumas para el tocado, las cuales “conseguía mi padre directamente de los tiros, donde se utilizaban las aves para esta práctica y al caer muertas de ahí las sacaban”.

Básicamente la vestimenta se compone del penacho, su camisola, el pantalón, las calcetas y huaraches de “tres agujeros, estilo zacatecano”. Además se complementa con su sonaja y arco, además del chaleco y la nagüilla o taparrabos.

Los diseños del bordado y las lentejuelas corresponden al gusto del solicitante, aunque principalmente abundan los elementos en cruz o representaciones de la Virgen María. Al chaleco o al penacho se le pueden incluir espejos.

LAS MODIFICACIONES

Con sólo acudir al Santuario de la Basílica de Guadalupe uno podrá advertir toda clase de adecuaciones al traje de matachines.

Hay quienes portan sombreros de vestir, gorras con adecuaciones de lentejuelas incluso grupos que portan la playera de su equipo favorito de fútbol.

Más allá de la libre interpretación a los trajes, Raymundo de la Rosa critica que hoy los grupos bailen por moda o por “trabajos” y no por vocación real.