Fallamos al hablarle del mal a la gente: De Mauleón

“En la actualidad, con el prurito de lo noticioso, de lo emotivo, de lo escandaloso, la mayoría de los medios ya no colabora a formar al público”, expresa Sergio González Rodríguez.
González Rodríguez, autor de 'Huesos en el desierto', durante la inauguración del coloquio.
González Rodríguez, autor de 'Huesos en el desierto', durante la inauguración del coloquio. (Especial)

Mérida

Al ofrecer la conferencia inaugural del Encuentro Nacional de Periodismo Cultural, que se realiza en el contexto de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán 2016, Sergio González Rodríguez aseguró que el sector merece una revaloración, sobre todo ante la crisis que ha vivido en los últimos años por diversas razones, tanto por los cambios de generación como por los tecnológicos.

"Vemos que en la actualidad, con el prurito de lo noticioso, de lo emotivo, de lo escandaloso, la mayoría de los medios ya no colabora a formar al público, solo se le bombardea con chantaje sentimental y se piensa que se cumple con la labor informativa", afirmó.

González Rodríguez resaltó que ante la escasez de nuevos públicos, del ocaso de géneros periodísticos por la reducción de los espacios, la cultura sí está en los medios, pero no como debería de estar, ya que el periodismo cultural es una vía de salida "de lo positivo, del pasado, de la defensa de la vida, del diálogo, de la convivencia, de la tolerancia. Eso es la cultura y por eso es importante el periodismo cultural y por eso es importante defenderlo".

En su turno, Héctor de Mauleón, un convencido de que la espiral de violencia tomó mal parado al periodismo en general, comentó: "El periodismo cultural no corre a dar las noticias: puede detenerse a reflexionar y a ofrecer respuestas. Su compromiso está con los lectores, tiene que explicarles lo que les está pasando en la vida real.

"No sabíamos cómo abordarlo, no había protocolos. Y si eso pasaba entre los periodistas de las secciones duras, imaginemos cómo estaban los periodistas culturales. Aunque es cierto que los intelectuales deben hablar del país, tenemos que abrir un espacio para debatir desde esa trinchera; se debe narrar el mal y entender qué nos pasó, dónde teníamos guardado eso que nos hace tomar un cuerpo y hacerlo pedazos".

De Mauleón, González Rodríguez Juan Villoro y Julio Patán, entre otros, hablaron de la necesidad de recuperar los valores del trabajo periodístico para contar las historias de violencia e inseguridad que se viven en el país.

Empatía

"El periodismo no está siendo amenazado por monstruos, sino por quienes tienen un lugar dentro de nuestra sociedad", señaló Villoro durante su intervención en el encuentro, que lleva por tema "El papel de la cultura en la transformación social".

El origen de la reflexión de Juan Villoro está en unas palabras de Élmer Mendoza: "Los periodistas no deben cuidarse de los malos, sino de los buenos".

"Los buenos a los que se refiere Élmer son buenos en la medida en que se trata de ciudadanos aparentemente honorables, gente con buena reputación, pero que está sirviendo de fachada al crimen organizado", dijo Villoro, quien también destacó, sobre la manera en que se está contando la violencia, el hecho de que desde la DEA, la agencia estadunidense de lucha contra las drogas, se organizó una especie de "embargo narrativo de lo que sucede con las drogas".

"Dentro de Estados Unidos no sabemos nada, es una zona de silencio; toda la narrativa está en México y América Latina. Nos responsabiliza de un problema mundial, y parecería que somos solo los mexicanos, los colombianos o los de Afganistán quienes mueven el tráfico de drogas".

Una realidad que se está compartiendo con otra perspectiva, según Villoro, con una mirada en la que el periodista se coloca desde la trinchera de la víctima, recupera el sentido de la realidad, en especial con la crónica, a través del cual se puede sentir empatía con los sucesos.

En una primera jornada en la que también participaron Nelly Sánchez, Carolina López Hidalgo, José Miguel Rosado y Luis Carlos Sánchez, De Mauleón recordó que si bien el periodismo cultural se convirtió en una "una habitación bien decorada, donde resultaba agradable estar después de atravesar el infierno del mundo", al mismo tiempo tenía la tarea de reflexionar las noticias, narrar y explicar el mal, y "creo que en eso hemos fallado todos los periodistas culturales".

"Podemos acercar luz desde distintas maneras: hubo una epidemia de violencia, pero no lo supimos hasta que la academia nos dijo: 'Esto no es una ola de violencia, es una epidemia que se mueve como cualquier otra enfermedad, y esta sociedad se contagió".

Para Julio Patán, colaborador de MILENIO, el periodismo cultural puede ofrecer un pulso narrativo, una amplitud de miras acerca de la realidad, en especial cuando lo que se vive puede empezar a transformarse a partir de lo que se suele compartir desde las secciones culturales.

"Hay experiencias documentadamente buenas en términos de la incidencia que puede tener las políticas culturales en países como Colombia, pero la idea de crear un centro cultural en un barrio marginal y de alta peligrosidad, y que las cosas mejoran espontáneamente, es un poco ingenua e incluso me parece peligrosa, porque significa atribuirle a la cultura algo de capacidades mágicas", destacó Patán.