Exploran las posibilidades sonoras de la poesía

Un grupo de literatos recupera los antiguos usos líricos de la voz y el cuerpo humanos para combinarlos con otras artes y nuevas tecnologías.
Luis Miguel Morales C.
Luis Miguel Morales C.

México

Las nuevas tecnologías han permitido establecer ciertos diálogos con manifestaciones artísticas que se creían inamovibles, aun cuando esa búsqueda no siempre sea reciente, sino más bien resultado de recuperaciones en las que conviven la tradición con la vanguardia. En ese sentido, una de las apuestas más recientes es la poesía sonora, sobre todo desde América Latina, con la intención de que los "lectores" se acerquen a las múltiples posibilidades que tiene la poesía.

"La poesía no solo es el texto impreso o el que podemos leer en una pantalla: la poesía tiene muchas vertientes, y cada vez más se ha echado mano de las nuevas tecnologías para encontrar nuevas formas y plataformas para encontrarse con su lector, que se vuelva también espectador y que en este caso se vuelve también escucha", explica la poeta Rocío Cerón.

Nombres como los de Amaranta Caballero, Rojo Córdova, Martín Gubbins y Óscar Saavedra, Ana Franco, Maricela Guerrero, Tito Rivas, Roberto Cruz Arzabal, Amanda de la Garza y Jorge Méndez Blake forman parte de un colectivo que ha buscado aprovechar las diferentes perspectivas que ofrece la sonoridad de la poesía.

"Queremos que la gente pueda entender que justo no hay nada nuevo bajo el sol, que toda la tecnología que tenemos a mano funciona como en su momento lo hizo la imprenta, para poder hacer nuevas cosas, aunque en el fondo somos animales del lenguaje y la poesía siempre ha sido voz, siempre ha sido cuerpo, sonido, oralidad."

Un ejemplo de lo que persigue la poesía sonora es el caso de Amaranta Caballero, quien trabaja un poema que tiene como tema a los pájaros, pero con un paisaje sonoro sobre aves y con una mezzosoprano haciendo como una suerte de reinterpretación del poema original, en donde también se da una participación de compositores.

Son formas poéticas que tienen sus antecedentes en las vanguardias europeas de principios de siglo XX, una larga tradición de poesía sonora que empezó con Luxus, con los dadaístas, con los surrealistas, e. incluso, más atrás, "en los siglos XII y XIII con los trovadores", explica Rocío Caballero.

"Necesitamos tomarle el pulso a lo que sucede hoy en día, sin olvidar que la poesía es ritmo, es voz, es sonoridad, lo cual viene desde los coros griegos y desde que el hombre comenzó a enunciar palabras, sílabas, pero resulta indispensable abrir la discusión para tomarle el pulso a lo que está sucediendo y hacia dónde van estas piezas después de la palabra impresa."

Un pasado, un presente

Hace ya un par de años se viene hablando del arte sonoro. La poesía sonora vincula dos ejercicios que, a veces, están un poco disociados, pero que tienen puntos en común: la música y la poesía.

"La poesía", cuenta Rocío Cerón, "ya tiene por sí misma su propia musicalidad dentro del lenguaje de los versos, pero trabajarla con la música y mediante nuevos acercamientos, con compositores contemporáneos, abre otro espacio para entender qué está pasando, cómo estamos escuchando, cómo el lenguaje defragmentado y resemantizado de nuevo encuentra nuevos cauces a través de la poesía sonora."

Desde su perspectiva, lo que escuchamos, lo que entra por nuestros oídos, tiene una resonancia mucho más profunda que todo el golpeteo visual al que estamos expuestos todos los días, de ahí la importancia de recuperar la sonoridad del poema desde diferentes trincheras.

"Lo que se está dando es mucha experimentación, mucha exploración y un nuevo espacio para los poetas que solo escriben y empiecen a cuestionarse qué pueden hacer en el campo del paisaje sonoro y arriesgarse a hacerlo."

Cada época tiene su música y su forma de decir las cosas, de ahí la necesidad de darle a los lectores y a los escuchas una posibilidad de saber cómo se empieza a nombrar a los poetas contemporáneos y "cómo cantamos esa poesía en el mundo", a decir de Rocío Cerón.

Enclave

Como parte de la reflexión y la búsqueda de nuevos caminos para la poesía, en 2011 surgió el proyecto Enclave, concebido como un pequeño festival apoyado por la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, en el cual se apuesta por vincular y encontrar las nuevas formas del diálogo de lo poético, de la poesía, con otras manifestaciones artísticas.

Curado por Amanda de la Garza y Rocío Cerón, el festival Enclave se realizó a finales de febrero en la FIL de Minería. El encuentro buscó establecer la conexión íntima entre palabra y sonido, entre ritmo y lenguaje, bajo el convencimiento de que la "poesía nace de la propia sonoridad del cuerpo, del influjo de la voz y del rumor primero de la naturaleza y después de las ciudades".

"En Enclave pretendemos encontrar y buscar, a través de tres mesas de reflexión, la idea de la sonoridad dentro de la poesía, señalar al cuerpo y a la voz como instrumentos de resonancia para los versos, para lo que también se llevarán lecturas, por las noches, con lo que artistas visuales y otros creadores sonoros han trabajado con poesía", explicó Rocío Cerón.