Evocan a Federico Campbell en Bellas artes

Fue recordado a un año de su fallecimiento en un acto literario y amistoso en la Sala Manuel M. Ponce, en el que Margo Glantz, Ranulfo Romo y Juan Villoro reflexionaron acerca de su obra.
Ranulfo Romo, Margo Glantz y Juan Villoro durante el homenaje.
Ranulfo Romo, Margo Glantz y Juan Villoro durante el homenaje. (Héctor Téllez)

México

El padre de Federico Campbell fue telegrafista y en el fondo ese fue el sueño que habitó al escritor a lo largo de su vida. Lo confesó en sus escritos, tanto los periodísticos como en los literarios, y se reconoció en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, donde ayer fue recordado a un año de su fallecimiento, precisamente un 15 de febrero.

Un acto literario y de amistad, en el cual Margo Glantz, Ranulfo Romo y Juan Villoro se dieron a la tarea de reflexionar acerca de diversos procesos literarios y periodísticos que definieron la obra de quien fuera colaborador de MILENIO, pero que al final formaban parte de su propia vida, de su autobiografía: “uno no planea la vida, uno va obrando, viviendo, según las circunstancias, según las necesidades”, confesaba el escritor evocado en un video que sirvió de bienvenida en el homenaje.

“Lo que Campbell desearía ser en el fondo, y así lo confiesa, es convertirse en un telegrafista, adoptar el oficio de su padre: un padre alcohólico que de manera reaparece en uno de sus últimos libros, Padre y memoria, en la figura de los padres de otros escritores cuyos progenitores fueron alcohólicos”, decía Margo Glantz en el homenaje.

“He empezado a tener la sensación de que, a lo largo de mi vida, no he sido más que un telegrafista, es decir un intermediario”. Las palabras las volvió a recordar la escritora: una especie de transmisor de la palabra de los otros, lo que de alguna manera hizo cuando decidió crear una editorial como La máquina de escribir, “donde publicaría los libros de los otros, de los que comenzaban a escribir y aún no eran famosos y de quienes probablemente nunca lo serían”, en palabras de Margo Glantz.

En ese sello publicaron autores como David Huerta, Jorge Aguilar Mora, Evodio Escalante, Coral Bracho y el mismo Juan Villoro, donde el autor pagaba la mitad de la edición y Federico la otra parte, “un gesto absolutamente único en la historia de la literatura mexicana”, destacó Villoro.

Literatura y memoria

Con la presencia de Carmen Gaitán, viuda de Federico Campbell, además de su hijo, Federico Campbell Peña, y escritores como Ignacio Solares, David Huerta, José María Espinasa o Víctor Manuel Mendiola, el homenaje a Federico Campbell se convirtió en un ejercicio de amistad, al grado de que la Sala Manuel M. Ponce apenas si resultó suficiente para albergar a familiares y amigos que acudieron a recordar al escritor.

Una oportunidad aprovechada por Juan Villoro para recorrer diversos caminos y obsesiones en la vida del autor de Tijuanenses, como la composición de su geografía literaria, un territorio del que entraba y salía a partir de los híbridos que construía en su obra, “una de las más fecundas en la relación entre lo real y lo fantástico, el periodismo y la literatura”.

“Haber sido testigo de cómo Federico Campbell pasaba de un dato indagado con esta curiosidad del periodista, cómo iba conversando sobre él poniéndolo a prueba, cómo lo pasaba por ese tamiz de su muy especial sinceridad para ahondar en cómo ese tema le afectaba y le dolía, para luego escribir historias, ha sido una de las experiencias más formidables de mi vida.”

Pero más allá de eso, para Margo Glantz había en Federico una “conciencia torturada de ser inexistente, de ser vocero apenas de los otros, de ser intermediario de otras voces”.

“Eso puede oírse de nuevo como un eco dentro de éstas palabras de La clave Morse: ‘sentí hartazgo de las labores tan fugaces y transitorias del periodismo. Se me habían vuelto mecánicas y repetitivas, tenía la impresión de que otras personas hablaban a través de mí y de que yo no era alguien con voz propia’. Creo que justamente eso es lo más valioso de su obra.”

En el Palacio de Bellas Artes se recordaron no solo las pasiones literarias del quien fuera colaborador de MILENIO, sino en especial al ser humano que quiso hacer de la memoria una oportunidad para entender su presente.

La conciencia de un autor

En el volumen La era de la criminalidad, recientemente publicado por el Fondo de Cultura Económica, en el que se reúnen La invención del poder, Máscara negra, además del que le da título al libro, se concentra una de las preocupaciones primordiales de Federico Campbell: la corrupción, la impunidad y la criminalidad.

Desde la perspectiva de Juan Villoro, Federico Campbell empezó a escribir de estos temas cuando en México no se hablaba de la descomposición social que hoy día resulta evidente y lo hizo no sólo a través de los crímenes obvios que podían ocurrir en nuestra sociedad, “sino también los discursos políticos que los hacían posibles”.

“Este es uno de los grandes méritos de Campbell: haber entendido cómo el lenguaje puede ser cómplice del delito, cómo los discursos no solo sirven para desenmascarar, sino para distorsionar, encubrir y justificar.”

El mundo clásico italiano fue definitivo para él, a partir de la literatura de Sciascia, “pero también del tipo de vida que allí se estaba fraguando y que tantas semejanzas tiene con la vida mexicana”, a decir de Villoro.