Expertos piden sustentar terapias con pruebas genéticas

“No se puede seguir dando quimioterapia a un paciente cuando de nada le va a servir y en mucho le puede perjudicar”, señala el oncólogo Christian Rolfo.
Rosario García, oncóloga española, y Christian Rolfo, directivo del Hospital Universitario de Antwerp.
Rosario García, oncóloga española, y Christian Rolfo, directivo del Hospital Universitario de Antwerp. (Blanca Valadez)

Chicago

El tratamiento oncológico debe sustentarse en pruebas genéticas y los gobiernos del mundo tienen que modificar sus leyes para evitar tratamientos que no funcionan porque se ignora el comportamiento de un tumor, coincidieron expertos en la reunión anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO, por su sigla en inglés).

“No es ético tratar a un paciente sin saber al menos el perfil molecular mínimo que puede tener un cáncer”, señaló Christian Rolfo, director clínico del Hospital Universitario de Antwerp, en Bélgica.

En los paneles de discusión de ASCO 2015 unos hablaron de la urgencia de aplicar pruebas genéticas para decidir el tratamiento; otros, de la importancia de no dar falsas esperanzas cuando no hay soluciones terapéuticas para todas las mutaciones y, sobre todo, impedir que algunas empresas lucren con esa necesidad.

Tratamientos innecesarios

“Ya no se puede seguir dando quimioterapia a un paciente cuando de nada le va a servir y en mucho le puede perjudicar”, señaló Rolfo.

En cáncer de pulmón, afirmó, es difícil tener acceso a los tejidos para realizar biopsias, y los obtenidos no permiten tener suficiente información para analizar el tipo de carcinoma.

“¿Cómo iniciar un tratamiento si se ignora si hay una mutación EGFR o ALK en el pulmón? Sabemos que quienes padecen esas alteraciones pueden tener un tratamiento muy bueno sin necesidad de recurrir a la quimioterapia, por ello, ignorar su perfil significa cortarle las posibilidades de vida”, ejemplificó Rolfo.

Los especialistas rechazaron que en países en desarrollo resulte complicado implementar este tipo de técnicas.

Rosario García, oncóloga del Hospital Médico de La Coruña, España, comentó al respecto que no es complicado instaurar las pruebas genéticas, “solo basta el trabajo en equipo, capacitación y educación. No representa un gasto mayor, sobre todo si se considera que se invierte más por tratamientos tardíos, costosos y cuya eficacia no siempre es la deseable”.

Cada nación, aseguraron, tiene que establecer mecanismos y estrategias para efectuar las pruebas genéticas como algo prioritario dentro de las políticas públicas para combatir el cáncer.

“Deben hacer reformas, porque de lo contrario, muchos de sus esfuerzos fracasarán y lo que tendrán serán más enfermos, más muertes”, aseguró García.

Los países de América Latina, según un análisis presentado por Rolfo, tienen todas las posibilidades y capacidades para hacer ese tipo de pruebas, pero su problema reside en cuestiones de burocracia, falta de trabajo en equipo y la creación de una línea de acceso rápido a tratamientos.

“Este tipo de técnicas nos van ahorrar muchos procesos de demora y que limitan el acceso oportuno. Por lo regular se llega a la consulta, se pasa por varios médicos —el general, el de cabecera—, lo que ya implica demora, y cuando se llega con el oncólogo también hay demoras con la solicitud de todo tipo de estudios”, señaló Rolfo.

Mariana Fernández,  directora médica de Novartis en Argentina, opinó que actualmente “las pruebas moleculares deben hacerse, porque es la única forma real para combatir el cáncer y disminuir la mortalidad.

“Los pacientes deben saber que es un derecho que les realicen esas pruebas, sobre todo, cuando se trata de neoplasias complejas como los tumores pulmonares y existen drogas disponibles con las que pueden alargar o tener mejor calidad de vida”, comentó.

Falsas expectativas

Aunque las pruebas genéticas pueden ser de gran utilidad, Wendy Kohlmann, directora del consejo genético en el Instituto de Cáncer Huntsman en la Universidad de Utah, aclaró que es preciso establecer reglas claras para evitar dilemas clínicos que abarquen desde cómo comunicar los resultados al paciente hasta cuestiones de confidencialidad.

“No se debe generar falsas expectativas”, abundó, dado que conocer las mutaciones no significa que se cuente con todas las respuestas terapéuticas a las variantes no clasificadas de los genes alterados y que las drogas existentes tampoco garantizarán en todos los casos la posibilidad de detener el desarrollo o garantizar alargamiento de vida.

Kohlmann aclaró que ahora se sabe que las pruebas genéticas que detectan mutaciones de genes BRCA1 y BRCA2 son esenciales, pero no contundentes en los tratamientos profilácticos.

Se han dado casos de mujeres que presentan además otras mutaciones, como CDH1, y aunque se haga una cirugía profiláctica de mama y de ovarios puede desarrollar cáncer gástrico.

Por ello, resaltó Kohlmann, es esencial que a la par de implementar este tipo de nueva tecnología se conformen consejos genéticos que resuelvan cuestiones inesperadas y esclarezcan cuestiones esenciales, ya que detectar mutaciones no implica soluciones únicas.