FITU

La vida profesional demostrará a estos estudiantes que el teatro no es una carrera de 100 metros sino un maratón.
El FITU ha reunido a más de mil participantes.
El FITU ha reunido a más de mil participantes. (Especial)

México

El Festival Internacional de Teatro Universitario (FITU) que lleva adelante la UNAM desde hace un par de décadas, se ha transformado en una fiesta enorme y de trascendentes consecuencias. Tenía muchos años de no acercarme a este evento y el reencuentro terminó en encontronazo sorprendente. El FITU hoy ha reunido a más de mil participantes que, desde talleres a nivel bachillerato hasta grupos de egresados de las escuelas profesionales (no más de tres años), demuestran el brío y poder transformador que el teatro tiene en las almas jóvenes que suben a las tablas. Una nostalgia y envidia de la pésima (que es la única que existe) me llevó a recordar esos años en que uno se funde con el teatro, que se vuelve pasión irrenunciable. Desde la ingenuidad y el entusiasmo se cometen muchos pecados, pero se encuentran también momentos de genialidad no sistematizada. Es la edad de las revelaciones que dejan una huella mnémica. Ya luego la vida profesional demostrará a estos estudiantes que el teatro no es una carrera de 100 metros sino un maratón; es decir, el recorrido es una prueba de resistencia demandante y llena de tropiezos.

Además de obras hechas por estudiantes de bachillerato, el FITU reúne a los de las carreras universitarias de teatro en las categorías de alumnos dirigidos por ellos mismos y la de los dirigidos por maestros. La que cierra es la de aquellos egresados que han soltado los procesos académicos y arrancan en la vida profesional. Hay que destacar la presencia de representantes de Estados Unidos, Chile, España, Perú, Argentina y Alemania en esta edición. Invitado a ser jurado en la categoría de alumnos dirigidos por maestros, puedo decir que resulta interesante la lectura que se puede hacer de las escuelas y de las herramientas de las que dotan a sus estudiantes, al tiempo de medir el riesgo al que son sometidos en lo corporal, lo vocal, lo musical y lo interpretativo.

Las cuatro obras finalistas representaban al Centro Universitario de Teatro de la UNAM (que fue la ganadora), la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA y las licenciaturas de la UAEM y la UAEH. Teatro UNAM, que encabeza Enrique Singer, brindó a los participantes las mejores condiciones, absolutamente profesionales amén de afectuosas, para que los chavos presentaran sus trabajos. Increíble organización.

Temas aparte: contra la rumorología, el asunto de que no se cubrirían los pagos de artistas en el 2015 en el Helénico se ha conjurado por la intervención de Rafael Tovar y de Teresa, y el problema del teatro Jiménez Rueda sí está en vías de solución. Dos buenas noticias a pesar de la mala situación.