Estructura redonda /y II

La estructura está urdida con tal verosimilitud que la vuelve potente, tiene la capacidad de dominarnos y de seducirnos sin chistar ni mistar; la película no ha perdido un ápice de su intensidad.
Una burla finísima.
Una burla finísima. (Especial)

México

En toda gran película la sencillez en los detalles impulsa el planteamiento —esto se debe específicamente a que el autor sabe lo que quiere contar— y le otorga potencia al hilo narrativo de la obra; en el caso de La otra —una joya de la cinematografía mexicana—, mientras Magdalena se cambia de ropa vemos que María coge el abrigo de piel de su hermana, se quita los lentes y se lo prueba frente al espejo, como si tuviera el deseo de tenerlo; de repente, en segundo plano, la puerta se abre y aparece uno de los criados que, al verla, la confunde con Magdalena y le dice que el té está servido.

El acontecimiento se convierte en un impulso dramático, es la acción que permite constatar a María que puede suplir a su hermana; es decir, empieza a fraguar el crimen, mientras que las notas musicales de Raúl Lavista son una premonición de la tragedia.

Es el auténtico pars pro toto que incita al personaje a matar, pues Magdalena va a heredar cinco millones de pesos, lo que en las secuencias siguientes se convierte en leitmotiv: anuncios de la lotería que invitan a jugar por la misma cantidad y los niños que ofrecen los billetes se hacen una pesadilla. Ahora la motivación de María es una necesidad.

En la noche de Navidad, María provoca el primer punto de inflexión, hace que Magdalena vaya a visitarla a su cuarto de azotea con el pretexto de que va a suicidarse, pero en realidad es para matarla y luego suplantarla. La estructura está urdida con tal verosimilitud que la vuelve potente, tiene la capacidad de dominarnos y de seducirnos sin chistar ni mistar; la película no ha perdido un ápice de su intensidad. Hablo de un guión trabajado por José Revueltas y Roberto Gavaldón.

El desarrollo y el acto tercero avanzan con impresionante claridad, porque la relación causa-efecto entra a la estructura como cuchillo en mantequilla; por eso quedamos tan impactados como María cuando descubrimos que Magdalena tenía un amante y le jugaron sucio al señor Montes de Oca. La ironía está latente a lo largo de la película, pero al final se convierte en una burla finísima que nos deja el sabor de un manjar suculento.

¿Por qué hablar hoy de una película como La otra, que se estrenó en 1946 con una estructura redonda y obtuvo importantes reconocimientos en Latinoamérica? Porque tengo la plena certidumbre de que es mejor estudiar y emular a los buenos cineastas de la Época de Oro del cine mexicano —tan vilipendiada—, que a la multitud de saltimbanquis cinematográficos extranjeros que solo producen chatarra vil.

 

“La otra” (México, 1946), dirigida por Roberto Gavaldón, con Dolores del Río y Víctor Junco.